jueves, 9 de junio de 2011

ARQUEOLOGÍA ROMA: DOMUS Y VILLAS


DOMUS y VILLAS EN ROMA

Hablaremos hoy de las construcciones más habituales: La vivienda romana tradicional o Domus, tiene tres formas con denominación propia, según la forma y el medio en el que esté ubicada. La casa de campo se conoce como "villa", la casa patricia y de gente acomodada es la "domus" y los bloques de apartamentos (como diríamos hoy) se conocen con el nombre tan expresivo de "ínsula".

La Domus.
Partes principales de una domus:

1.-Fauces: Entrada.
2.-Tabernae: Tienda.
3.-Atrium: Atrio, patio interior.
4.-Impluvium: Estanque agua de lluvia.
5.-Tablimen: Pasillo.
6.-Hortus: Jardín.
7.-Triclinium: Comedor.
8.-Alae: Habitaciones laterales.
9.-Cubículum: Aseo y habitaciones de dormir.
Tablinum: Despacho del Pater familias
Oecus, se usaba como triclinio para cenas de gala, pero no todas las domus lo poseían.



El acceso a la vivienda, que estaba elevada del nivel de la calle por uno o dos escalones, se hacía a través de la ianua, en donde estaba colocada una imagen del dios Jano; esta daba acceso a un corredor (vestibulum) enmarcado por unas columnas decoradas; los mosaicos del suelo suelen tener como motivo una leyenda de saludo (”salve”, “cave canem”); en esta pieza esperaban los clientes, para dar los buenos días al dueño de la casa. A continuación, las puertas de dos hojas (fores) se abrían hacia el interior y daban paso a un pequeño corredor entre ellas y el atrio (fauces). Las viviendas podían tener una puerta lateral para la servidumbre (posticum).

En general, la vida se articulaba en el atrio o patio, donde acudían todas las mañanas los clientes del patricio, para presentar sus respetos a su patrón, ofrecerle sus servicios o demandarle ayuda. Pasaban en orden de importancia al tablinum o despacho del patriarca, preseleccionados por algún esclavo secretario. Todos los magistrados del cursus honorum debían de tener sus puertas abiertas, en especial, los tribunos de la plebe y los candidatos a elecciones, en periodo electoral.


Para demostrar sus riquezas, el triclinium solía estar visible desde el patio. Era llamado así porque tradicionalmente, había 3 divanes para reclinarse al comer y que a su vez daban cabida a 3 personas cada uno. El anfitrión debía de poder hablar con todos sus invitados desde su sofá, por ello no era adecuado invitar a más de 8 hombres a la vez.
Tan importante era la costumbre de cenar tumbados, que las mujeres, relegadas a un segundo puesto, debían de comer en sillas, enfrente de sus esposos.

Escandaloso era el caso de ciertas mujeres más modernas, como Clodia, que cenaba reclinada. Otra curiosidad es la de Catón, que cuando vio la “muerte de la república”, no sólo se puso de luto sino que abandonó esta costumbre y hasta el día de su muerte, comió de pie.

En muchas domus había baños, pero no estaba mal visto que no los hubiera, ya que las visitas a las termas públicas para ricos, era un elemento más de relación social. Lo que sí había siempre era letrinas o aseos.

Las paredes se pintaban al fresco o eran recubiertas con exóticos tapices orientales. El suelo, con mosaicos o baldosines lacados. La decoración más habitual eran bustos y estatuas “a la griega” y los de familia consular, tenían las máscaras de los antepasados más prestigiosos.

Las casas estaban mucho más vacías que las nuestras. El mobiliario era escaso y funcional; se limitaba a los objetos más indispensables: arcas, armarios, camas (lectus) que servían a los romanos no sólo para dormir, sino también para comer recostados. Las mesas y asientos podían ser de diferente forma y material. Se servían de antorchas, velas y lámparas de aceite para la iluminación interior; para alumbrar la parte exterior de las viviendas se utilizaban antorchas con velas de sebo.


Los exteriores de las casas eran muy austeros, para promocionar hipócritamente dicha virtud romana. Pero las Domus Patricias en su interior albergaban lujos como:
·         Bronces corintios.
·         Esculturas de autores como Mirón, Polícleto, Fidias, Lisipo.
·         Orfebrería de Mentor.
·         Tapices de Babilonia y Corinto.


Muchos de estos lujos provenían de subastas de expolios tras la conquista de algún territorio enemigo, aunque otras eran encargadas y compradas en alguno de los mercados o tiendas de artesanos locales. Se llevaba mucho el realizar copias de las estatuas griegas.

En las casas más lujosas, como la de Ático, podía haber una biblioteca, orientada hacia el Este para aprovechar la luz y el calor del sol.

No olvidemos la capillita (lararium) en la que se guardaban las imágenes de cera de los antepasados (manes) y dioses lares, ante la que se hacían ofrendas y libaciones en cada comida y ardía siempre el fuego sagrado del hogar. Allí se realizaba la adoración de los llamados dii familiaris o dioses de la familia. Entre estos se encuentran:
·         Los lares loci (Agatho-daemones): Dioses del hogar, cuya función primordial era velar por el territorio en que se encontraba la casa familiar.
·         Los di manes: (di=dioses) Antepasados venerables a los que se adoraba como dioses. Festividad en febrero, la parentalia y feralia. La palabra también se utilizaba como una metáfora para referirse al averno. Muy usado en las lápidas de forma abreviada: D.M.
·         Los di Penates: Otro tipo de dioses del hogar y de las despensas (penus) de la casa. También llamados genii, espíritus protectores menores. Cada humano obtenía (sortitur) un genio en su nacimiento y por ello, se asimiló posteriormente al ángel de la guarda cristiano. En la foto, altar recreado.




Comodidades:
Hemos hablado de las conducciones de agua, comentaré ahora otros detalles. Había pocos muebles en las casas, incluso en las de los más ricos. La luz escaseaba y en cuanto a la calefacción:
En las casas de postín había calefacción fija: Como dijo Séneca: “Unos tubos incrustados en las paredes por los cuales se comunicaba el calor, de forma que lo calentaba todo por igual desde arriba abajo”.Pero lo más habitual eran los hornos portátiles: Eran grandes recipientes, en forma de cubos, donde se quemaba leña, que se suministraba por una abertura inferior. El humo escapaba entre los redondeles superiores. La primera quema solía hacerse en el atrio, o en el peristilo, y cuando ya había emitido casi todo el humo, se introducía en la habitación. Se empleaba sobre todo para calentar el triclinio. El fuego se animaba con fuelles muy semejantes a los conocidos por nosotros.

Los braseros, en cambio, eran utensilios de bronce o hierro, rectangulares o redondos. En ellos se echaban los carbones ya encendidos. Solían estar provistos de cuatro patas, imitando los animales. De ordinario la parte exterior del brasero estaba artísticamente trabajada.

Con este género de calefacción se enrarecía el ambiente con diversos humores, que se traducían en dolores de cabeza y atufamientos, por lo cual no debía de usarse más que muy bien encendido, y sólo cuando había absoluta necesidad.

Las insulae:
En su origen la ínsula era una vivienda completamente aislada y rodeada por todas partes de un jardín o una calle, es decir, lo que hoy llamamos una manzana o finca.


Surgieron por la superpoblación, la falta de espacio y las duras condiciones económicas de la vida en Roma. Tenían hasta cinco o seis pisos y, a diferencia de las domus, tenían abundantes balcones y ventanas al exterior, para aprovechar más el espacio interior. Las dependencias no tenían características especiales en cuanto a disposición y estructura y se utilizaban según las necesidades familiares.

Eran en general estrechas, poco confortables, carentes de agua corriente y retrete, con poca luz y hechas con materiales de mala calidad, por lo que los incendios y los hundimientos eran muy frecuentes. Las más grandes, como la de los Julio, tenían un patio interior de luces y una o varias escaleras, para uso común de los vecinos.

La ínsula solía alquilarse a personas pertenecientes a las clases populares. Pero entre los pobres y los ricos había una especie de clase media, que, teniendo como deshonra vivir en casa alquilada, se juntaban para comprar la ínsula y distribuirla luego en propiedades privadas. A esto se unía la especulación de quienes las realquilaban por pisos, por apartamentos (cenacula), por habitaciones e incluso partes de una habitación. Los realquilados no son un invento moderno, como vemos.
Los peores estaban en el barrio de la Subura, que poseían ciertos patricios con grandes fortunas (una finca decente, podía llegar a costar 4 millones de sestercios) y se alquilaban a los habitantes menos afortunados de la gran Roma.
Más adelante, dejaron de estar rodeados de calles y estaban tan cerca unas de otras, que los vecinos podían tocarse con las manos, si las sacaban por la ventana.

3.-Los tuguria:
Una palabra que ha pasado de forma casi invariable al castellano actual, pero que tuvo diferentes connotaciones según pasaban los años.

La vivienda primitiva en Italia debió ser una sencilla cabaña redonda, habitadas por labradores y pastores, llamadas casae y tuguria, término relacionado con el verbo tego”, cubrir.

La construcción del tugurio era de materiales ordinarios con techumbre de paja. Presentaban una abertura rectangular en el techo que dejaba salir el humo y entrar la luz y el agua. Éste es el principio de la abertura en el centro de la casa romana, llamada compluvium en su parte superior, impluvium en el pavimento y atrium en el conjunto. El atrio (de “ater”, negro, por el humo del hogar), es un pequeño patio central rodeado por un pórtico, en torno al cual se disponen las habitaciones.

Con el tiempo, los tuguria fueron la denominación de las casas más inmundas de Roma, más chabolas que otra cosa. Y así se ha mantenido el sentido de la palabra hasta nuestros días.

4.-Tabernas:
Las tabernas o tabernae, a diferencia de su significado actual, eran simplemente tiendas. Se ubicaban en los bajos de las insulae o en los laterales de las Domus.


5.-Las cofradías de los cruces:
En la visión cosmogónica de los romanos, los dioses estaban “arriba” y desde el cielo observaban a los romanos, pudiendo dañarles si veían algo que no era de su agrado o si se rompía la Pax Deorum. Por ello, veían las encrucijadas de las calles como un lugar vulnerable a estos posibles ataques divinos, ya que eran puntos que imaginaban visibles desde la perspectiva aérea de los dioses.

Por ello instalaron capillas en cada cruce de caminos, en honor de unos genios protectores: Los Lares Compitales o dioses de las encrucijadas. Una cofradía de gentes del barrio las custodiaba, pero poco a poco se convirtieron en verdaderas organizaciones “mafiosas” que ofrecían “protección” a los conciudadanos del barrio.

Recibían suculentos pagos para que nada violento ocurriera. Se organizaron en bandas y tenían sus límites de jurisdicción, en donde eran los amos y señores. Se reunían en locales sitos en los cruces que controlaban y allí maquinaban sus fechorías.

 
6.-La villa:

Interior de una villa rural romana.
La Villa romana originalmente era una morada rural cuyas edificaciones formaban el centro de una propiedad agrícola en Roma Antigua. Constituyen uno de los ejemplos más notables de edificación romana.

Sus origenes se remontan a las villas griegas del siglo V a. C. y aparecen en la zona del Lacio un siglo más tarde. Estas propiedades podían consistir en pequeñas haciendas dependientes de trabajo familiar o por el contrario en grandes propiedades, con trabajadores esclavos, o siervos. En los siglos II y I a. C. se produce un crecimiento económico y la paulatina desaparición de los pequeños agricultores paralela a un significativo aumento de los latifundios. Esto repercute positivamente en las villae, cuya parte residencial pasa a ser cada vez más sofisticada y elegante constituyéndose en magníficas domus.

En sus posesiones en el campo (de 25 a 60 hectáreas) los romanos solían tener la villa rustica, destinada a ganado y a las tareas agrícolas.
Posteriormente, se construyó la villa urbana en lugares pintorescos y aireados, convirtiéndose en una finca de lujo destinada al recreo y al placer del dueño y su familia, para descansar de los ajetreos de la vida política y social de la urbe, dejando la villa rústica al cuidado del villicus. Lugares de recreo famosos en tiempos de la república fueron Cumas (Nápoles) y Baiae. También había una pequeña zona a orillas del Tíber, a las afueras de Roma, hacia el puerto de Ostia.

La villa suburbanae (urbanas): Residencia de la aristocracia romana, tiene su origen el el palacio helenístico. A partir del siglo I a. C. el peristilo es el espacio dominante, desplazando al atrio. Se han hallado en la Campania y el Lacio. La mejor conservada es La villa de los misterios en Pompeya del siglo II a. C. La villas suburbanae pueden ser de varias clases: con atrio; con atrio y peristilo, con peristilo, con pabellones y en forma de hemiciclo o de "U".

Las villas imperiales: Son edificaciones donde residía el emperador, por ello están bien protegidas y su grandiosidad y exquisita decoración dan muestras del poder imperial. Comienzan a construirse a partir del siglo I d. C. con la llegada del nuevo régimen.La más antigua de las conocidas es la del emperador Tiberio en Capri, construida en una isla. La villa de Adriano en Tívoli es una de las más impresionantes y en ella se dan cabida los monumentos más representativos del imperio.

Villa Adriana (Tívoli)
Entre los años 118 y 134, según indican los sellos latericios, Adriano construyó su villa de Tibur (Tívoli) como la más personal e íntima de sus obras arquitectónicas. En ella reunió, según la Historia Augusta, los recuerdos de ciudades y paisajes que le habían impresionado vivamente en sus viajes por el mundo, la Stoa poikile[1] de Atenas, el Valle del Tempe, en Tesalia, por ejemplo. El único de éstos que hoy se puede identificar con absoluta certeza es el Cánopo, un lugar residencial próximo a Alejandría y unido a ella por un canal, o euripo, de 22 kilómetros de largo, orlado de suntuosas  mansiones.

Más que un palacio como el de Versalles, con el que se la ha querido comparar, Villa Adriana es un conjunto de edificios independientes y de ejes divergentes, situados en una pendiente llana, con un desnivel de algo más de 50 metros de uno a otro extremo.

Entre ellos se intercalan pórticos, palestras, palacetes, teatros, bibliotecas, piscinas, jardines y demás ingredientes de las villas señoriales. Dada la circunstancia -escribe Aurigemma- de que Adriano fue un arquitecto de altos vuelos, y así lo consideran algunos como verdadero creador de una escuela, la villa fue para él, con suma probabilidad, el lugar en que dio rienda suelta a su estro arquitectónico. Su fecundidad y su audacia se manifiestan sobre todo en la multiplicidad de plantas, alzados y, sobre todo, bóvedas (de cañón, de arista, de lunetos, cúpulas, etc.) que se encuentran en la villa. El hecho de que en Borromini, el arquitecto más valiente del barroco romano, se aprecie clara la huella de la villa de Tívoli revela desde cuándo y hasta dónde se ha hecho sentir su influencia. En ella encontró la Italia de la era moderna una fuente de sugerencias y una cantera de materiales arqueológicos (entre ellos unas 1.500 estatuas).

El emperador hizo entrar en juego todas las posibilidades de la arquitectura de su tiempo, todo lo que se había hecho no sólo en palacios y villas, sino muy especialmente en termas, donde las bóvedas tenían su gran terreno de aplicación.

El puro afán de construir debió de ser para Adriano una verdadera obsesión. La bóveda de lunetos rampantes del llamado Serapeum -en realidad un inmenso triclinio en gruta, animado por fantásticos juegos de agua- parece el sueño de un demente. Pero donde estaba la mayor originalidad de esta residencia era en las plantas de algunos edificios, movidas, llenas de entrantes y salientes, de cuerpos radiales, de exedras, de nichos, que a la hora de cubrirlos imponían soluciones difíciles y sorprendentes.

El llamado Teatro Marítimo en el extremo nordeste, un palacio en miniatura con todos sus elementos, para uso personalísimo del dueño de la casa; la Piazza d'Oro, así llamada porque los hallazgos realizados en ella hicieron creer a Pirro Ligorio y demás buscadores renacentistas que se encontraban en una mina; la llamada por Kähler coenatio, un comedor que parece inspirado en la coenatio lovis de la Domus Flavia, exagerando la nota. En todos estos edificios predominan las plantas centradas que habrán de alcanzar tanto desarrollo en la arquitectura del siglo IV.

1. Teatro Greco 2. Palestra  3. Ninfeo e Tempio di venere 4. Terrazza di Tempe  5. Terrazza inferiore delle Biblioteche 6. Terrazza del Teatro Marittimo  7. Biblioteca Greca 8. Terrazza superiore delle Biblioteche 9. Biblioteca Latina 10. Triclinio Imperiale 11. Padiglione di Tempe 12. Hospitalia 13. Cortile delle 14. iblioteche 15. Teatro Marittimo 16. Sala dei Filosofi 17. Criptoportico con volta a mosaico 18. Terme con Heliocaminus 19. Pecile 20. Palazzo Imperiale 21. Peristilio esterno 22. Giardini di Palazzo 23. Caserma dei Vigili 24. Edificio con pilastri dorici 25. Casa colonica 26. Piazza d'Oro 27. Arena dei gladiatori 28. Stadio 29. Casa a sud della Piazza d'Oro 30. Edificio con Peschiera 31. Ninfeo-Stadio 32. Edificio con tre esedre 33. Cento Camerelle 34. Quadriportico 35. Piccole Terme 36. Criptoportico presso le Grandi terme 37. Area fra le Grandi e Piccole Terme 38. Vestibolo 39. Grandi terme 40. Padiglione del Pretorio 41. Canopo sostruzioni ovest 42. Rocca bruna 43. Spianata di Roccabruna 44. Canopo 45. Spianata dell'Accademia 46. Accademia 47.  Canopo sostruzioni est 48. Odeon

El nombre propio Euripos designaba al estrecho que separa la isla de Eubea de la Grecia continental, pero con el tiempo se aplicó a todos los estrechos y canales; también, desde el Renacimiento, al largo estanque situado delante del llamado Serapeo de Villa Adriana. En los años 1950-55 se practicaron en él unas excavaciones que si no reconstruirlo (cuatro siglos de excavaciones de saqueo lo impedían), han permitido recuperar algunos elementos arquitectónicos de su encuadre de columnas, arquitrabes y arcos y, sobre todo, escultóricos. Gracias a éstos sabemos hoy algo más del uso que los romanos hacían de las copias y variaciones de estatuas griegas y de cómo las instalaban según su criterio -no el de los griegos- en relación estrecha con el paisaje.

Por lo pronto parece que era de rigor tratar los temas por pares y buscando la simetría bilateral: cuatro copias de dos Cariátides de las seis del pórtico sur del Erechtheion, y precisamente dos de la que estaba a la izquierda en la pareja central (hoy en el Museo Británico), y otras dos de la que está a la derecha. Obsérvese esto: todas las demás copias que hoy conocemos de las Cariátides repiten también estos mismos modelos, señal de que los copistas disponían únicamente de los vaciados de las dos centrales.

Las cuatro Cariátides, con sus pedestales y capiteles, sostenían, con dos silenos canéforos, parte de la columnata del euripo en el lado oeste del mismo, pero no cumplían la función de guardianes de la tumba de Cecrops como en Atenas, sino otra desconocida para nosotros. Las copias son muy exactas; el escultor se esmeró en copiar, por el procedimiento del sacado de puntos, los rasgos y los pliegues uno a uno; pero hizo una reproducción mecánica, sin un soplo siquiera de la vida que tienen el cuerpo y el vestido de los originales, toda una lección de lo infieles que pueden ser las copias aun sin tomarse libertades como las de Aristeas y Papías.
En la curva del extremo norte del euripo, dos variantes de un atleta desnudo de mediados del siglo V, convertida una de ellas en un Mercurio, como indica la parte superior de un caduceo adherida al brazo derecho, y la otra en un Marte muy apuesto, de casco corintio, con pintoresco penacho romano, y en su mano izquierda el borde de un escudo redondo muy del gusto de la época.

La segunda pareja la forman dos de las cuatro Amazonas del famoso concurso de Efeso, una copia acéfala, pero de excelente calidad, de la Amazona de Fidias, y otra de la de Crésilas. Aquí el copista procedió con mayor libertad, pues por acortar la diferencia con la anterior suprimió el pilarcillo en que Crésilas había apoyado el brazo izquierdo de su Amazona.

El tercer pendant lo forman las estatuas acostadas del Nilo (apoyado en la esfinge) y del Tíber (acodado sobre la loba y los gemelos), versiones muy libres del mismo original que el coloso del Nilo y sus afluentes, del Vaticano.

Se ha podido comprobar que estas estatuas se encontraban, como hoy sus vaciados en cemento, en los intercolumnios de la columnata puramente decorativa que rodea este extremo curvo del euripo, en cuyo entablamento alternaban los tramos curvos horizontales con los arqueados. Los plintos son iguales y las basas molduradas tienen los perfiles típicos de la época de Adriano y de los Antoninos. Detrás de la decoración había, pues, un programa, en el que a las estatuas les correspondía despertar ciertas asociaciones de ideas. La de los dos ríos parece clara: el Nilo, Egipto; su amistad con Italia; la comunidad del culto de Isis, tan arraigado en Roma.

Los pedestales de las Amazonas sobresalen del borde como suspendidas sobre el agua. La evocación deseada aquí sería la de la belleza del arte clásico a través de estas dos celebérrimas obras maestras. La del Mercurio y el Marte, dependientes de un mismo prototipo, habría que buscarla en un contexto mitológico. Pero había y hay más: de la superficie del agua sobresalían pedestales de estatuas: una de ellas, la de Escila, apareció hace tiempo; la otra, un cocodrilo, copiado rigurosamente del natural, mirando de cerca, como lo haría en un islote del Nilo, a quien recorría en barca las aguas del embalse; mientras, Escila le hacía sentir al viajero el escalofrío que la visión del monstruo provocó en el ocurrente Ulises.

Tras un minucioso estudio de lo aquí expuesto, llega Zanker a esta conclusión: la peculiaridad del gusto, acreditada desde el siglo I a.C., de incrementar el disfrute de la naturaleza mediante obras de arte, y de las obras de arte mediante la percepción de la naturaleza, está llevada aquí al límite de la agudeza. Ante tamaña exageración uno se siente tentado a hablar de la desertización tópica del mundo figurativo de los clásicos.































EL PALATINO.
LOS PALACIOS DE LOS EMPERADORES ROMANOS. LA DOMUS DE LIVIA Y DE AUGUSTO, LA DOMUS TIBERIANA, LA DOMUS ÁUREA, LA DOMUS FLAVIA, LA DOMUS AUGUSTANA Y LA DOMUS SEVERA.
La vivienda de los poderosos llega a su máxima expresión en Roma con la institución del Imperio. Las domus de la nobleza, quedaron pequeñas para la tarea de representación del soberano y para albergar la burocracia que administraba el Estado.

El Palatino con todas sus construcciones palaciales hacia el siglo IV d. C.

El hecho de que Augusto hubiese nacido en la colina Palatina marcó el destino de este monte y la denominación de la vivienda imperial. El lugar también tenía su simbolismo, según la leyenda, era donde Rómulo y Remo fueron acogidos por la Loba (Lupercalia) y donde el primero de los hermanos, el fundador de Roma, instaló su cabaña (de las que los romanos conservaron restos).

Por todo ello, cuando Augusto consiguió el poder compró al senador Hortensio una domus típica republicana al suroeste de la colina, que amplió en años sucesivos con otras vecinas. Su idea era que al instalarse allí el nuevo soberano se recuperara el sitio y el culto a los orígenes del espíritu romano.


La casa de Augusto fue, por tanto, un modesto recinto residencial ampliado en medio de un barrio aristocrático. Sus sucesores también eligieron este lugar para su vivienda por legitimar su poder, pero además lo ampliaron considerablemente  hasta hacerse con la totalidad de la colina, creando los verdaderos palacios imperiales.
Entre el siglo I y III d. C. surgieron los palacios de Tiberio (ampliado por Calígula); el de Nerón (la Domus Transitoria y la Domus Áurea que llegaba hasta allí); el de los Flavios (la Domus Flavia y la Domus Augustana); y el de Septimio Severo. A finales de la época imperial, el conjunto era un único e inmenso edificio denominado Palatium (Palatino), como la colina.

La casa de Livia y la Casa de Augusto.

Al noroeste de la colina  (en el Germalus) hay un espacio ocupado por un grupo de casas de fines de la República (casa de Livia y casa de Augusto), que nunca fueron destruidas para dar lugar a los palacios imperiales. Este hecho insólito, junto con las descripciones que se hicieron de la casa de Octavio Augusto, ha hecho pensar que ésta fue su residencia. Se conservan habitaciones de dimensiones modestas decoradas con frescos del estilo segundo.



Casa de Augusto. Habitación de las máscaras.

El modelo no difería mucho de las viviendas de cualquier noble de la época, si no fuera por los espacios sagrados dependientes del sector público de su casa: la gruta donde la loba amamantó a los gemelos o Lupercal, la cabaña de Rómulo, el templo de la Gran Madre (Cibeles) y el templo de Apolo. Recientemente se ha descubierto el Lupercal y han sido restaurados y  reabiertos para su visita pública los frescos de cuatro habitaciones de la Casa de Augusto.

En el círculo rojo dependencias públicas y privadas de la casa de Augusto y Livia. 1.- Palacio de Tiberio. 2.- Domus Flavia. 3.- Casa de Livia. 4.- Casa de Augusto. 5.- Templo de la Gran Madre. 6.- Templo de Apolo. 7.- Supuesto Lupercale.

Domus de Livia
El conjunto monumental se dividió en dos áreas: una en el suroeste, zonasI residenciales y grandes baños, y el otro hacia el noreste, una zona con una plaza ajardinada.

La casa era una estructura en terrazas, con el apoyo de las paredes de opus reticulatum. En la gran terraza central, M 160 x 80, con vistas a los edificios residenciales. De ellos se ha conservado una habitación semi-subterránea con pinturas, que tenía que ser un cubículo con triclinium. En esta misma zona están los baños termales, con pisos de mosaicos y pinturas en blanco y negro del tercer estilo, el sur ha sido recientemente excavado un nuevo complejo de habitaciones alrededor de un atrio con cuatro columnas y tal vez un impluvium lararium. Desde la villa son de varias esculturas.

En el lado sureste del tanque lleva un complejo de baños cuyo componente principal es una sala grande (frigidarium) con dos tanques rectangulares.. Las estructuras son de ladrillo de ladrillo rojo en la primera fase, compacto, de factura irregular, roto, y parecen involucrar una serie de ventanas.. En la siguiente etapa de los ladrillos son más delgadas, menos compacta II que data de finales y principios del siglo III. d.C.

Estos cambios sucesivos en ladrillos y en las malas inferior, que transformó el medio ambiente con la ampliación de los puertos en algunas ventanas, el cierre de los demás y la realización de la gran piscina en el NO, rectangular con el lado inferior curvo, guardia de la parte delantera y dos pasos abajo: en la parte superior de las paredes y dos ventanas laterales abiertas en el fondo de un nicho semicircoalre cruce en la base por un surco.

Puede mantenerse al nivel del parapeto de la preparación para el mármol que cubren con los agujeros de las abrazaderas que poseía, las placas de pared.. Una pipa de arcilla de escape está en la esquina este de la planta. Incluso en el segundo tanque se mantenga la preparación de las placas de mármol, así como los restos de la planta superior del mármol revestimiento cipollino parapettoi.  El de la habitación, además de producir, se extendió a los parapetos de los tanques, todavía una parte de la planta, hojas grandes rectangulares y la pared del casco, interrumpido por la estructura de las puertas. El pavimento. La planta fue hecha por el llenado de una gran piscina rectángular pertenecientes antes de la primera construcción de la sala: el colapso del suelo de la piscina sin la parte visible de un corredor de un servicio subyacente.
 Casa de Augusto-Pinturas


Frescos en la domus de Livia

La Domus Tiberiana y la Domus Transitoria.
Tiberio construyó el primero de los palacios imperiales, en la esquina noroeste del Palatino, y luego Calígula lo amplió hacia el foro. Domiciano con un criterio monumental lo reconstruyó por completo al mismo tiempo que la Domus Augustana. Desgraciadamente todo lo que se puede ver hoy día son los cimientos entre los jardines Farnesio.


La Domus Transitoria fue diseñada como parte previa del majestuoso proyecto de la Domus Áurea. Fue destruida, como gran parte de la ciudad, por el gran incendio que arrasó Roma el año 64 d. C. Era ya un conjunto que unía la Domus Tiberiana con el monte Esquilino a través de jardines, columnatas y pabellones.
 
La Domus Áurea.
La construcción de la Domus Aurea (Casa Dorada) ha sido considerada como la empresa más extravagante de toda la historia de Roma. Cuando dos tercios de la ciudad fueron carbonizados por el gran incendio de 64, el emperador Nerón se sirvió del espacio “libre” para construir su nuevo palacio. Construída en muy poco tiempo —Nerón se suicidaría en el 68 pero antes pudo disfrutar ampliamente de sus estancias— la enorme cúpula dorada que le dio nombre no era más que uno de los muchos elementos extravagantes de su decoración: había oro por todas partes, techos estocados con piedras semi-preciosas y remates en marfil, mosaicos de acabado preciosista, piscinas y fuentes por doquier, un lago artificial…

La mayoría de las paredes estaban cubiertas de frescos, que trataban diferentes temáticas para cada uno de los grupos de estancias; las habitaciones, rematadas en mármol blanco perfectamente pulido, con formas que jugaban con la luz y la concentraban o dispersaban al antojo de los arquitectos. Había piscinas en muchos de los suelos, y fuentes que repicaban agua en todos los pasillos. Nerón mostró gran interés en cada pequeño detalle del proyecto, según los Anuarios de Tácito, y supervisó en todo momento a los dos arquitectos principales del complejo, Severo y Céler. En definitiva, la Domus Aurea radiaba un lujo nunca visto hasta entonces.

La Domus Aurea ocupaba, según se ha calculado, alrededor de 50 hectáreas entre las colinas del Palatino y el Esquilino, en total un área 25 veces la del coliseo, y contaba con nada menos que 300 habitaciones. También tenía viñedos, campos de maíz, bosques y un lago artificial en el actual emplazamiento del Coliseo romano. Al parecer, se trataba de una villa dedicada exclusivamente a fiestas, ya que ninguna de las 300 habitaciones servía de dormitorio. Más extraño todavía es que aún no se ha encontrado una sola cocina o letrina en todo el complejo.

Severus y Céler utilizaron técnicas muy innovadoras. Nada más entrar los invitados podían maravillarse con una cascada de agua que parecía venírsele encima pero que en el último momento desaparecía por un canal a sus pies. El palacio contaba con magníficos vestíbulos y columnatas, bibliotecas e innumerables piscinas y baños con piletas de plata surtidas de agua de mar o de distintas aguas minerales.

El comedor principal estaba coronado por una cúpula que giraba día y noche entorno a su eje mediante la fuerza del agua, y los techos de muchos otros comedores estaban formados por unas planchas móviles de marfil y oro que, accionados por esclavos durante los banquetes, se entreabrían para dejar caer pétalos de flores y perfumes variados entre los invitados. Se dice que en una ocasión cayó tal cantidad de pétalos de rosa sobre un desafortunado invitado que éste murió asfixiado.

Los frescos cubrían cualquier superficie que no lo estuviera ya por oro o piedras preciosas. El principal artista del fresco fue Fabulus. La técnica del fresco demanda velocidad y un trazo seguro y decidido: Fabulus y su estudio cubrieron una espectacular área de paredes con sus pinturas al fresco. Plinio, en su Historia Natural, narra cómo Fabulus iba a pintar la Domus Aurea unas pocas horas cada día, mientras había luz natural. La precisión y rapidez en la ejecución de Fabulus proporcionó una maravillosa unidad a sus composiciones, rematadas por una delicadeza preciosista.


Según el biógrafo Suetonios, Nerón pronunció una frase memorable cuando se trasladó al nuevo palacio: ¡Por fin podré vivir como un ser humano!

La Domus Aurea sin Nerón
Tras la muerte del emperador, la Casa Dorada pasó a ser una molesta extravagancia para sus sucesores. Fue desmantelada de mármoles, piedras preciosas, oro y marfil en unos pocos años. Poco después, el palacio y sus alrededores, que englobaban un área de 2.6 km², fueron totalmente enterrados y se procedió a construir en la nueva capa de tierra: Vespasiano construyó su Anfiteatro Flaviano (luego Coliseum) sobre el anterior sitio del lago de la Domus Aurea, los Baños de Trajano y el Templo de Venus y Roma fueron también construídos en el nuevo estrato.

En un plazo de 40 años, la Domus Aurea había desaparecido completamente de la superficie, pero paradójicamente esto hizo que sobreviviera el paso de muchos siglos, principalmente sus frescos al tener unas condiciones —humedad prácticamente nula, aislada de la intemperie— idóneas para su conservación.

El coloso de Nerón
Se dice que Nerón solicitó al escultor griego Zenodorus una colosal (35m de alto) estatua de bronce, que colocó en la entrada de la Domus Aurea. Algunos historiadores dicen que se trataba de una escultura del mismo Nerón (Colossus Neronis), otros creen que desde el principio representaba al Dios Sol. Parece que nunca se sabrá a ciencia cierta dado que posteriores emperadores le cambiaron el rostro a la estatua. Suetonius, biógrafo de Nerón y que nació unos pocos años después de la muerte del emperador, es el único que hace referencia a “una colosal estatua del emperador”. Pero no dice que se llegara a erigir en la entrada de la Domus Aurea.

Otro cronista de la época, Plinio el Viejo (23-79), sí que dice que la estatua representaba a Nerón, pero bien pudiera ser una opinión expresada por los muchos detractores de Nerón, que quisieron denigrar su imagen al máximo tras su muerte. Plinio presenció los trabajos de Zenodorus, pero no dice que se finalizaran en la época de Nerón. El historiador Dio Cassius, del siglo III DC, dice que el emperador Vespasiano fue quien erigió el coloso muchos años después de la muerte de Nerón, pero no en la Domus Aurea sino que en la Vía Sagrada. Por todo ello es poco probable que Nerón viera la colosal estatua de bronce delante de su magnífico palacio.

Finalmente, Trajano hizo trasladar la estatua al lado del Coliseo (de ahí éste tomó su actual nombre), y finalmente fue destruída en el siglo IV tras una incursión de los bárbaros.

El legado de la Domus Aurea
Algunas de las extravagancias de la Domus Aurea tuvieron repercusión en el futuro. Los arquitectos diseñaron dos de los principales comedores flanqueando una estancia octogonal, coronada por una cúpula con un oculus central que dejaba entrar la luz. Probablemente se trató del primer uso de una cúpula que no estuviera destinada a un templo dedicado a los dioses, como el del Panteón. Otra innovación tendría una enorme influencia en el arte futuro: Nerón situó mosaicos en los techos, cuando hasta entonces su uso se había restringidos a los suelos. Sólo han sobrevivido algunos fragmentos, pero la técnica fue copiada extensivamente, convirtiéndose en una característica fundamental del arte cristiano, como se puede ver en varias iglesias de Roma, Ravena, Sicilia y Estambul.


La Domus Aurea ha luchado contra el tiempo desde que, a finales del siglo XV, un paseante cayera por una grieta del Palatino y se rompiera una pierna. El hombre quedó cojo, pero descubrió unas “grutas” fascinantes, llenas de pinturas y colores. La pasión por las “grutas” contagió de inmediato a los principales artistas y tuvo un potente impacto sobre la estética renacentista: Rafael, Miguel Ángel y Pinturicchio fueron algunos de los que se descolgaron con cuerdas para observar la decoración neroniana y para dejar, como buenos turistas, su firma. Para entonces, las pinturas eran una celebridad, y su aparición coincidió con el redescubrimiento de la Historia Clásica, tan de moda en el Renacimiento. Es entonces cuando se denominó a algunas de sus escenas bajo el calificativo de grotesco, y éste estilo pasó a formar parte de la historia del arte.
En los siglos siguientes prosiguieron las incursiones y los autógrafos: Giacomo Casanova y el marqués de Sade inscribieron sus nombres en la misma pared, a pocos centímetros uno del otro. Pero con la gente entró el aire, y con él, la oxidación y el deterioro de los frescos.


El palacio de Domiciano en el Palatino. La Domus Flavia y la Domus Augustana.
Después del gran incendio del 80 d. C., Domiciano encargo al arquitecto Rabirius realizase sobre la cima sur de la colina Palatina, junto a la Domus de Augusto y de Tiberio, un nuevo complejo para servir como residencia imperial y lugar de dirección gubernamental. La concepción es totalmente nueva puesto que se crea dos edificios paralelos y a la vez unidos: la Domus Flavia, al Norte, como palacio representativo y público, y la Domus Augustana, al sur, como palacio residencial. Ambos se construyen según el principio del peristilo.
La Domus Flavia reunió en el palacio imperial las funciones de gobierno y de representación incluidas las sesiones del dócil senado de la época-, que antaño se repartían por otras sedes de la ciudad.
El centro del edificio lo ocupaba un inmenso peristilo de columnas de portasanta, que rodeaban una fuente central en forma de laberinto octogonal, muy restaurado hoy día.
Al nordeste se hallaban los dos salones principales. El primero de ellos era el aula regia, es decir, el salón del trono, instalado sobre un alto estrado en el ábside de la cabecera. Los robustos resaltes de las otras paredes formaban ocho nichos, tres a cada lado y dos a los pies, flanqueados por dieciséis columnas acanaladas de pavonazzetto. En cada nicho se alzaba una estatua colosal de basalto, de un dios o de un héroe. Las dos que se conservan en buen estado, el Baco y el Hércules de Parma (Palazzo de la Pilotta), miden de altura alrededor de tres metros y medio.
El salón contiguo, conocido como basílica y en realidad el auditorium del senado y del consejo privado o consistorium del emperador, estaba dividido en tres naves por columnas corintias de giallo antico[2] y provisto de un ábside al fondo, deslindado por una balaustrada.
Las columnas de las naves laterales están bastante próximas a la pared. Tal vez de su entablamento partiese la bóveda de medio cañón que obligó a erigir contrafuertes que segmentaron el pórtico que orlaba uno de sus flancos.
La famosa coenatio lovis de la "Historia Augusta" (Pertinax 11, 6) acaso sea el triclinio del centro del ala opuesta de la domus. Su exedra conserva el suntuoso pavimento de opus sectile que antaño cubría todo el suelo de este espléndido comedor. Sus ventanas permitían gozar de la vista de dos fuentes, de tazas ovaladas, que manaban en estancias contiguas. Los ábsides y los resaltes y nichos con que Rabirio articuló los muros, imprimieron a éstos un movimiento nuevo y un juego de luz y sombra que enriqueció a la arquitectura con sus efectos ópticos.

A la Domus Flavia se accedía por el norte mediante un pórtico columnado sobre podium que dominaba una vasta zona. Tras atravesar un vestíbulo espacioso se pasaba a un peristilo central en torno al cual se abrían cuatro  secciones.
·         El ala este debió ser espectacular. Se componía de tres salas: el Aula Regia un espacio sin compartimentar de 30 metros de ancho, ideal para los actos oficiales, con magnífica decoración de nichos con estatuas y columnas de mármol pavonazzetto contra los muros laterales y en el fondo un amplio ábside para el trono. En el  lado derecho tendría la basílica del palacio destinada a las audiencias y al Consejo de Domiciano. de nuevo un ábside servía para delimitar el espacio del soberano y que la atención arquitectónica se centrara en este lugar.  En el lado izquierdo estaría el Lararium o capilla donde se da culto a los dioses de la casa imperial.
·         El ala oeste se levantaba la gran sala de banquetes, la Coenatio Jovis, entre dos patios con fuentes o ninfeos. Era un triclinio dotado de un hipocaustum bajo el suelo que calentaba la habitación en invierno.
·         De las dos alas de comunicación, la septentrional servía para dar entrada a la zona pública de la antigua domus de Augusto (templos y bibliotecas), y la meridional era el acceso al peristilo de la Domus Agustana o residencial.


La parte oriental del palacio, la Domus Augustana, estaba exclusivamente reservada para la familia imperial. Tenía dos niveles y, por lo general muchas habitaciones y de tamaño más pequeño
·         En la terraza superior, los cubículos se abrían a otro peristilo columnado con un estanque y un pequeño templo en el centro, quizá dedicado a Minerva.
·         El otro nivel estaba situado 12 metros por debajo. Aquí también las habitaciones estaban organizadas en torno a un amplio peristilo rodeado por pórticos a dos niveles. En el centro había una gran fuente decorada con un motivo de peltas.
·         Al oeste el edificio se arqueaba formando una fachada cóncava que miraba hacia el Circo Máximo. Se trataba de una gran exedra semicircular y columnata detrás de la cual todavía se pueden ver restos de varias habitaciones con un extraño diseño.
·         El cuarto sector de la Domus Augustana es el conocido como Estadio. En realidad se trataba de un rectángulo oblongo de unos 88 metros porticado en dos plantas. La función del mismo sería quizás de jardín y de picadero a la vez.
 El peristilo inferior de la Domus Augustana. Reconstrucción y estado actual.

La exedra era un palco abierto sobre el Circo Máximo.

 Estadio de la domus Augustana.

Septimio Severo ampliará el palacio hacia la fachada del Circo Máximo con termas y el famoso Septizodium , que era un fachada ninfea de unos 90 metros de largo con varios niveles sobre la vía Apia. Este edificio aún se conservaba en parte en el siglo XVI, momento en que fue demolido por orden de Sixto V par emplear los materiales recuperados para diversas obras.

El palacio de Domiciano permanecerá como centro oficial del Imperio hasta la reforma de Diocleciano en 293/297.

Hay otras construcciones palaciegas fuera de Roma, pero las veremos en otro artículo.


[1]   Stoa poikile originalmente llamado el Pórtico de Peisianax fue erigida en el siglo quinto antes de Cristo y se encuentra en el lado norte de la antigua Ágora de Atenas
[2]   Marmol amarillo antiguo usado por los romanos en sus construcciones.

2 comentarios:

  1. me has ayudado mucho en mi trabajo del instituto gracias

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  2. Estupenda disección de la vivienda en Roma, con imágenes y comentarios muy claros y pedagógicos. La guardo y te sigo. Un cordial saludo desde ArteTorreherberos.

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