martes, 7 de junio de 2011

ARQUEOLOGÍA ROMA: ETRUSCOS

 
ARQUEOLOGÍA ETRUSCA
Etruscos
Los etruscos fueron un pueblo de la antigüedad cuyo núcleo geográfico fue la Toscana, a la cual dieron su nombre. Eran llamados tyrsenoi, o tyrrhenoi, por los griegos y tusci, o luego etrusci, por los romanos; ellos se denominaban a sí mismos rasena o rašna.

Desde la Toscana se extendieron por el sur hacia el Lacio y la parte septentrional de la Campania, en donde chocaron con las colonias griegas; hacia el norte de la península itálica ocuparon la zona alrededor del valle del río Po, en la actual región de Lombardía.

Llegaron a ser una gran potencia naval en el Mediterráneo Occidental, lo cual les permitió establecer factorías en Cerdeña y Córcega. Sin embargo, hacia el siglo V a. C. comenzó a deteriorarse fuertemente su poderío, en gran medida al tener que afrontar casi al mismo tiempo las invasiones de los celtas y los ataques de griegos y cartagineses. Su derrota definitiva, por los romanos, se vio facilitada por tales enfrentamientos y por el hecho de que los etruscos nunca formaron un estado sólidamente unificado sino una especie de débil confederación de ciudades de mediano tamaño.

En cierto modo predecesora de Roma y heredera del mundo helénico, su cultura (fueron destacadísimos orfebres, así como innovadores constructores navales) y sus técnicas militares superiores hicieron de este pueblo el dueño del norte y centro de la Península Itálica desde el siglo VIII a. C. hasta la llegada de Roma. Hacia el 40 a. C., las diferentes ciudades de Etruria (nombre del país de los etruscos) perdieron su independencia política y se convirtió en parte del Imperio romano (con todo, la presencia etrusca fue siempre destacada, hasta el punto de que los últimos tres reyes de Roma fueron etruscos).

Los orígenes de los etruscos nunca han estado claros. Se pueden destacar cuatro teorías al respecto:
1.    La teoría orientalista, propuesta por Heródoto, que cree que los etruscos llegaron desde Lidia hacia el siglo XIII a. C. Para demostrarlo se basa en las supuestas características orientales de su religión y costumbres, así como en que se trataba de una civilización muy original y evolucionada, comparada con sus vecinos.
2.    La teoría de autoctonía, propuesta por Dionisio de Halicarnaso, que consideraba a los etruscos como oriundos de la Península Itálica. Para argumentarlo, esta teoría explica que no hay indicios de que se haya desarrollado la civilización etrusca en otros lugares y que el estrato lingüístico es mediterráneo y no oriental.
3.    Teoría de un origen "nórdico", defendida por muchos a finales del s. XIX y primera mitad del s. XX; se basa sólo en la similitud de su autodenominación (rasena) con la denominación que los romanos dieron a ciertos pueblos celtas que habitaban al norte de los Alpes, en lo que actualmente es el Este de Suiza y Oeste de Austria: los ræthii o réticos, tal origen supuesto sólo en parofonías está ya descartado.
4.    La teoría actualmente más fundamentada viene a ser, en cierto modo, una mezcla de la de Heródoto y la de Dionisio de Halicarnaso: habla de emigrantes orientales influidos por los nativos, o nativos influidos por comerciantes del este. Se considera, por varios rasgos culturales (por ejemplo, el alfabeto), un fuerte influjo cultural derivado de alguna migración procedente desde el suroeste de Anatolia. Tal influjo cultural se habría extendido sobre pueblos autóctonos ubicados en lo que actualmente es la Toscana.

Organización política y social
Políticamente, Etruria se conforma en federaciones de 12 ciudades unidas por lazos estrictamente religiosos, lo que es llamado Dodecápolis, pero esta alianza no es política, ni militar y cada ciudad es en extremo individualista.

La estructura política es, en un principio, la de una monarquía absoluta, donde el rey (lucumo) distribuye justicia, actúa como sumo sacerdote y comandante en jefe del ejército. Luego se da una transición donde el gobierno es una dictadura de corte militar, la cual desemboca en una República, en esencia oligárquica, con magistraturas colegiadas, un senado fuerte y estable y la participación de una asamblea popular en representación del pueblo.

En la pirámide social etrusca podemos distinguir 4 escalafones:
·         En primer lugar estaban los terratenientes, miembros de la oligarquía.
·         Plebe libre, ligada por lazos de clientela a los anteriores.
·         Extranjeros, generalmente griegos, que eran artesanos y mercaderes.
·         Por último, esclavos. Los etruscos tenían una gran cantidad de servicio doméstico y agrario.

La familia y el rol de la mujer
Tanto griegos como latinos consideraron "promiscua" y "licenciosa" a la cultura etrusca, tales opiniones etnocéntricas se debieron al contraste de la situación social de la mujer entre los etruscos, mucho más libre que entre griegos y romanos; hay que recordar que entre helenos y latinos las mujeres estaban absolutamente subordinadas a los varones.

La mujer etrusca, al contrario de la griega o de la romana, no era marginada de la vida social, sino que participaba activamente tomando parte en los banquetes, en los juegos gimnásticos y en los bailes, y sobre todo ayudaban en las labores de la vía pública.

La mujer además tenía una posición relevante entre los aristócratas etruscos, puesto que estos últimos eran pocos y a menudo estaban involucrados en la guerra: por esto, los hombres escaseaban. Se esperaba que la mujer, en caso de muerte del marido, asumiría la tarea de asegurar la conservación de las riquezas y la continuidad de la familia. También a través de ella se transmitía la herencia.

Líderes etruscos conocidos
·         Osiniu (en Clusium) probablemente a principios del siglo XI a. C.
·         Mezentius 1100 a. C.
·         Lausus (en Caere)
·         Tyrsenos
·         Velsu siglo VIII a. C.
·         Larthia (en Caere)
·         Arimnestos (en Arimnus)
·         Lars Porsena (en Clusium) finales del siglo VI a. C.
·         Thefarie Velianas (en Caere) finales del siglo V a. C. – principio del siglo IV a. C.
·         Aruns (en Clusium) hacia el 500 a. C.
·         Volumnius (en Veii) a mediados del siglo IV a. C.–437 a. C.
·         Lars Tolumnius (en Veii) finales del siglo IV a. C.–428 a. C.
·         Tarquinius (siglo IV a. C.)


Relaciones con otros pueblos:
Los etruscos eran un pueblo netamente comerciante desde el inicio hasta el final de su civilización, principalmente marítimo, aunque también terrestre. Por otro lado, sus tierras se vieron invadidas varias veces por pueblos bárbaros ya que sus ciudades eran muy ricas y codiciadas, eran paso obligado hacia las fértiles tierras de la Campania y para llegar a Roma (como ocurrió, por ejemplo, con la invasión de Aníbal).

En un principio se aliaron y repartieron las zonas de influencia marítima con los fenicios, en contra de los helenos. Hacia el siglo IV a. C. estrecharon relaciones con Corinto y cesó la hostilidad con los griegos. Sin embargo, en el 545 a. C. se aliaron con los cartagineses nuevamente contra los griegos.

En cuanto a lo continental, tuvo numerosos enemigos. Desde un principio, la Liga Latina (con Roma de aliada o a la cabeza de la misma), en el Lacio; en la Campania los samnitas; en las costas e islas los siracusanos y cumitas y en las llanuras del Po los pueblos celtas serán enemigos de Etruria. Solo conservarán como aliado incondicional durante toda la historia de esta civilización a los faliscos (pueblo que estaba al oeste del Tíber).

Hacia el 300 a. C. se aliaron con los helenos en contra de cartagineses y romanos, por el control de las rutas comerciales.

Hacia el 295 a. C. una liga de etruscos, sabinos, umbros y galos cisalpinos combatió contra Roma, saliendo esta última victoriosa. Sin embargo, en sucesivas alianzas temporales con los galos continúan luchando contra los romanos, hasta que una alianza con Roma contra Cartago tiene lugar. Tras esto, los etruscos, ya en decadencia, comienzan a ser absorbidos por los romanos.

Inscripciones
Las principales evidencias de la lengua etrusca son epigráficas, que van desde el siglo VII a. C. (se dice que los etruscos empezaron a escribir en el siglo VII a. C. pero su gramática y su vocabulario difieren de cualquier otro del mundo antiguo) hasta principios de la era cristiana. Conocemos unas 10000 de estas inscripciones, que son sobre todo breves y repetitivos epitafios o fórmulas votivas o que señalan el nombre del propietario de ciertos objetos. Aparte de este material contamos con algunos otros testimonios más valiosos:

1.    El Liber Linteus o texto de Agram es el texto etrusco más largo con 281 líneas y unas 1300 palabras. Escrito en un rollo de lino, posteriormente fue cortado a tiras y utilizado en Egipto para envolver el cadáver momificado de una joven mujer; se conserva actualmente en el museo arqueológico de Zagreb (probablemente cuando esto sucedió se consideraba que tenía más valor el rollo de lino que el propio texto, que paradójicamente hoy es nuestro mejor testimonio de la lengua; tal vez si no hubiera sido conservado como envoltura ni siquiera habría llegado hasta nosotros).
2.    Algunos textos sobre materiales no perecederos como una tablilla de arcilla encontrada cerca de Capua de unas 250 palabras, el cipo de Perugia escrito por dos caras y con 46 líneas y unas 125 palabras, un modelo de bronce de un hígado encontrado en Piacenza (unas 45 palabras).
3.    Aparte de estos testimonios tenemos dos inscripciones interesantísimas más: la primera de ellas es la inscripción de Pyrgi, encontrada en 1964, sobre láminas de oro que presenta la peculiaridad de ser un texto bilingüe en etrusco y púnico-fenicio y que ha ampliado considerablemente nuestro conocimiento de la lengua. La segunda de las inscripciones, resulta algo intrigante, ya que fue encontrada en la isla de Lemnos (N. del mar Egeo, Grecia) de unas 34 palabras, y que parece escrita en un dialecto diferente de los encontrados en Italia, tal vez esto sea sintomático de la presencia de colonias etruscas en otros puntos del mediterráneo o bien se trate como otros autores sostienen de una lengua hermana del etrusco, el lemnio, aunque se considera que la presencia de una sola inscripción no nos aclara gran cosa.

Seguramente la inscripción de Pyrgi es la única inscripción etrusca razonablemente larga que podemos traducir o interpretar convenientemente gracias a que el texto púnico que parece ser una traducción casi exacta del texto etrusco es perfectamente traducible. Con respecto al acceso a las inscripciones: la mayoría de inscripciones etruscas conocidas y publicadas se hallan recogidas en el corpus inscriptionum etruscarum (CIE).

Arte:
El arte etrusco que abarca aproximadamente entre los siglos VIII al III antes de Cristo, se caracteriza por su capacidad de adaptación, de improvisación, su fuerte carga expresiva y la tensión dramática que respira esencialmente la escultura. Entre sus valores figura haberse convertido en un importante legado para los romanos en cuanto a creatividad y carácter práctico. En su evolución se aprecian siempre dos tendencias o vertientes que en algunos momentos resultan incluso paralelas y coetáneas. Por un lado se distingue una tradición dominante en la alta sociedad etrusca y con importantes influencias griegas; y por otro lado, otra tradición de carácter más popular, más espontánea y fogosa. Como ocurre con otros ciclos artísticos, se pueden distinguir también varios periodos que los autores e investigadores vienen sistematizando a través de esquemas y modelos muy diversos. Según éstos, hay quien distingue fundamentalmente dos etapas, una de esplendor, desarrollada hasta el siglo V antes de Cristo, y otra de general empobrecimiento que culmina con el sometimiento a los romanos. Una periodización más completa y precisa nos lleva, sin embargo, a diferenciar tres periodos:
1.    La época arcaica, en la que se aprecia un primer momento (hasta el primer tercio del siglo VI antes de Cristo), con importantes influencias orientalizantes, y un segundo momento (desde el 570 al 400 antes de Cristo), en el que se asimilan y adoptan las tradiciones del clasicismo griego.
2.    Después vendría la época media o etrusco-itálica, que se extiende hasta el primer cuarto del siglo III antes de Cristo;
3.    Y el último periodo se corresponde con la época helenística o romana, que culmina con la completa desintegración del mundo etrusco y su integración, a todos los niveles, en la civilización romana.

Es de destacar el arte funerario y su relación en la pintura y escultura, destacándose sus terracotas y la talla de una piedra local llamada "nenfro".

Desarrollaron una importante industria orfebre, trabajaron el bronce, su metalurgia se caracteriza por sus grabados, graneados, filigranas y repujados, en relación a la coroplastia crearon el estilo Bucchero en cerámica.

Todos estos productos fueron base para la exportación tanto hacia el norte de Europa como hacia Oriente.

Otro punto importante es la pintura donde varias escuelas produjeron frescos admirables, pero la misma tiene temas marcadamente narrativos, anecdóticos y principalmente funerarios.

Aunque el arte etrusco, como otras artes del Mediterráneo Occidental, se vio influido fuertemente por el arte de la Grecia Clásica y el magnificente arte helenístico, guarda características singulares, el arte etrusco muy relacionado a los rituales funerarios legó a Roma un extraordinario naturalismo en cuanto a la representación de rostros: los bustos son prácticamente una invención etrusca, el busto propiamente dicho, realizado en bronce fundido, difiere del "busto" griego, en éste último la persona retratada suele estar idealizada, no así en el genuino busto etrusco. Los colores preferidos en la pintura por los etruscos fueron el rojo, verde y el azul, al parecer porque les asignaban connotaciones religiosas. Entre las obras más destacables se encuentran:
·         El Apolo de Veio escultura del dios Apolo del siglo VI a. C. encontrada en el templo/santuario en honor a la diosa Minerva de Portonaccio.
·         La Quimera de Arezzo: fechada entre 380 y 360 a. C. La quimera, según la mitología romana, fue abatida por Belerofonte, a lomos de su caballo Pegaso. Tras su descubrimiento en 1553, se convirtió en símbolo del nacionalismo toscano.(ver Quimera de Arezzo)
·         Loba Capitolina o Lupa Capitolina: esta célebre escultura ha llegado en cierto modo a ser un símbolo de Roma, sin embargo todo indica que es una obra etrusca del s. IV a. C., en cuanto a los dos niños que representan a Rómulo y Remo, téngase en cuenta que fueron forjados y añadidos en el s XVI.
·         El llamado Marte de Todi, escultura de un guerrero armado de un modo semejante al de los hoplitas griegos, aunque el armamento (tipo de coraza etc.) es en lo real, etrusco.
·         L'Arringatore (el orador): fechada entre el siglo II y el siglo I a. C. Al parecer representa a un noble llamado Aule Meteli, pero se desconoce quién era.
·         El sarcófago de los esposos: fechada hacia el 520 a. C. Fue encontrada en una necrópolis en Cerveteri. Construido en terracota, la tapa del sarcófago representa una pareja recostada en un triclinio.
·         El Frontón de Talamone, frontón con relieves de terracota de un templo etrusco del siglo II.

Arquitectura:
Además de varias construcciones ciclópeas a ellos atribuidas, se sabe que importaron de Oriente y usaron en los edificios el arco de medio punto, la bóveda perfecta. Estos elementos arquitectónicos llegaron a los romanos precisamente a través de los etruscos.

Los etruscos que bien pudieron establecerse, inicialmente, en el norte de Grecia para, más tarde, huir a Italia con motivo de la invasión de los Dorios, o que procediendo de donde procediesen, se establecen en Etruria, aprendieron de los griegos las técnicas y formas básicas de la construcción micénica e imitaron en sus construcciones los tres órdenes.

Una de sus principales aportaciones de la arquitectura etrusca al mundo occidental posterior es la búsqueda de verismo en sus manifestaciones. Por ejemplo, las tumbas se construyen a imitación de las casas. La arquitectura etrusca lega al mundo romano una serie de características urbanísticas,
arquitectónicas y artísticas muy importantes:
·         Forma de concebir las ciudades: la manera de realizarlas, la forma de las murallas, las puertas, su sistema de saneamiento, etc.
·         Disposición y forma de los templos.
·         Los mausoleos romanos derivan de los túmulos etruscos.
·         El uso del arco y la bóveda.
El material empleado por la arquitectura etrusca fue piedra de mala calidad, especialmente como refuerzo (en basamentos, ángulos, etc.) y no utilizan el mármol. También emplean la madera, especialmente para las cubiertas. Además usan el ladrillo cocido y el tapial.

La arquitectura etrusca, siempre menos elegante y menos genial que la griega, tiene una gran influencia en el mundo romano, especialmente en lo que se refiere a la forma de concebir las ciudades, la disposición y forma de los templos, el uso del arco y la bóveda y la construcción de mausoleos. No utilizan materiales nobles como el mármol, sino piedras de baja calidad en refuerzos, madera, ladrillo y tapial. Sus construcciones emplean el arco y la bóveda con la columna sobre soporte, formando el orden toscano, orden que tiene relación con el dórico.

Los componentes de dicho orden toscano son:
·         Columna lisa y disminuida de catorce módulos, con su basa y capitel.
·         Capiteles más sencillos que los dóricos.
·         Carece de triglifos, mútulos y dentículos y de todo adorno que no fuera moldura lisa.
·         La columna descansa sobre un pedestal que tienen de elevación una tercera parte que aquélla.

Esquema del orden toscano, según Vignola.
No se conocen más que escasos restos de este orden y sólo se han hallado en el centro de Italia (en Vulci y Alba Fucense) pero se conocen sus proporciones por los libros de Arquitectura escritos por Vitruvio.

No existen edificios etruscos propiamente dichos si no son algunos muros y alguna puerta como la de Perusa y de los restos de tumbas, como las de Castel D’Asso.

Pero se han descubierto multitud de galerías subterráneas o criptas funerarias como las de Corneto, Volterra, Cervetere, etc. que, a veces, tienen su cubierta de falsa cúpula y revelan grande reminiscencias egipcias y micenaicas. De ellas y de otros lugares de Etruria se han extraído numerosos objetos de cerámica y orfebrería que guardan los museos y en los cuales se advierte poderosa la inspiración griega ya de Asia ya de Europa. Por los dibujos que se pueden ver en algunas vasijas etruscas, consta que daba entrada a sus templos un pórtico de los llamados in antis, como los primitivos pórticos griegos. En Roma, se conservan todavía como primera construcción de los etruscos la célebre Cloaca máxima, conducto abovedado que data de la época de Tarquino Prisco (siglo VI a. C.)

En diversos museos arqueológicos se hallan magníficas urnas cinerarias y grandes sarcófagos de piedra o de barro cocido, con notables relieves de labor etrusca y semejantes a los sarcófagos romanos. Se distingue de éstos en que la tapa del sarcófago etrusco suele llevar la imagen del difunto en gran relieve o en estatua verdadera pero siempre en actitud recostada. A veces, no obstante, se presenta la tapa en forma de tejado.

Urbanismo:
La civilización etrusca tuvo un carácter esencialmente urbano que se traduce en una especial proliferación de las ciudades. Hay consenso en decir que Etruria fue la primera región de Italia que antes se incorpora al modelo urbano. El siglo VIII a.C. se inicia en Etruria con modelos urbanos equiparables a los griegos. Según autores romanos, los etruscos fueron verdaderos maestros en ingeniería arquitectónica así como en la planificación de ciudades y urbanización. No cabe duda de que los romanos aprendieron mucho de ellos, pero lamentablemente no quedan en pie las edificaciones primitivas etruscas. A los etruscos se les atribuyen las normas para el trazado de las ciudades, en las que se distinguen varias fases: la inauguratio o consulta de la voluntad de los dioses; la limitatio, trazado del perímetro exterior y límites de la ciudad, y la consecratio, sacrificio realizado en la ciudad recién fundada.

La patria de los etruscos, Toscana, era demasiado montuosa para estimular proyectos geométricos; sin embargo cuando los etruscos colonizaron las tierras llanas situadas al sur de Roma, en el siglo VI diseñaron su ciudades de nueva fundación como una red de calles que tenían en el centro la intersección de dos vías principales: el cardo (N-S) y el decumanus (E-O): los cuatro cuartos así obtenidos podían subdividirse o ampliarse posteriormente, según las necesidades. Este sistema, posteriormente adoptado por los romanos, puede derivarse del plano del campamento militar etrusco así como de sus creencias religiosas que dividían el cielo en regiones según los cuatro puntos cardinales a lo largo de un eje N-S.

Generalmente la fundación de ciudades iba precedida de un ritual religioso que se iniciaba con la delimitación del perímetro de la ciudad a través de un arado tirado por un toro y una vaca, símbolos de la defensa y la fecundidad. Con ello se definía el foso perimetral sobre el que se erigían las murallas. Tras esta práctica, se trazaban las calles partiendo de un eje principal formado por 2 vías cortadas en perpendicular, el cardo y el decumanus

El trazado regular del espacio urbano constituyó el aspecto más reseñable del urbanismo etrusco, siendo precursor del trazado hipodámico que aparece ya definido en ciudades etruscas como Capua, Spina o Marzabotto, así como en la necrópolis de Orvieto, en el siglo VI a.C., aunque tiene su fundamento en la urbanística colonial griega del siglo VII a.C.

Entre los aspectos fundamentales del urbanismo etrusco lo más significativo tiene que ver con la conformación del espacio interior; según este, podemos distinguir dos tipos principales de urbanismo. Durante los siglos VII y VI antes de Cristo, prolifera un tipo de urbanismo irregular, en el que las viviendas se disponen sin orden, resultando calles de trazado irregular. Las casas, normalmente de estructura muy sencilla, se organizan de forma rectangular, siguiendo un eje o cuadradas, con espacio alrededor de la entrada. Los casos de Acquarossa, Veyes, Roselle y San Giovenale pueden resultar bastante representativos. A partir del siglo V antes de Cristo, las ciudades ofrecen un urbanismo mucho más regularizado.

Las calles eran muy anchas, y desde ellas se accedía a las viviendas que ganan en amplitud y monumentalidad. El ejemplo de mayor significación procede de la ciudad de Marzabotto
 Marzabotto, planta de una manzana

Se trata de una colonia etrusca cuyo trazado presenta calles en ángulo recto, con manzanas de casas de trazado regular. En este tipo de ciudades es donde con mayor claridad se pueden rastrear los restos de una arquitectura doméstica y religiosa con más intensidad.

La mayoría de las ciudades, sobre todo a partir del siglo VI antes de Cristo, se encontraban fortificadas con una muralla construida con aparejo de piedra o de ladrillo. La entrada se realizaba a través de puertas monumentales, modelo para los arcos de triunfo del Imperio Romano.
 Estaban formadas por un gran arco de medio punto flanqueado por dos gruesos torreones, como vemos en la Puerta del Arco de Volterra, realizada en el siglo IV antes de Cristo Otro monumento que ha sobrevivido es la Puerta Augusta de Perugia, entrada fortificada a la ciudad del siglo IIaC. La puerta en si, situada entre dos macizas torres, no es una simple puerta de acceso, sino una fachada arquitectónica. La alta abertura está coronada por un arco semicircular coronando un bocel1 , encima una balaustrada de pequeñas pilastras que alternaba con escudos circulares, dibujo derivados de los triglifos y metopas del friso dórico, esta balaustrada sirve de soporte a otra abertura mayor de arco (hoy cegada) flanqueada por dos sillares de mayores dimensiones.

Aquí los arcos son auténticos, construidos con bloques de piedra tallados en cuñas (dovelas) dirigidos hacia el centro de la abertura semicircular. Este tipo de arco es resistente y se sostiene a si mismo, al contrario del falso arco (como el de la puerta de los Leones en Micenas). Ya habían utilizado los egipcios el arco de medio punto y la bóveda de cañón en pequeña escala y en Mesopotamia en las puertas de acceso a las ciudades, y los griegos lo usaron en puertas o estructuras subterráneas pero no lo integraron en los órdenes arquitectónicos. Es a partir de los etruscos donde el arco se integra en los ordenes, desarrollándolo posteriormente los romanos.

La ciudad constituyó la base organizativa de los etruscos y a ella dedicó este pueblo una gran atención introduciendo nuevos planteamientos urbanísticos que han sido considerados, junto a la valoración de los espacios interiores en arquitectura, como una de las más importantes aportaciones etruscas al terreno de las artes, convirtiéndose además en el precedente más directo del urbanismo romano.

La ciudad de Marzabotto constituye un claro ejemplo. Era una colonia etrusca fundad en el 500 a.C., situada en el valle del Amo y llanura del Po, en cuyo trazado observamos la existencia de calles cortadas en ángulo recto, a partir de las cuales se definen manzanas rectangulares. Tenía una especie acrópolis al estilo griego donde se situaban los principales edificios religiosos, contaba además con una importante red de alcantarillado. Sin embargo no tenía plaza pública o foro, uno de los rasgos más destacados del urbanismo itálico.

Pero frente a este modelo colonial, existieron otras ciudades “militares” organizadas obedeciendo a un crecimiento orgánico determinado por las necesidades defensivas del terreno, lo cual determinaba en el espacio intramuros un trazado de calles irregulares que se iban adaptando a la topografía del terreno.

En cualquier caso las murallas jugaron un papel fundamental debido a los avatares bélicos entre sus propias ciudades o con los pueblos limítrofes. Las puertas de estas murallas adquirieron gran importancia  desde el punto de vista funcional y simbólico convirtiéndose en elementos representativos de la ciudad, cuyo rasgo más destacado fue el empleo del arco (con dovelas), pasando posteriormente a los romanos que lo utilizarían en los arcos de triunfo.

Podemos afirmar, a pesar de no contar con datos suficientes, que los etruscos realizaron importantes obras de ingeniería orientadas a la construcción de vías y canalizaciones que formaban parte de la urbanización del territorio con fines colonizadores, desarrollando un conjunto de técnicas que serían posteriormente desarrolladas por arquitectos romanos

Una de las obras más destacadas fue la Cloaca Máxima, Roma: colector en parte abovedado y en parte descubierto, de aprox. 600 mts de longitud cuya construcción obedecía al intento de desecar una vaguada y conducir al Tíber el agua de tres arroyos.

Las más importantes fueron Caere, Veyes, Volsinios, Chiusi y Vetulonia, mientras que el resto tuvieron menor importancia o sólo se consideran etruscas en determinados intervalos de tiempo.

Ciudades-estado etruscas iniciales:
Aparecen los nombres etruscos y entre paréntesis, los nombres actuales o los más conocidos en su historia.
·         Felsina (Bolonia).
·         Faesulae (Fiesole).
·         Velathri (Volterra).
·         Arrétion (Arezzo).
·         Curtum (Cortona).
·         Pupluna (Populonia).
·         Vetluna (Vetulonia).
·         Rusellae (Ruselas).
·         Velzna (Volsinios / Orvieto).
·         Vole (Vulci).
·         Tarkunia (Tarquinia).
·         Caisri (Caere).
·         Veies (Veyes).
·         Ruma (Roma).


Vivienda:
Las primeras casas eran muy simples, similares a chozas circulares fabricadas con tapial y cubiertas por ramas.
Este modelo de vivienda varió en el siglo VIII, pasando las casas a ser cuadrangulares, morfología que heredó posteriormente Roma. Se conocen principalmente por ciertas urnas funerarias que se hacían imitándolas.

Estas viviendas tenían un patio central alrededor del cual se construían las habitaciones. Había una única puerta de entrada. El patio tenía un impluvium en el
centro y la cubierta era a cuatro vertientes hacia el interior. Otra variedad era el despluvium, con la cubierta con cuatro vertientes hacia el exterior. Las tejas de la cubierta eran planas y las columnas estaban realizadas con materiales pobres o de madera.
En relación con las viviendas, se accedía a éstas a través de una entrada que muchas veces se encontraba flanqueada por dos pequeñas habitaciones llamadas tabernae. El eje de toda la casa era un patio central descubierto, conocido como toscan o atrium rodeado por un techo a cuatro vertientes, que si se orientaban hacia fuera se denominaba displuvium y si se orientaban hacia dentro, compluvium. En este caso el agua de lluvia se recogía en un estanque situado en el centro del atrio.

Frente a la entrada, al fondo del patio, estaba la habitación principal, el tablinium, situada entre dos habitaciones laterales. Las demás habitaciones rodearían al patio y en la parte posterior se situaría un jardín.

Las estructuras de madera de las casas más ricas de la Antigüedad se protegían de la humedad por placas de terracota pintadas de colores vivos. Inicialmente, la aristocracia vivía en casas de tres partes, a veces precedidas de un pórtico que daba a un patio. Más tarde construyeron grandes residencias (domus) con un patio central, según el estilo griego. Alrededor del patio se construían las habitaciones. El patio tenía un impluvium en el centro y la cubierta era a cuatro vertientes hacia el interior. Otra variedad era el despluvium, con la cubierta con cuatro vertientes hacia el exterior.

1.  La “domus itálica” y los palacios
La casa según la mayoría de los autores, constituye el principal edificio arquitectónico etrusco, pues a partir de la cabaña vlllanoviana, se articularon los primeros edificios religiosos al igual que las diversas tipologías de las tumbas, cuya distribución es una copia fiel de su estructura.
 
A mediados del s. VII a.C. las casas ya eran de planta cuadrangular dividiéndose internamente en dos habitaciones (sala de estar y dormitorio), división que con el tiempo se irá complicando adquiriendo una configuración que se convertirá en la tipología básica de la arquitectura doméstica del mundo romano, la domus itálica (ver imagen con planta vivienda etrusca siglo VI). Eran casas construidas sobre cimientos hechos de piedra con muros de adobe u hormigón, opus caementicium romano, aunque en ocasiones se utilizó el entramado de maderas con argamasa. La techumbre se realizaba a base de tejas de terracota, colocadas al estilo de las casas griegas, incorporando aleros que protegían los muros de la lluvia.

En referencia a la planta, parece que evolucionó de la distribución original hacia una estructura de diversas estancias articuladas en torno a una estancia básica denominada atrio y consistente en un patio rectangular a cielo abierto al que en un principio, se accedía directamente desde la calle, y que poseía una abertura en su cubierta, el compluvium, cuya función era la de recoger el agua de lluvia a través de un pequeño estanque ubicado en su centro, el impluvium., además de iluminar y ventilar la estructura de la vivienda. Este espacio no se entendía sólo como un elemento distribuidor, sino como una auténtica habitación de la casa con unas funciones concretas. Según Vitubio, pudieron existir hasta 5 tipos diferentes de atrio (toscano, corintio, tetrástilo, displuviado y testudianado) según la colocación de las vigas y la sustentación de los compluvia.

El esquema básico de la casa consistía en una entrada u ostium que daba acceso a un vestíbulo que a su vez se comunicaba con el atrio; enfrente de esta entrada se situaba la estancia principal de la casa, el tablinium, que funcionaba como sala de recepción de invitados y se comunicaba con el huerto o jardín. A ambos lados de esta estancia se ubicaba la cocina y el comedor. Por su parte, los dormitorios se situaban a ambos lados del vestíbulo y del patio.

Este esquema evolucionará adaptándose a los nuevos sistemas de vida así como al surgimiento de necesidades nuevas y a un creciente gusto por el lujo y la comodidad, aumentando así, desde finales del  siglo II a.C., el número de estancias y enriqueciendo la composición inicial mediante la incorporación de baños, cuadras … Aunque la casa itálica siguió siendo cerrada, se incorporó también en estos momentos el peristilo, mostrando la combinación propia de los romanos de la estética griega con sus propias necesidades. Estas transformaciones aunque tienen origen en la casa etrusca, forman parte ya de las aportaciones propiamente romanas realizadas a la arquitectura doméstica y representadas en las casas de Pompeya y Herculano.

Otra tipología arquitectónica etrusca es el palacio, que a pesar de poseer su origen en la primitiva estructura de la casa etrusca, evolucionará de forma distinta. Como en la domus itálica su distribución se realiza en torno a un patio que podía ser triangular o cuadrado, al que se dotaba de pórticos y se intentaba convertir en un ambiente de lujo destinado en ocasiones a la celebración de fiestas.

A las salas habituales de las casas se añadían graneros, dormitorios para el servicio, altares, etc... ya que por lo general eran edificios autosuficientes. Son tres los palacios conocidos y que permiten conocer esta evolución: Acquarossa, Regia del Foro y Murlo, situados en el interior de Etruria, en donde se mantuvo durante mucho tiempo el sistema económico de principados. En las zonas costeras, sin embargo, tuvo un mayor éxito la tipología de la casa itálica.


Templos:
Dado que se construían con materiales perecederos, han llegado hasta la época moderna pocos sólo unos pocos testimonios de la arquitectura religiosa etrusca en general y de los templos en particular. Las informaciones que se tienen de ellos provienen de los textos de Vitruvio, que los clasificaba bajo un nuevo orden, el toscano. Sólo a través de documentos de la época romana, pues, puede intentar reconstruirse el modo en que se hacían.

Los templos etruscos estaban situados fuera de las ciudades, en lugares elevados. .
Los templos eran grandes edificios, casi cuadrados. Se alzaban sobre un basamento o podio de piedra. Estaban destinados a no verse más que de frente, único lugar por el que se accedía, a través de una escalinata, en lugar de mediante un crepidoma perimetral. La superficie del templo se dividía en dos zonas:
·         El pórtico in antis con columnas; es la parte antecedente o pronao, con ocho columnas dispuestas en dos filas de cuatro. A veces había columnas en los laterales de la cella pero en ningún caso en su parte trasera.
·         La parte posterior, con una cella, que en algunas ocasiones se hace triple, recordando la creencia en una tríada de dioses, dedicándose cada celle a una divinidad en particular.
 

La estructura era adintelada. La cubrición a doble vertiente, es única para las tres cellas, pese a que la central es más ancha, diferenciándose del griego por la falta de krepis, la ausencia de proporciones, la triple cella y la falta del pórtico trasero.



Frecuentemente, los templos estuvieron recubiertos de placas de terracota. Tanto la techumbre como el frontón se decoraban con policromía. Un ejemplo de decoración es la cabeza de Górgona en el templo de Portonaccio en Veyes, actualmente conservado en Villa Giulia (Roma). A veces se colocaba sobre la techumbre grandes estatuas de bulto redondo, también pintadas.
Caballos alados etruscos, realizados en terracota (siglo IV a. C.). Decoraban la fachada del templo de Ara della Regina, en Tarquinia. Actualmente se encuentran en el Museo Nazionale Tarquinese.

A diferencia de los templos griegos y egipcios, que fueron cambiando con la evolución de la civilización que los originó, los templos etruscos permanecieron sustancialmente siempre iguales a lo largo de los siglos, quizá a causa del hecho de que en la mentalidad etrusca no eran la morada terrena de la divinidad, sino un lugar en el que reunirse para rezar a los dioses y confiar en que éstos escuchen.

Era frecuente llevar ofrendas a los templos, consistentes en general en estatuillas votivas en terracota o bronce, o bien animales para el sacrificio, como corderos o cabras.

La arquitectura funeraria (necrópolis)
Sin embargo será en las tumbas, las viviendas del más allá, donde se despliega en todo su desarrollo la arquitectura etrusca, ya que para muchos estudiosos el pueblo etrusco rindió un verdadero culto a los muertos, como así lo demuestran las numerosas tumbas y sepulcros de esta civilización. Durante la civilización etrusca existieron muchos tipos de enterramientos. En las sepulturas italianas de la edad deBronce, los restos del muerto (en vasija o urna) se colocaban en un sencillo hoyo junto con utensilios.

Hacia el 700 a.C. las sepulturas etruscas empezaron a imitar, en piedra, los interiores de una verdadera residencia, cubiertas con grandes montículos de piedra cónicos, el tejado podía ser en bóveda o cúpula con capas superpuestas escalonadas (falsa bóveda). Las urnas de alfarería adaptaron la forma humana, los ajuares se enriquecieron y, a partir del siglo IV antes de Cristo, en el interior de las tumbas, se generaliza el uso del sarcófago, con la representación del difunto en la tapa.
En la mayoría de los casos se trataba de urnas (bitroncocónicas o en forma de cabaña) con cenizas.

Las tumbas etruscas están bien conservadas, al haber sido construidas en piedra. Generalmente se ubicaban en las afueras de las murallas ciudadanas, pero con orientación paralela al cardo y al decumano.

Existe una clasificación de la arquitectura funeraria etrusca distinguiendo de hecho tres tipos de necrópolis o catacumbas: hipogeos, edículos y túmulos cubiertos por una falsa cúpula o bóveda, que son los más conocidos. Son famosas las de Tarquinia y Cerveteri.

Tumba de fosa o pozo: es el tipo más simple de enterramiento, para la gente más humilde. Consiste en un pozo excavado en el suelo cubierto por una lápida horizontal o con dos lápidas formando una especie de tejadillo.

Túmulos. Existieron en los siglos VII y VI. Fue el tipo de enterramiento más llamativo ya que había un túmulo de tierra hacia el exterior que podía tener hasta 40 metros de diámetro. No estaban alineados de forma tan clara como las tumbas a dado pero también crean ciudades. Estaban formados por un pasillo que llevaba a distintas cámaras. La cubierta era adintelada y a veces a doble vertiente, y en el interior había decoración en relieve para imitar el interior de una vivienda: pilastras, ventanas, bancos, sillas, etc. Encima, se ponía un tambor de piedra sobre el que iría la tierra que formaría el túmulo. A veces se colocaba algo encima, como un árbol. Como los túmulos de Cervteri.
 Entre ellas hay que recordar la Tumba de los Relieves, en el interior de la necrópolis de la Banditaccia, cerca de Cerveteri.
También en esta época aparecen tumbas con un corredor corto donde se abren dos cellas de planta oval, como la tumba de Regolini-Galassi.
Hipogeo: son cámaras excavadas en la roca, para gente más noble, y que aparecen ya a partir del siglo VI. Se imita el interior una casa y se cierra con una puerta, aunque muchas veces hay una falsa puerta. Estas tumbas muchas veces están situadas una junto a la otra formando calles y creando verdaderas ciudades. Cuando esto sucede son llamadas tumbas a dado como en las tumbas de Banditaccia, Caere.
Este modelo evoluciona de manera que el corredor da acceso a un atrio cuadrado o rectangular y a una cámara sepulcral, originando un tipo de tumba que copia las casas de los vivos, pintándose, incluso, las paredes y adornándose con elementos del ajuar casero. A partir del siglo VI antes de Cristo este será el tipo de enterramiento que más prolifera como lo demuestra, entre otras, la Tumba del Orco en Tarquinia, formada por una sola cámara en cuyas paredes se representa un banquete y se encuentran inscripciones con el nombre de algunas personalidades de la ciudad

Las paredes de las necrópolis se pintaban con vivos colores que contrastaban con la oscuridad, símbolo de la muerte espiritual. Así, las necrópolis etruscas son una fuente muy significativa, históricamente hablando, que permite conocer muchos aspectos de la vida cotidiana, de las creencias y de los ritos populares que hubiera sido imposible conocer analizando exclusivamente los textos escritos.
De ellas, la más famosa es el Hipogeo de los volumnios, descubierta en el año 1840. Este tipo de catacumba estaba formado por un inclinado acceso de escalones, que llevaba directamente al atrio. Aquí había normalmente seis tumbas (o grupos de tumbas), unidos mediante estrechos corredores (en algunos casos se trataba de auténticos túneles). Se cree que la sepultura en hipogeos se reservaba a personas de cierto rango social, especialmente políticos, militares y sacerdotes.
 
Edículos
Se construían enteramente fuera de la tierra, pretendiendo ser templos en miniatura, pero que en la práctica eran muy parecidos a las habitaciones de los primeros asentamientos etruscos. En la simbología etrusca, era muy significativa la forma de templete: representaba el punto intermedio del viaje que el difunto debía realizar de la vida a la muerte, una especie de última etapa de la vida terrena.

Entre ellos, hay que recordar el Bronzetto dell'Offerente, la mejor conservada, que se encuentra en Populonia.




ESCULTURA
En la escultura realizaron sobre todo obras en barro cocido posteriormente policromadas e hicieron figuras de gran tamaño, que preparaban por separado y unían en el momento de la cocción.
También esculpieron la piedra y el bronce, éste último tanto en bloques macizos, como en figuras huecas de gran tamaño. Los capítulos esenciales de la escultura etrusca son, por un lado, las placas de revestimiento para los templos (templo de Talamote)y las paredes de las tumbas (tumba de los relieves) y los sarcófagos y urnas; la escultura de bulto redondo relacionada fundamentalmente con templos y edificaciones funerarias; y por otro lado, la escultura estrictamente funeraria. Destacan los antefijas2 de los tejados de los templos con sátiros, ménades, gorgonas, etc.. (apotropaicos)

Escultura bulto redondo
En cuanto a la escultura de bulto redondo es en la región de Vulci, uno de los grandes centros de producción de esculturas en piedra, se encuentran las mejores obras, como la figura de un León alado, realizado en piedra volcánica a mediados del siglo VI antes de Cristo.

Hecho de roca volcánica este león pertenece a un tipo de escultura funeraria con motivos animales: leones, leones alados, esfinges, panteras, centauros, monstruos marinos y otras criaturas fantásticas de la iconografía oriental. Este tipo de escultura se desarrolló en Vulci, Tarquinia, y alrededores entre los años 600-530 aC, periodo arcaico.

El tratamiento es mas gráfico que plástico. Las excavaciones de las necrópolis han descubierto muchas obras con características similares. Los monstruos y animales fantásticos como este, se ponían en la entrada de las tumbas, marcando el paso entre el mundo de los vivos y de los muertos, posiblemente con una función apotropaica.

De esa misma época es también una de las más importantes obras etruscas, las estatuas del templo de Portonaccio en Veyes, realizadas en terracota pintada. De entre todas ellas destaca de forma extraordinaria el imponente Apolo de Veyes.

Apolo de Veyes, 500aC. Museo Villa Giulia, Roma. Terracota, 175cm.

El templo de Portonaccio o el templo de Apolo en Veyes, a poca distancia al norte de Roma, es una estricta templaria clásica pero ostentaba cuatro estatuas de terracota de tamaño natural en el caballete del tejado. Constituían un grupo dramático de los que encontrábamos en los frontones griegos: el torneo ente Hércules y Apolo por la cierva sagrada en presencia de otros dioses. Entre los fragmentos encontrados hay antefijas con cabezas de Gorgonas y Ménades, una cabeza de Turms (Mercurio), una figura femenina con un niño en brazos y dos esculturas en grupo. La mejor conservada es esta imagen de Apolo, considerada como la obra maestra de la escultura etrusca arcaica.
Su cuerpo macizo, perfectamente perceptible bajo las estrías ornamentales del ropaje, sus piernas nervudas y musculosas, su zancada deliberadamente precipitada, todo revela una fuerza expresiva que no tiene parangón en las estatuas griegas de la misma época. Apolo (Apulu) muestra un carácter etrusco muy lejano del Apolo convencionala helénico: su cara es oscura, sus ojos miran fijamente y su boca sonríe como una fiera. En la Etruria arcaica Apulu era un dios infernal, acompañado por un lobo y que luego en época clásica sería sustituido por Aita (Hades, Plutón) como señor de ultratumba.

Que Veyes era un centro escultórico importante de fines del siglo VI, parece confirmarlo la tradición romana según el cual el último del los reyes etruscos mandó venir a un maestro de aquella localidad para encargarle la confección de la estatua de Júpiter en terracota para el templo del Capitolio.

En el año 474aC las naves etruscas son derrotadas en Cumas por la flota siracusana. Hay un momento de gran crisis en la región con restauración del poder de los principies terratenientes y se abandonan los contactos con el exterior. En el año 386aC cuando los galos abandonan Roma se ven los primeros signos de recuperación. Es la denominada fase itálica de la cultura etrusca (republicana media de Roma) y finaliza en el siglo II a.C.

Artísticamente, aunque el dominio político es ahora romano, los talleres etruscos continúan con la creatividad. En escultura de esta época, tenemos los caballos alados que adornaron el Ara de la Regina (Templo mayor de Tarquinia), una caja de bronce que es la cista Fiocrónica y otras encontradas en Arezzo: el Arador de Arezzo y la Quimera de Arezzo, que representa un feroz animal luchando con Belerofonte, este no se ha conservado Caballos alados, CA300aC. Museo arqueológico Tarquinia. Terracota Es lo que queda de un carro tirado por caballos que se realizó en el siglo IV. Era parte de un alto relieve. Las figuras son muy realistas y dan una gran sensación de profundidad. Están realizados en terracota policromada. La obra está realizada en terracota y procede de diversos fragmentos del frontón de un templo etrusco llamado el “Ara de la Reina” en la antigua ciudad de Tarquinia. Se puede fechar entre los siglos IV y III a.C., aunque algunos autores la colocan más cerca del siglo III, pues fue a partir de entonces cuando los templos etruscos experimentaron una fuerte evolución respecto a la decoración de frontones y frisos. En los primeros tiempos arcaicos, no existía ese tipo de decoración, ya que el material de construcción a base de maderas sin piedras, no favorecía la colocación de ornamentos, tan solo se decoraban frisos, techumbres y aleros con alas de cerámica bellamente policromados. Probablemente estos caballos tirarían del carro de algún Dios o Diosa al que estaría dedicado el templo, al igual que vemos en otras producciones del Arte Griego, del cual el etrusco tiene una clara influencia en todas sus obras, dado que eran pueblos marineros que comerciaban con Oriente. 
 
En la mitología griega, la quimera era una criatura que escupía fuego y tenía parte de león, de cabra y de serpiente. La primera referencia a la Quimera aparece en el canto VI de la Iliada, se trataba de un animal híbrido que asolaba Grecia. Belerofonte, hijo de Glauco, a lomos de Pegaso la mata. Otro mito lo hace hijo de Era hijo de Poseidón y de Eurinome, hija del rey de Megara. Cuando era adolescente fue acusado de asesinar al rey de Corinto, llamado Belero (acción de la que procede su nombre, asesino de Belero), en otras versiones asesinó a su propio hermano Delíades o Pirén. Como castigo fue expulsado de su tierra con total pérdida de su honor. Sin embargo, Belerofonte fue perdonado, en el reino de Tirinto, donde reinaba Preto. La esposa de Preto, llamada, según versiones, Antea o Estenebea, intentó seducir al héroe, porque estaba enamorada de él pero como era rechazada, se vengó acusándole en secreto ante su marido precisamente de ese mismo delito, intentar conquistarla.
Preto, enojado, dispuso un viaje de Belerofonte hacia la corte del padres de Antea, llamado Yóbates, en Asia Menor, dando instrucciones a Belerofonte para que entregara cierta mensaje a Yóbates a su llegada. El mensaje, en realidad, era una carta en la que Preto pedía que el joven fuera asesinado. Yóbates, al tener conocimiento de tal misiva, decidió que no podía ir contra las leyes de la hospitalidad que le obligaban a tratar adecuadamente a Belerofonte, sobre todo después de haberlo agasajado durante nueve días antes de leer la carta, pero, como debía su papel de padre de la deshonrada, resolvió enviar a Belerofonte a matar a un horrible monstruo que les acosaba: la Quimera, plenamente convencido de que perecería en tal empeño. Sin embargo, como tales actos eran sumamente injustos, dado que Belerofonte no había intentado seducir a nadie, los dioses se pusieron de parte del héroe.
Atenea le entregó un freno de oro, gracias al cual podría domar al caballo alado Pegaso, que le ayudaría en su labor. Una versión de la leyenda dice que Belerofonte obtuvo tal regalo porque había ido a orar al templo de Afrodita, según consejo del adivino Poliido. Y así fue, como, localizado Pegaso y hallada la Quimera, tras una horrible contienda, Belerofonte venció triunfante a ese horrible monstruo. Para lograrlo, Belerofonte le asestó varias  cuchilladas y después le introdujo un trozo de plomo en la boca, que, al quemarse, con el continuo fuego que el monstruo expulsaba, le provocaron la muerte.

Así, a partir del siglo III a.C., adquieren las esculturas etruscas un refinamiento tan afín al Arte Griego contemporáneo, que se puede sospechar que sus autores hayan sido griegos establecidos en Etruria. Los Caballos Alados, que hoy se conservan en el Museo Nacional de Tarquinia, es una muestra de esta influencia helenística, pero también del carácter de dinamismo y estilización del Arte Etrusco.

ESCULTURA FUNERARIA
En cuanto a la escultura funeraria, se desarrolla ésta fundamentalmente en la realización de urnas y sarcófagos, en las que se aprecia una interesante evolución desde las etapas más tempranas hasta la época helenística. Los ejemplos más antiguos pertenecen a urnas de piedra y estatuas funerarias, localizadas en Chiusi, que contendrían las cenizas de los difuntos. En el caso de las urnas, algunas aparecen decoradas con relieves planos policromados. De este periodo procede también una de las obras más representativas: el Sarcófago de los Esposos, perteneciente a la necrópolis de Banditaccia, en Cerveteri. Es una excepcional obra cuyo estilo debe mucho al arte jonio de donde toma su principal inspiración. Fechado hacia el 520 antes de Cristo, es una gran urna cineraria doble, que estuvo vivamente policromada. En ella se representa, a través de una composición muy armoniosa, a dos esposos difuntos tiernamente abrazados y medio acostados sobre un lecho de odres. Descansan con el cuerpo erguido, apoyados sobre su brazo izquierdo y mirando de frente, en una actitud típica de un banquete. Esta tipología de sarcófago se va a continuar en las etapas siguientes, tal y como demuestran el Sarcófago del Magnate, de finales del siglo IV y principios del siglo III antes de Cristo, decorado con escenas de amazonomaquia y centauromaquia y con la figura acostada del difunto sobre la tapa. 
Desde la segunda mitad del siglo IV antes de Cristo aparece de forma paulatina un nuevo tipo de urna cineraria, consistente en un recipiente que solía estar decorado con una escena mitológica o funeraria ejecutada en altorrelieve. A partir de este momento se repetirán los modelos que se venían dando desde tiempos más antiguos, potenciándose, sobre todo en las últimas fases, el valor del lenguaje simbólico en detrimento de la perfección formal.

EL RETRATO
Los etruscos fueron también los iniciadores del retrato, alcanzando sobre todo al final altas cotas de realismo. Estos retratos se ofrecían como exvotos y tenían esencialmente un carácter funerario. La retratística etrusca anuncia el retrato romano, heredero a la vez del expresionismo itálico y del naturalismo griego.

Sarcófagos de los esposos, Cerveteri SVI aC
1-. Museo Nacional Etrusco de Villa Giulia., Roma
2- Museo del Louvre
Se trata de dos sarcófagos etruscos antropoides, de 1,14 m. de alto por 1,9 m. de ancho, ambos son muy similares ya tal vez ambas obras fueron realizadas por el mismo artista. Construidos en terracota, originalmente coloreados como vemos en el ejemplar del Louvre la cabellera masculina rubia, la tapa del sarcófago representa una pareja recostada en un triclinio, hecho de terracota pintada.
Muestra una pareja casada reclinándose en un banquete en la otra vida (en una escena similar a las de los jarrones griegos contemporáneos). Fueron hallados en unas excavaciones del siglo XIX en la necrópolis de Cerveteri (la antigua Caere).

Probablemente contenía las cenizas de los representados ya que detrás hay huecos quizás para guardarlas.

La postura es muy común, están reclinados en el triclinio. Los esposos están juntos y vivos. Quizá celebran un banquete, pero quizá solamente están conversando o ahuyentando a los malos espíritus. El hombre está semidesnudo y en un tono más oscuro que la mujer, que se encuentra totalmente cubierta por la túnica. Los rostros recuerdan al arte arcaico griego. La mujer lleva un tocado muy liso. Las almohadas tienen un tratamiento escultórico de gran calidad. Los rostros sonrientes (“sonrisa arcaica”), los ojos almendrados y el cabello largo trenzado, al igual que la forma de los pies de la cama, revelan influencias griegas. El marcado contraste entre los bustos de alto relieve y las piernas aplastadas es típicamente etrusco. El interés del artista etrusco se centro en la mitad superior de las figuras, y especialmente en los rostros vibrantes y brazos gesticulantes.

Los especialistas se plantean numerosas preguntas: si se representa a los cónyuges durante el banquete fúnebre o en cualquier otro banquete de la vida aristocrática; si el sarcófago está realizado para sepultar a ambos esposos o sólo a uno de ellos; por qué se produjo la sustitución de los sarcófagos en forma de cofre por estos lechos comensales. Sí parecen llegar a un acuerdo en cuanto al autor, que no sería griego -aunque las cabezas y los torsos tengan rasgos focenses.

La preocupación etrusca por las efigies de los muertos podría conducirnos a esperar en ellos, desde muy antiguo, un franco interés por el retrato individual. Sin embargo las facciones funerarias de las esculturas de los sarcófagos son completamente impersonales y hasta el año 300aC el parecido individual no comenzó manifestarse en la escultura etrusca.

De las obras más bellas de esta fase posterior, no son los retratos funerarios, que tienden más a la tosquedad y al superficialidad, sino las cabezas de estatuas de bronce. El retrato de un muchacho, de principios del siglo III a.C. (Museo Arqueológico Florencia) es una auténtica obra maestra del género: la firmeza del modelado confiere una agudeza especial a al boca, sensitiva, y a los ojos, dulces y melancólicos.
Bruto, 300aC, Museo de los Conservadores, Roma Es ya del siglo III y también está realizado en bronce. Es llamada así porque se pensó que representaba a Lucio Juno Bruto, creador de la República Romana y primer cónsul, pero en realidad se desconoce su identidad. Hay un gran sentido del retrato. Sólo se conserva la cabeza, pero probablemente se correspondería con un cuerpo de tamaño natural. Los ojos están rellenos de pasta vítrea y la barba y los cabellos están realizados de forma suave pero muy detallista. Es un antecedente de los retratos romanos. Mientras que el cabello tiene un tratamiento de tipo griego, la cara es plenamente etrusco-itálica por sus detalles de minucioso realismo, pero con una geometrización y una expresividad ajenas a la tradición etrusca, por lo que entra en el inicio del retrato romano.

De terracota policromada. De nuevo aparece la tapa con una figura recostada viva, pero la tipología es algo distinta: seguramente era un sarcófago para inhumación. La decoración en relieve es a base de columnas corintias adosadas, rosetas, etc. Ya la influencia orientalizante ha desaparecido y la griega es Leticia Martinez Campos - HAA curso 2006-7 Arte Etrusco 15 más helenística, más cerca de lo que se va a ver después en Roma. El cuerpo quizá es demasiado largo para ajustarse mejor a la forma del sarcófago. Ya no es un cuerpo aplastado, sino que tiene una de las piernas un poco doblada. En la mano lleva un platillo o un espejo. El rostro permanece tranquilo y sereno y la mujer debía ser de procedencia noble por sus adornos. representada con el gesto de apartar el velo para admirarse en el espejo. El velo está magníficamente realizado, con un remate de florecillas.


LA METALISTERIA
Los etruscos tenían fama como grandes artífices del metal, ya que la riqueza de Etruria se hallaba basada en la explotación de yacimientos de cobre e hierro.

Independientemente de las grandes obras escultóricas en metal, ya desde el sigo VI produjeron grandes cantidades de estatuillas de bronce, espejos y objetos similares, tanto para la exportación como para su propio consumo, también con figuras en forma de animalitos, figuras humanas estilizadas, decorando las urnas y las cistas (recipientes cilíndricos que servían de joyeros a las mujeres) Cista ficorini, S IVaC. Museo de Villa Giulia, Roma. Decorada con una escena grabada de los argonautas, reproducción de un cuadro griego. El asa es Dionisio con dos sátiros itifálicos. Incluye una inscripción en latín arcaico. “ Dindia Macolina me dio a su hija”.
  
Izquierda: Urna funeraria de Bisenzio (7100aC), Museo de Villa Giulia. representa la muerte de un animal, precedente de las cacerías o venationes funerarias que los romanos trasladaran al anfiteatro.
Derecha: asa de bronce, la muerte el sueño y Sampedón. Museo de Cleveland.

    

PINTURA
En la pintura etrusca se puede ver una clara influencia de Grecia y luego así mismo la pintura etrusca hará lo propio en la pintura romana. Está muy relacionada con el mundo funerario, ya que han aparecido en el interior de las tumbas, decorándolas. Por un lado aparecen escenas funerarias y, por otro, aparecen situaciones de la vida cotidiana para envolver al muerto de todo lo que había tenido. 
El auge de la pintura se dio en el s. VI, aunque en el s. IV, cuando empieza a decaer, aparece una preocupación por representar el volumen y la tercera dimensión.

La técnica es similar al fresco. Los colores son planos y vivos; destacan el blanco, el negro, el rojo, el ocre y el amarillento, y a partir del siglo IV se añade el azul y otros tonos más ricos. Los fondos son lisos y sobre ellos se recortan las figuras, en las que predomina el dibujo. Aparece la vegetación, aves, etc. No existe perspectiva, ya que hasta el siglo IV se trata de una pintura bidimensional. Se busca el movimiento, aunque muchas veces se representa de un modo muy convencional. Refleja la alegría de vivir de los etruscos.

CERAMICA
De esta cerámica, son muy característicos los Vasos canopes, llamados así por comparación con los jarrones egipcios que encerraban vísceras. Destinados a contener los restos de los difuntos, evolucionan desde una máscara sobre una tapa cilíndrica, en los osarios de finales del siglo VII antes de Cristo, hasta una tapa en forma de cabeza. Los canopes terminan adoptando formas humanas, individualizando el recipiente que debe guardar las cenizas.
      
La cerámica etrusca propiamente dicha es de barro negro (búcchero nero) no barnizado y tiene ornamentación geométrica sencilla, incisa o hecha con punzón en los vasos más antiguos y escultórica o de relieve en otros posteriores desde el siglo VI a.C.
 Alabastron Caere siglos VII-VI

Entre estos últimos se hallan la mayoría con formas de peces, mascarones, etc. o rematando en figura de cabeza humana, o como retratos vasijas.

Otras vasijas que han pasado como etruscas por haber sido halladas en la antigua Etruria y que ostentan figuras mitológicas de color negro sobre fondo rojo oscuro son en realidad griegas, como las famosas hidras caeretanas, de tal calidad que hacen sospechar que se trate de ceramistas griegos establecidos.
     
Pero las hay etruscas de imitación griega, menos arcaicas que las otras y correspondientes al siglo III a.C.
LAS TUMBAS ETRUSCAS
Cabría ver el culto etrusco a los muertos esfumarse bajo la influencia griega, pero no es así, al contrario las tumbas y su abastecimiento aumentaron en riqueza a medida que crecían las posibilidades del escultor y el pintor.
Las antiguas creencias funerarias arcaicas nos son desconocidas, pero vemos a los muertos representados como completamente vivos y felices (sarcófagos y urnas de los esposos) lo que no sugiere que consideraban la tumba como una mansión para el cuerpo y el alma (a diferencia de los egipcios que consideraban que el alma “vagaba” libremente y la escultura funeraria era inanimada). O quizás creyeron que
al atiborrar la tumba de banquetes, bailes y otros placeres podían inducir al alma a que no abandonase el mundo de los muertos.

Los etruscos eran gente profundamente religiosa, obsesionados por la vida de ultratumba que los llevó a la creación de impresionantes necrópolis, con cámaras suntuosas, en las que el difunto era rodeado por sus muebles y objetos personales que, sin duda, juzgaban imprescindibles para adornar sus tumbas y para disfrutarlos en el más allá.

Ritos funerarios de frecuente aparición eran los cortejos funerarios. La muerte de un personaje significativo en la comunidad representaba un gran jolgorio general, con la celebración de festejos que podían durar varios días, puesto que se consideraba que el muerto alcanzaba la dignidad de un semidios familiar, idea que transmitieron a los romanos. Los festejos fúnebres consistían en fiestas variadas durante las cuales se incineraba el cadáver en una pira. Durante las fiestas se reservaba un sitial vacío al
muerto, cuya alma presidía todo el ritual. Había un gran banquete, seguido de una borrachera general tras la cual tenían lugar diversas atracciones: bailes, competiciones de atletismo, circo, sacrificios de animales para leer los augurios en sus entrañas, luchas de fieras y cacerías, en las cuales se destacaba la del oso, por su significado trascendental: la sangre regaba el suelo y alimentaba a los espíritus que habitan en él. Estas complejísimas escenas se reproducían en la pintura, que empleaba además proporciones jerárquicas para los diversos personajes que aparecían en ellas. Puesto que en territorio griego no hay precedentes de este tipo de monumentos, los mismos son de valor único como exponentes del arte etrusco y como un posible eco de la pintura mural griega. Este tipo de creencias está representadas en las Tumbas de Tarquinia, como la tumba de la casa y de la pesca o de las leonas.
Pero el desarrollo de una cultura propia etrusca se vio truncado por ciertos acontecimientos relativos al Mediterráneo. Parece ser que durante el siglo VaC el concepto etrusco del más allá debió volverse mas complejo y menos festivo, con una atmósfera de incertidumbre: el destino se halla en manos de inexorables fuerzas sobrenaturales, la muerte es una gran divisoria mas que una continuación, de la vida sobre la Tierra. Cada hombre era además vigilado durante su vida por su Lasa, una especie de ángel o espíritu que informa de sus actos En esta urna cineraria, un joven señala con la mano a una mujer alada (no su esposa sino su lasa) con un pergamino donde lleva escrito el destino del muerto. El semblante melancólico y pensativo refleja estas nuevas creencias así como la influencia del arte y la concepción religiosa griega clásica.

En tumbas posteriores, los demonios adquieren un aspecto mas pavoroso; entran en escena otros demonios más terribles que entablan batalla con los espíritus benignos por la posesión del alma del difunto, como vemos en la tumba de los relieves de Cerveteri. Para escapar a estos terrores existía un meticuloso culto que incluía sacrificios periódicos y que, probablemente, incluyera sacrificios humanos. En las tumbas etruscas excavadas se han encontrado escenas de pocas figuras, frecuentemente aisladas, en especial cuando se trata de animales apotropaikos o protectores. A estos animales se añade una clase inexistente en Grecia, el animal psicopompo o "portador de almas", para llevarlas al Más Allá. El animal psicopompo por excelencia es el caballo. En un carro de guerra hallado cerca de Espoleto, se representa a la muerte divinizada conduciendo en caballos alados a los muertos hacia el cielo.. Por lo mismo, el infierno era representado de forma terrorífica, con dioses infernales con cabeza de lobos o con el demonio Tuchulcha, representado con orejas de caballo y pico de buitres y sosteniendo en su mano un puñado de serpientes. Estas condiciones se manifiestan en los frescos mas tardíos de la tumba llamada del Tifón, donde la muchedumbre de difuntos que se aprietan entre sí, mientras son conducidos, en medio del temor, por sus espantosos guías.

CAERE-CERVETERI
Si bien en la región se observan enterramientos más simples desde época ViIlanoviana, a partir del siglo VII la riqueza económica y cultural de la zona se refleja en la nueva tipología de las tumbas. Junto con las sencillas tumbas de fosa, se propagaron otras con cámara subterránea dominadas por un túmulo de tierra contenido dentro de un cimborio circular de bloques de piedra, tipo de sepultura de las clases aristocráticas (tumbas principescas).
La necrópolis de la Banditacia es la mas rica y visitada de Caere y acoge tumbas de dos siglos y medio.

Tumba de la cabaña: del siglo VII, muestra como por dentro el diseño era igual que una cabaña o choza de la época con un techo a dos aguas imitando el techo de paja. De la misma época y estilo son las tumbas de las camas y sarcófagos y de los vasos griegos, donde se encontraron 86 piezas intactas de cerámica ática.

Tumba de Regolini-Galassi: en la necrópolis de Sorbo es la más importante. Formada por dos salas estrechas y largas dispuestas en eje y dos cellas pequeñas ovales laterales, había tres cuerpos sepultados junto a valiosos ajuares,, con objetos de oro de fabricación griega colonial que hoy se conservan en el Museo Gregoriano Etrusco, como la fíbula orientalizante con relieves de leones.

La vajilla de la tumba ofrece características de variedad y acabado que hacen pensar en una precisa lógica de selección determinada por un evidente ritual funerario. En ella se aprecia la coexistencia significativa de materias primas, formas y temas decorativos tanto de importación como locales. La jarra de plata (1), con la unión del asa chapeada en oro, es de tipo chipriota, a menudo imitada localmente en los búcaros. Las páteras de plata dorada con temas de imitación egipcia (no visibles en la foto), son de producción fenicio-chipriota, mientras que una forma local, representada por la pequeña ánfora de espirales grabadas (2), producida tradicionalmente tanto en cerámica de mezcla de tierras, como en búcaro, se halla preciosamente elaborada en plata. La copa cónica (skyphos) se encuentra en la versión original protocorintia, así como en búcaro local y en plata (3). En muchos de los vasos de plata se encuentra la inscripción etrusca larthia o mi larthia, "yo soy de Larth", según el uso arcaico del objeto "parlante".

La tumba de los leones pintados, 650aC, refleja el elemento orientalizante con sus frescos de leones.
A partir del siglo VI, la arquitectura funeraria evoluciona, abandonando la estructura de cabaña y adquiriendo el modelo de planta y cobertura, cada vez mas complejos. Están precedidas de un dromos con una gran sala central con la cubierta imitando el cruce de viguetas y a las que se abren tres cellas, adornadas con capiteles eólicos o toscanos.

Tumba de los capiteles (Izda), donde el ambiente principal está adornado con dos pilastras octogonales capiteles eólicos.
La tumba del escudo y de la silla (der), encontramos dos tronos que aluden a los fundadores de la Familia Posteriormente, la zona experimenta una gran helenización, revelada por el gran número de vasijas áticas encontradas en las tumbas, en el trabajo del bronce y en la escultura como en los ya mencionados Sarcófagos de los esposos. En el ámbito funerario, los túmulos se hacen cada vez más escasos y son reemplazados por la tipología de tumbas en dado, con unos criterios organizativos que se aplicarían también a la ciudad, y que reflejan los cambios sociales, con ampliación de las costumbres funerarias a un cierto rango (no solo a unos pocos) así como una cierta uniformidad social.
En el siglo V una profunda crisis tras la derrota de la flota etrusca en Cumas y el ascenso de Siracusa, y el ascenso de la vecina Tarquinia, se refleja en la decadencia de la producción artesanal. Las buenas relaciones con Roma producen una cierta recuperación. En las necrópolis se abandona la regularidad precedente y se marcan otra vez las clases sociales. Algunas tumbas son del tipo con cámara excavada en toba, precedida de un profundo dromos; otras son mas complejas, con fachadas falsas adornadas con esculturas o profusamente decoradas.

Tumba de los relieves, es la más representativa de las tumbas de caeretanas del siglo IV. Fue e sepulcro de la familia aristócrata de los Matuna.

La tumba está toda decorada por relieves de estucos más que con pinturas. Toda la cámara, excavada en roca viva, imita exactamente el interior de una casa, sin que falten las vigas del techo Los robustos pilares con capiteles de tipo eolio, y las superficies de las paredes que quedan entre los nichos aparecen cubiertos de reproducciones exactas de armas, armaduras, utensilios caseros, pequeños animales domésticos y bustos del fallecido. Encontramos un demonio con serpientes por piernas y un perro tricéfalo- Cerbero- que resulta inquietante.


TARQUINIA
Tarquinia es la capital de la gran pintura parietal etrusca pues allí se concentró, más que en ningún otro lugar, la construcción de tumbas de una o mas cámaras subterráneas decoradas por ciclos pictóricos que constituyen, para los historiadores del arte antiguo y los arqueólogos, la muestra más eficaz de la acogida temática, iconográfica y estilística de la gran pintura griega, casi totalmente perdida, en la etrusca.
Las familias aristócratas y de elevado rango socioeconómico manifestaban, de hecho, su propio gusto helenizante y su prestigio desmesurado llamando a pintores griegos o greco-orientales a su lado. Que a menudo habían inmigrado a Etruria o incluso eran inmigrantes de segunda o tercera generación, pero que sabían mediar entre las exigencias culturales, rituales e ideológicas de un mundo complejo como el
de religión y de la concepción funeraria etrusca y los repertorios lustrados a su disposición. Era en las tumba, en las eternas residencias para el inquietante y oscuro más allá etrusco, donde mejor se conservaba este arte, aunque es muy probable que en las casas de los vivos de clase alta también las hubiera.
Los artistas de Tarquinia pintaban no al fresco, sino sobre una delgada capa de enlucido seco, lo que ha conllevado problemas de conservación las obras expuestas a los cambios de aire, temperatura y humedad tras su apertura al público, por lo que las visitas están restringidas.

La mayor parte de las tumbas pintadas tarquinesas aparecen entre los siglos VI y III-OO a.C.

Tumba de los Toros, 550aC. Sobre la pared del fondo de la sala principal que da acceso a dos cámaras secundarias, parece una escena de la épica homérica: la emboscada de Aquiles al joven príncipe Troilo, el cual es asesinado por el héroe que se esconde en una fuente. El tema de la muerte “heroica” fue utilizado muy a menudo en las sepulturas aristocráticas.

En la parte superior, un friso decorado con dos toros agazapados en las cercanías de sendos grupos formados con dos hombre y una mujer y dos hombre, en actitud erótica muy realista: ¿imágenes propiciatorias o apotropaicas?

Tumba de los augures. 520aC. Así llamada por la presencia en su ciclo de augures, sacerdotes etruscos a quienes correspondía la interpretación del futuro examinando el vuelo de las aves. Están situados junto a una puerta falsa que lleva al más allá.
En la parte baja no hay decoración, sólo se colorea formando un zócalo. La composición es simétrica, los dos personajes están en la misma postura y visten igual, en el centro está la puerta y ante ellos hay vegetación y aves.

En la parte superior hay una serie de franjas ocres y negras paralelas y arriba figuras de animales. Las figuras están de perfil. También en esta tumba aparece una estela de juegos funerarios que parece que se llevaban a cabo. Se cree obra de un artista greco-jónico o etruscojonizante, por la megalografía en al que se puede reconstruir todo el complejo ceremonial fúnebre aristocrático, con competiciones atléticas, espectáculos, y ritos en honro al difunto bajo al dirección de los sacerdotes Es inquietante la misteriosa imagen del juego del Phersu, quizás un ludus gladiatrous. Aparecen dos hombres luchando por un premio: las tres vasijas que aparecen entre ellos.
También aparece aquí Phersu, un danzante que lleva colocada una máscara.

Tumba de la Olimpiadas, 520 a.C. Un discóbolo.

Tumba de los malabaristas, 520aC. Representa juegos funerarios, quizás el propio difunto sea el que está sentado observando. La mujer en el centro, con una falda semitransparente, tiene en su cabeza un recipiente donde caen los discos del malabarista, al otro lado un flautista. .
En la pared izquierda, dos hombres en procesión, uno acompañado por un sirviente. Estas figuras junto con la de un hombre con un bastón probablemente representen el viaje al inframundo aunque por la época también podrían ser los maestros que guiaban el rito funerario. Los pájaros negros que sobrevuelan pueden indicar malos augurios.
En la pared derecha hay cuatro bailarines. Muestran una interesante armonía en su movimiento con una elegancia jónica y una expresividad etrusca.

Tumba de las leonas, 530-520aC Nos ofrece un atisbo sin igual de la vida aristocrática, con el melancólico deleite del último banquete suntuoso aderezado con simposio, danzas y música.

La pintura de esta tumba representa diferentes escenas.

Danza en relación a estos ritos funerarios. Es una danza alegre.

Una pareja de bailarines extáticos donde llama la atención la energía de sus movimientos, dotada de un espíritu mas etrusco que griego.

La mujer lleva un vestido semitransparente, y vemos el color diferentes de los cuerpos de hombre y mujer, como ya hacían los egipcios Cumple todas las características de la pintura etrusca: representación del movimiento, figuras bidimensionales con predominio del dibujo, fondo liso blanco, etc. El hombre lleva una jarra en una mano y el pelo similar a los kuroi griegos. Aparece una columna típicamente etrusca.

Otra danzarina está totalmente cubierta, pero la túnica es prácticamente transparente ya que se le ven las piernas. La túnica lleva decoración floral. La postura es más forzada que en la escena anterior. Hay doble punto de vista. El banquete fúnebre: es una escena muy representada, donde aparece un hombre recostado mostrando algo en la mano. En este caso parece ser un huevo, símbolo de vitalidad. En la izquierda lleva una copa. Tiene una postura similar a la de los sarcófagos.

También aparece una columna y por detrás una tela anudada. En la parte superior aparecen cuadrados simulando las losas del tejado.

Tumba del Baron, Es así llamada porque la descubrió el baron Kertner en 1827.. En la pared principal hay dos “hipocampos” o caballos mitológicos con colas de pez acompañados de dos delfines rojos.

Diez bandas separan esta escena del friso principal: en el centro un hombre vestido de negro con un joven rubio tocando la flauta doble (aulos) y avanzan hacia un hombre joven (sacerdote?) que lleva un kylix en sus manos.
Una mujer (o sacerdotisa?) alza sus brazos en forma de saludo. A la izquierda, figuras ecuestres. Entre cada figura pequeños árboles. En la pared izquierda, una mujer con la cabeza cubierta y dos hombre rubios a su lado sujetando una caballo negro y uno rojo. Los tres vestidos con túnicas verdes. La escena representa el deseo de los esposos de reunirse en el mas allá. Las pinturas han sido interpretadas de diversa formas, pudiendo significar la preparación del viaje al mas allá. Líneas simples y narraciones solemnemente enfatizadas.

Tumba de Cardarelli, CA 500 a.C. Llamada así en honor al poeta que murió un año después de su descubrimiento. Una puerta falsa pintada, dos músicos al lado. Más escenas de rituales y banquetes funerarios.

Tumba de la casa y de la pesca, 520-510C. En a primera sala se representa el retorno de una cacería, en las segunda, por encima del paisaje descubrimos una pareja de esposos en un banquete.

El fragmento mejor conservado muestra una vasta extensión de agua y cielo donde los pescadores y el cazador armado de un venablo desempeña solo un papel incidental. El movimiento holgado y rítmico de las aves y los delfines es una sorprendente reminiscencia de la pintura minoica de un milenio antes, pero sin la cualidad alada y flotante del arte cretense. También nos evoca el Dionisio en la barca del Kylyx de Exequias, pero de todas formas nunca antes se había logrado situar al hombre en un ambiente natural en esta medida, si bien en este sentido nos recuerda la cacería de la tumba de Ti, egipcia, aunque en este caso el artista habría infundido vida a la escena, característica del arte etrusco y no del egipcio. EL Un joven desnudo se lanza al agua desde un peñasco, evocando otra obra “La tumba del zambullidor” de la misma época en Paestum, aunque con otra concepción del paisaje.


Tumba de la nave, mediados del Siglo V, después de la batalla de Cumas. En mal estado de conservación. Muestra un navío, y una escena de banquete. Quizás recordando el glorioso pasado de Etruria como potencia naval.

Tumba de los leopardos, mediados del siglo V. Dos leopardos en la pared principal como figuras apotropaicas. Banquete funerario, en cada triclinio hay un hombre y una mujer (a diferencia de Grecia, estas participaban de los banquetes).
Un hombre ofrece un huevo a una mujer como símbolo de vida eterna.
Escenas de músicos y bailarines.

Tumba del Triclinium, 470aC. Es así llamada porque la escena del frente representa a unos personajes sentados en un triclinium celebrando un banquete.

Han sido restauradas y se exhiben en el museo. Se va perdiendo el linealismo pero continúan las mismas características. Escenas similares a la del leopardo: banquete funerario.

De pie aparece una figura atendiéndoles. Debajo del triclinium y en la parte superior aparecen animales. La cubierta real está decorada con cuadrados de colores similares a losetas, que era lo que debía aparecer representado en la tumba de los leones.

En las otras paredes aparece acompañando un hombre tocando instrumentos musicales, que se tapa con una túnica transparente muy trabajada y que tiene pliegues con muchas curvas. El danzante está en una postura similar a las anteriores Tumba de los demonios azules, descubierta en 1985. Combina la temática de caza y banquete con algo nuevo: la descripción de los infiernos. El muerto llega al inframundo flanqueado por dos demonios, el azul esta sentado en una roca y tiene dos serpientes y otro esta alado.

Tumba del orco I, mediados del siglo IV hipogeo helenístico de compleja estructura. Decoración con escenas de la familia Velcha. Escenas de banquete aristocrático con los esposos ricamente ataviados y enjoyados. Destaca la bellísima cabeza de Velia Velcha, con un naturalismo “lírico terrorífico”. En la pared opuesta, el demonio Charum (Caronte) espantoso como todos los demonios de la muerte concebido por los etruscos.
Tumba del orco II, en la segunda sala se representa la épica homérica de la escena del cegamiento e Polifemo así como Hades y Perséfone y Teseo con el demonio e Hipnos el dios del sueño Tumba de los escudos, 280aC. Debe su nombre a al decoración con escudos dorados. En la tumba de los escudos, el tema del banquete fúnebre es tratado con diferente inspiración, ya que los rostros son auténticos retratos subrayados en claroscuro.

Velthur Velcha, padre de Laris, y su mujer Ravnthi Aprthanai y dos músicos Laris Velcha ofrece a su mujer Velia Seihiti un huevo como signo de re-nacimiento Tumba del tifón, 200-150aC. Tarquinia ya es un Municipio de Roma. Se ve un reflejo del estilo barroco de Pérgamo sobre todo en el plasticismo de los cuerpos de los demonios altos y en el patetismo de sus expresiones, signos de una inquietud existencial que todos advierten en la decadencia de Tarquinia que durante un tiempo tuvo a sus pies a la mismísima Roma.


Lengua Etrusca:
Las ciudades estado de la Liga Etrusca, limitadas por los Apeninos, el Tíber, el Arno y el mar, fueron los vecinos septentrionales de Roma durante la segunda mitad del primer milenio a. C. Los etruscos aparecen en la historia hacia el 900 a. C. y su periodo de grandeza política, económica e ideológica tuvo lugar entre los siglos VIII al VI a. C. Tras esa etapa se produce un declive de su influencia, si bien las ciudades-estado no fueron absorbidas por el Imperio Romano hasta el siglo I a. C., y la lengua dejó de usarse para propósitos sagrados sobre el mismo tiempo aunque desconocemos la fecha hasta la que pervivió como lengua viva. A pesar de repetidos esfuerzos de conectar la lengua etrusca con las indoeuropeas, o con las aglutinantes de tipo urálico o con las caucásicas, no se ha encontrado relación definida con ninguna lengua.
De entre los siglos VII al I a. C. existen aproximadamente 13.000 inscripciones, pero en su mayoría se trata de pinturas funerarias o aparecen en pequeños objetos (vasijas, urnas, espejos, joyas, monedas, dados, etc.) de arcilla, piedra, bronce, pizarra, marfil u otros materiales, y son muy repetitivas: en casi todas ellas hay nombres de persona y/o fórmulas (por ejemplo eca suthi, 'esta es la tumba'). La muestra de etrusco más extensa, sin embargo, no deja de ser una curiosidad, pues consiste en un texto de 1.200 palabras en total (incluidas las repeticiones, el número de palabras diferentes es de 500) localizado en un envoltorio de lino de una momia, aparentemente adquirida en Egipto a mediados del siglo XIX y hoy en el Museo Nacional de Zagreb. Aunque sólo se comprende parcialmente, nadie duda de que, antes de que fuera cortado para servir de envoltorio o venda, se trataba de un texto ritual que recomendaba las ceremonias que debían celebrarse durante varias fechas del calendario religioso. Se desconoce el modo en que llegó a Egipto.
Mucho más relevante ha sido el descubrimiento en Pyrgi (1964) de tres placas de oro, dos de ellas inscritas en etrusco y una con un texto paralelo, aunque no idéntico (una dedicatoria a una diosa), en púnico. Existen unas pocas palabras etruscas con significado, de las que tenemos conocimiento porque han sido citadas en textos latinos y griegos. Además de un buen número de nombres de lugar, pueden entenderse, con escaso margen de error, alrededor de 200 palabras (ais 'dios', puia 'esposas', tur- 'dar', y algunos numerales, entre los que se incluyen hasta el número seis: thu, zal, ci, sa, mach, huth). También contamos con ciertas nociones sobre la gramática, en particular algunos rasgos morfológicos de los nombres, pronombres y verbos. Hay además un grupo de palabras latinas de origen etrusco, tales como atrium 'entrada de una casa', histrio 'actor', o stilus 'instrumento de escritura'.

La lengua podría haber desaparecido en los albores de la era cristiana, aunque algunos (Bonfante, 1983: 47) han sugerido una continuidad "en la lectura y en el uso por los sacerdotes como lengua sagrada" hasta quizás principios del siglo V ya que, en el 408, los sacerdotes manejaron encantamientos y oraciones en etrusco en un intento desesperado de defender a Roma del godo Alarico.

5 comentarios:

  1. Me pareció una buena y completa exposición acerca del tema.

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  2. Excelente, continúe haciendo estas exposiciones que son muy interesantes

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  3. Copiar y pegar puede delatar: "Ya la influencia orientalizante ha desaparecido y la griega es Leticia Martinez Campos - HAA curso 2006-7 Arte Etrusco 15". Incluso hay una foto que tomé personalmente en el Met. Son apuntes que hice para Historia del Arte Antiguo. Leticia

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  4. He encontrado un artículo muy interesante y novedoso sobre el origen de los etruscos, en el enlace http://www.pueblos-del-mar.blogspot.com.es/

    Copio y pego a continuación el resumen de este artículo:

    El proceso histórico que dio origen a la civilización etrusca en Italia fue bastante complejo y se desarrolló durante un largo periodo de 400 años. En una primera fase, datada a finales de la Edad de Bronce, se establecieron en las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega algunos grupos de navegantes egeo-anatolios pertenecientes a los llamados Pueblos del Mar, quienes habían sido víctimas de las devastaciones producidas en el Mediterráneo oriental durante la gran crisis de 1200 a C. En una segunda fase que puede situarse en el siglo X a C, la tribu indoeuropea de los umbros desarrolló la cultura villanoviana en la región de Toscana, al mismo tiempo que un nuevo grupo de inmigrantes de origen egeo-anatolio introducía la metalurgia del hierro en las islas del mar Tirreno y establecía relaciones comerciales con los umbros. La tercera y más importante fase se inició a principios del siglo VIII a C y tuvo como consecuencia la ocupación de toda la Toscana, así como la zona de Capua en Campania, por los navegantes de origen egeo-anatolio, los cuales debieron de establecerse en estas regiones como una élite dominante e introdujeron así su avanzada cultura, que usualmente ha sido llamada “orientalizante”. Estos grupos que se trasladaron desde el Egeo hasta el Mediterráneo central en varias oleadas procedían de las regiones de Lidia, Misia y Tróade, así como de las islas de Lemnos y Lesbos, y la mayoría de ellos debían de ser pelasgos, pertenecientes por tanto a la más antigua población del mar Egeo. La lengua de los pelasgos, documentada en la isla de Lemnos, no era indoeuropea y fue la que originó la lengua etrusca. Otro grupo de pelasgos, procedentes del norte de Grecia, se había establecido en el noreste de Italia y debió de ser asimilado por los etruscos durante su gran expansión territorial.

    Un saludo

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