lunes, 6 de junio de 2011

ARQUEOLOGÍA - ROMA

ARQUEOLOGÍA ITÁLICA Y ROMANA

HISTORIOGRAFÍA EN ROMA

1. LOS ORÍGENES

Durante los primeros siglos en Roma no hubo más escritos que aquellos que afectaban directamente a la vida pública o privada de sus ciudadanos: documentos religiosos, políticos, jurídicos, familiares...

Entre los archivos de los Colegios Sacerdotales destacan los "Annales Pontificum", llamados así porque en ellos los Pontifices incluían una lista de los principales acontecimientos del año (annus).

• De igual forma el Senado y los Colegios de Magistrados registraban en sus archivos todo lo referente a su propia actividad o al Estado en general.

• El texto legal más importante debió de ser el de la "Ley de las Doce Tablas", base de todo el derecho posterior.

• Quizás menos dignos de crédito son los documentos privados, dedicados la mayoría de ellos a ensalzar las virtudes de los antepasados familiares.

2. LOS ANALISTAS

A partir del triunfo en las Guerras Púnicas, Roma recibe las influencias del exterior. La sociedad romana y toda su cultura adquieren un nuevo enfoque en el que Grecia desempeña un doble papel importante:

• por una parte, el conocimiento de la historiografía griega despierta en los escritores romanos el deseo de escribir la historia de Roma;

• por otra, la lengua griega es en ese momento un vehículo de expresión más adecuado que el propio latín: no en vano era la lengua de mayor difusión entre los pueblos del Mediterráneo.

Surgen los Analistas, llamados así porque describen los acontecimientos por años (annus). Las fuentes de que disponían eran los documentos que ya hemos citado y las referencias que se habían hecho de Roma en otras literaturas, sobre todo la griega. Los Analistas escribieron la historia de la ciudad, basándose más en tradiciones legendarias o en imitaciones de la historia de Grecia que en los propios hechos del pasado de Roma, en buena parte desconocidos para ellos.

Los primeros analistas escribieron en lengua griega y los posteriores en latín.

Q. Fabio PICTOR es el primero del que tenemos noticias; su historia de Roma comienza con la fundación y llega hasta el tiempo del escritor (segunda mitad del siglo III).

De la misma época es L. Cincio Alimento, que también comenzó su relato con los antecedentes del origen de la ciudad.

Postumio Albino y C. Acilio, del s. II a. C., escribieron también en griego, a pesar de pertenecer a una época posterior, cuando ya Catón había escrito sus "Orígenes" en latín.

M. Porcio CATÓN, nacido en el 234 a. C., se caracteriza por ser un hombre tenaz e insobornable.

Fue censor en el 184 y ejerció tan duramente el poder de su cargo, que es conocido con el sobrenombre de "Censorius". Sentía una especial aversión hacia toda la influencia helénica por considerarla culpable del deterioro de las antiguas costumbres romanas. Por eso no sólo escribió su historia en latín, sino que además dejó de centrar su relato en la relación de Roma con el mundo helénico, como habían hecho sus antecesores, y se basó en la conexión de Roma con el resto de

Italia.
A lo largo del s. II a.C. los Analistas continuaron escribiendo en latín: L. Calpurnio Pisón, L. Caecilio Antipater, Claudio Quadrigario, Valerio Antias, L. Cornelio Sisenna...

Hay ya en ellos un distinto enfoque de la historia, que no se limita a la enumeración de los hechos desde los orígenes, sino que amplían su campo de interés a otros temas como la geografía, la etnografía, la religión... Introducen frecuentemente, además, digresiones y discursos en la narración.

3. LA HISTORIOGRAFÍA EN ÉPOCA CLÁSICA

Hasta ahora la historiografía se había preocupado esencialmente del pasado de Roma. Los distintos autores, con mayor o menor extensión, habían tratado de reconstruir los orígenes e historia de la ciudad, valiéndose para ello de los escasos documentos antiguos y, más generalmente, de los mitos y leyendas que engrandecían los antecedentes de Roma y de sus gentes.

En los últimos años de la República se produjeron grandes cambios sociales y políticos y esto influyó también en los historiadores.

Los partidos políticos estaban en dura lucha por el poder y, por eso, la propaganda política y electoral era sumamente importante. Por otra parte, el régimen republicano no podía organizar y controlar un imperio tan grande y era inevitable la progresiva evolución hacia un régimen imperial.

En estas circunstancias destacaron las figuras de C. Julio César, líder del partido demócrata y uno de los personajes más importantes de la historia de Roma.

Salustio Crispo. Menos importancia tiene el biógrafo Nepote.

Tras el asesinato de César en el 44 a. C. hubo en Roma un período de luchas civiles y de dura tensión política. Cuando Octavio venció finalmente a Marco Antonio y a Cleopatra en Actium en el 31 a. C., los romanos recibieron con gran alivio la paz que esto podía acarrear, aunque ello supusiera la pérdida de las libertades de la República.

Augusto, nombre honorífico que el senado confirió a Octavio y con el que lo conoce la posteridad, basó, en efecto, toda su política en la restauración y la unificación del Imperio. Quiso recuperar los viejos ideales republicanos, anteriores al caos de las guerras civiles, y hacerlos compatibles con los nuevos tiempos y con el sistema monárquico de su gobierno. Con la ayuda de uno de sus consejeros, Mecenas, promovió especialmente la literatura como el mejor camino para devolver a los ciudadanos los antiguos valores morales y espirituales y aquel orgullo de ser romanos.

De esta época es el historiador Tito Livio que, con su obra Ab urbe condita, colaboró también con esta idea de Augusto.

Por tanto, los grandes historiadores de la época clásica son César, Salustio y Tito Livio.

Haremos también una breve alusión al biógrafo Nepote.

CÉSAR
Cayo Julio César (C. Iulius Caesar) se constituyó en el líder del partido demócrata o popular e hizo un pacto privado con los otros dos personajes políticos del momento, Pompeyo y Craso, conocido como el Primer Triunvirato. Fue una alianza que sobre todo unía esfuerzos de los tres contra el senado, principal obstáculo para los planes de cada uno.

Tras su consulado en el 59 a C., César logró un mando militar superior con su nombramiento como procónsul de las Galias por 5 años. Durante este tiempo llevó a cabo unas intensas campañas de pacificación y conquista de estos pueblos galos, que le proporcionaron prestigio político, botín y un ejército incondicional.

Pero en el senado hubo duras críticas contra él por el elevado gasto de la campaña y por la dudosa legalidad de muchas expediciones contra la Galia libre.

Para contestar a estas críticas y para justificar la guerra, escribió sus "Comentarios sobre la Guerra de las Galias" (“De bello Gallico”).

Mientras tanto, Craso había muerto y Pompeyo había afirmado su poder en Roma apoyándose en el senado. Las duras discusiones en el senado entre los partidarios y los enemigos de César provocaron una tensa situación; César pretende regresar a Roma sin licenciar el ejército, pero Pompeyo, el Senado y los enemigos de César se oponen a ello.

César, al enterarse, cruzó el Rubicón (frontera de su provincia con Italia) sin licenciar el ejército, a pesar de la ilegalidad del hecho y de la prohibición del senado. Con esta acción dio comienzo la guerra civil.
Pompeyo se retiró a Oriente; César, después de destruir las tropas que tenía aquél en Hispania, y a pesar de algunas derrotas como las de Dyrrachium, venció a su adversario en la llanura de Farsalia. Pompeyo huyó a Egipto, donde fue asesinado por orden del rey Ptolomeo XII, hermano de Cleopatra.

Estos acontecimientos constituyen el tema de los "Comentarios sobre la Guerra Civil" (“De bello civili”)

César, después de otras campañas militares que aumentaron su poder, fue nombrado de nuevo dictador y recibió del senado las atribuciones de un monarca, lo que ponía fin al sistema republicano. Esto fue la causa de una conjura de varios senadores encabezada por Bruto y Casio, que asesinaron a César el 15 de marzo del año 44 a.C. (Idus de marzo) Obra literaria:

Con César la historiografía adquiere un nuevo planteamiento. En el enfoque que da a la obra histórica influyeron, sobre todo, tres factores: la propia personalidad del autor, las nuevas corrientes literarias y el profundo cambio en la vida social y política de Roma.

Escribió sus dos obras, "Comentarios sobre la Guerra de las Galias" y "Comentarios sobre la Guerra Civil", con un doble fin: por una parte, justificar ante el Senado y el pueblo sus campañas militares y, por otra, contribuir a su propia propaganda política.

"Comentarios sobre la Guerra de las Galias" (“De bello Gallico”). Esta obra consta de 7 libros en los que trata de demostrar la necesidad de sus campañas en las Galias y expone la gloria de sus propias victorias.

Inserta además muchos datos interesantes sobre la geografía y las costumbres de estos pueblos.

"Comentarios sobre la Guerra Civil" (“De bello civili”) son 3 libros que describen la guerra civil entre César y Pompeyo (años 49 y 48), narración que termina con la muerte de su adversario.

La obra pretende ser, por parte de César, una justificación personal, procurando hacer ver que fueron Pompeyo y el senado los responsables del conflicto. Se trata, en resumen, de dar su propia versión de los hechos.

Su estilo es claro, con frases sencillas y vocabulario bastante limitado, pues debía ser entendido por la gran mayoría de ciudadanos romanos, ante los que realizaba la propaganda de sus actuaciones.

Se refiere a sí mismo en tercera persona, lo que produce una impresión de objetividad que no lograría si lo hiciese en primera.

Como historiador, debemos poner en duda su veracidad, ya que presenta los hechos de la forma más favorable para él. Sin embargo, su técnica narrativa está considerada como un modelo digno de ser imitado por su método expositivo y su claridad.

SALUSTIO
Cayo Salustio Crispo (C. Salustius Crispus), 86-35 a. C., partidario y amigo de César, participó sin mucho éxito en la vida política de aquellos tumultuosos años, y vivió, en líneas generales, sin privarse de los vicios que caracterizaban a la clase alta de Roma.

En los últimos años de su vida se retiró de la política y se dedicó a escribir, criticando

precisamente aquellos vicios, que habían sido también los suyos.

Obra literaria: Sus obras son:

• dos monografías,

• "La conjuración de Catilina" y

• "La guerra de Yugurta".

• una obra más general, “Historias”.

Elige como temas de sus obras los hechos de un pasado cercano, para reflejar el deterioro al que ha llegado la sociedad romana, especialmente la clase alta:

 La Conjuración de Catilina fue un hecho de su propia época y que, por tanto, él había vivido.

Narra la conjura para hacerse con el poder del Estado tramada por Catilina, un hombre muy ambicioso, en el 63 a.C., año del consulado de Cicerón. Según el propio Salustio nos dice en la introducción, desea tratar este tema porque considera que es un hecho memorable, tanto por su novedad como por el peligro a que llevó a la república.

 La Guerra de Yugurta, narra el enfrentamiento que tuvieron los romanos contra este rey de Numidia. Había ocurrido en un pasado reciente y en una región que él conocía bien por haber sido procónsul en Numidia.

 De su último y más importante trabajo, "Historiae", sólo conservamos algunos fragmentos.

Su estilo y su lenguaje se caracterizan por la concisión y la brevedad y por el uso intencionado de arcaísmos. En sintaxis destaca la yuxtaposición, el paralelismo y la variatio.

Concepto de la Historia:
Salustio intentó dar a la Historia un matiz filosófico, tratando de explicar las causas y las consecuencias de los hechos narrados. Pone un especial interés en la caracterización de los personajes que han intervenido en la historia, como dato importante para entender los acontecimientos.

Concibe la historia como una lección moral para la posteridad. Los valores morales y sociales que trata de transmitir son justamente los contrarios a los que entonces dominaban en la clase alta de Roma. Alaba los valores morales frente a los materiales y critica la corrupción y la inmoralidad que abundan en Roma en los últimos años para llegar a la conclusión de que se ha llegado a ellos por abandonar las buenas costumbres de los primeros romanos.

Esta idea y esta interpretación histórica se refleja especialmente en los prefacios de sus dos monografías y en los discursos que incluye frecuentemente en sus obras.

Se le acusó en su tiempo -y él mismo lo reconoció- de que sus ideas moralizantes no estaban muy de acuerdo con su vida de juventud, pero ya la Antigüedad lo valoró como un historiador en sentido pleno y un excelente escritor.

NEPOTE
Cornelio Nepote, autor mediocre, es especialmente conocido por sus biografías. Recoge las vidas de personajes griegos y romanos en su principal obra “Sobre los hombres ilustres” ("De viris illustribus").

Aunque carentes de calidad literaria, a la gente le gustaban estas historias por lo que tenían de anecdótico sobre las personalidades famosas.

TITO LIVIO
Nació en Capua en el año 59 a. C. y murió en la misma ciudad en el 17 d. C.

Fue un hombre que dedicó su vida a su propia formación y a la redacción de los 142 libros de historia, que iba publicando de cinco en cinco.

Aunque Tito Livio era un hombre de ideas republicanas, veía en Augusto la única posibilidad de terminar con las duras luchas civiles y de detener la progresiva decadencia del Imperio. Por eso, asumió el ideal político de Octavio Augusto, colaborando en su programa de pacificación y de restauración moral de Roma. Se trataba de despertar en el pueblo mediante la literatura la confianza pública, el amor a la patria, el sentimiento religioso, el respeto a la tradición...

El título de su obra es "Ab urbe condita" y comprende, como su título da a entender, la historia desde los orígenes de Roma. La narración llega hasta la muerte de Druso en el 9 a. C.

En el prólogo explica los fines que persigue al escribirla: hacer ver cómo ha llegado Roma a la presente degeneración moral. Alaba las antiguas virtudes nacionales, que la hicieron tan poderosa, y opina que Roma sólo se salvaría volviendo a ellas.

A través de su relato conocemos no sólo los hechos cronológicamente ordenados, sino también el espíritu de sus protagonistas, de los que da una interpretación psicológica como dato importante para comprender el desarrollo histórico.

4. LA HISTORIOGRAFÍA EN LA ÉPOCA POSCLÁSICA

En la época posterior a Augusto las obras históricas, al igual que el resto de la literatura, reflejan el peligro que podía suponer para un ciudadano manifestarse contra la familia imperial o a favor del sistema político republicano. De la época de Tiberio son Cayo Veleyo Patérculo y Valerio Máximo, que se caracterizan por la adulación al emperador.

El escritor más importante de la historiografía postclásica es Tácito.

TÁCITO
P. Cornelio Tácito no comenzó su actividad literaria hasta después de la muerte de Domiciano, cuyo régimen despótico había paralizado toda actividad creativa. Recuperada la libertad en el reinado de Nerva y Trajano, Tácito comienza a escribir y a publicar sus obras con el deseo de hacer justicia al pasado y reflexionar sobre el presente, salvando del olvido los grandes valores morales y condenando los vicios.

Obra literaria:

Consulta todas las fuentes anteriores con los ojos críticos de quien quiere hacer una obra seria y objetiva, y con esta misma idea utiliza todos los medios a su alcance (actas, informes, testigos...) y su propia experiencia para escribir su historia.

Con su estilo solemne y conciso, enjuicia al Imperio como el régimen político de su realidad histórica. Aunque para Tácito el resultado es claramente desfavorable al régimen imperial, ve que el poder absoluto y personal es el único sistema posible para la Roma actual, y lo único que cabe esperar es que se sucedan buenos emperadores.

Las dos obras importantes de Tácito, y que le hacen merecedor del título de “el más grande historiador” de Roma, son:

• los Annales, que comprenden el período histórico que va desde la muerte de Augusto hasta la de Nerón.

• las Historiae, desde ese año de la muerte de Nerón (69 d.C.) hasta la muerte de Domiciano en el 96.

Otras obras:

En el 98 d.C. publicó Sobre la vida y costumbres de Julio Agrícola, una biografía sobre su suegro Agrícola, ilustre militar que fue procónsul en Bretaña y murió posiblemente víctima de la envidia del emperador Domiciano. En esta pequeña obra, al tiempo que hace un inmejorable estudio de la tierra y de los hombres de Bretaña, condena claramente el régimen tiránico de Domiciano.

La Germania es un gran estudio étnico sobre este pueblo guerrero y de costumbres sencillas, cuyas virtudes, semejantes a las de los primitivos romanos, pueden hacer de los germanos un peligroso enemigo de Roma.

Otros escritores:

Suetonio: Secretario particular de Adriano. Con el emperador Adriano comienza en Roma una etapa de florecimiento cultural con un nuevo empuje de la influencia griega, aunque en la historiografía no encontremos grandes creaciones.

La obra más importante de Suetonio es Vida de los 12 Césares. Su valor como historiador es bastante discutible y sus biografías no son en realidad más que una colección de chismes y anécdotas sobre el personaje, sin hacer el más leve intento de crítica o de relato histórico.

Amiano Marcelino es considerado el último historiador romano. Su obra pretende continuar la historia donde la dejó Tácito. Es un historiador imparcial y objetivo, y por ello digno de crédito, aunque estilísticamente no pueda compararse con su modelo.

HISTORIA
En la prehistoria, la península italiana estuvo habitada en la época neolítica, especialmente en la cuenta del Pó, por pueblos agricultores que construían chozas sobre pilotes; los cuales han sido denominados terramares (tierras negras) a causa de haber quedado sus aldeas cubiertas por la tierra, formando colinas. En esos pueblos, cuyo origen no es trazable, se produjo la evolución del neolítico (época de los utensilios de piedra pulida) hacia la edad del bronce, al haberse utilizado este metal, especialmente para fabricar puntas de armas y otros utensilios.

Durante esa Edad del Bronce, transcurrida aproximadamente entre los años 2000 a 1000 a.C., sobrevinieron en la Europa Central, habitada por los pueblos del tronco denominado indoeuropeo, circunstancias desconocidas que determinaron una emigración de éstos hacia el sur; dirigiéndose algunos hacia los Balcanes y la península griega y otros hacia la península itálica, a través de los pasos de los Alpes.

Archivo:Civilizacion etrusca.png

Los pueblos indoeuropeos que penetraron en la zona de la cuenta del Pó, son conocidos como los pueblos itálicos; los que aparentemente se mezclaron con los preexistente habitantes de dichas llanuras, a lo largo de varios siglos, y en sucesivos avances se extendieron gradualmente hacia el sur.

Organizados en tribus, los pueblos itálicos se diferenciaron en tres grupos predominantes, los umbríos que se situaron al este de los Apeninos en la costa norte del Adriático, los samnitas inmediatamente al sur de los anteriores, en los valles y estrechas estribaciones orientales de los Apeninos; y los latinos, que se instalaron en la zona del Lazio, en el valle del río Tíber especialmente en las áreas de la ribera sur, cercanas a la costa del mar Tirreno.

Estos pueblos vivieron de una agricultura primitiva y de la cría de rebaños, especialmente ovinos, durante el segundo milenio a.C., en la etapa de la edad de bronce; hasta que, entre los años 1000 a 600 a.C., al tiempo que ingresaron en la Edad del Hierro, aparecieron en las costas itálicas pueblos provenientes de los territorios de civilización más avanzada del Mediterráneo oriental, los fenicios, los etruscos y los griegos, lo cuales, introduciendo la escritura, pusieron fin a la época prehistórica.


Primeros habitantes
Difícil es determinar cuáles fueron sus primeros habitantes. Los Aborígenes debieron ser anteriores a una raza jafética, llamada de los Tirsenos, Rasenas o Tirrenios, los cuales dieron su nombre al mar occidental, mientras que el oriental lo tuvo de Adría, ciudad igualmente tirrena.

Pertenecen estos a la edad fabulosa de Jano, Júpiter y los Sátiros, como también los Vénetos, los Euganeos, los Opobios, los Camunios y los Lepontios, y tal vez los Tauriscos, los Etruscos, los Opicos y los Oscos o Toscos; considerados todos como diferentes de los Sículos y de los Pelasgos. Dieciocho siglos antes de J C, fueron a Italia los Iberos, los cuales, viniendo de la Armenia llegaron hasta España.

A esta raza pertenecían los Ligurios de la Alta Italia, los Ítalos que se extendían entre la Marca y el Tíber, y los Sicanos, considerados por algunos historiadores como originarios del Epiro, y asimilados a los Pelasgos.

Celta es el nombre de una numerosa estirpe nórdica, una de cuyas ramas ocupó la Italia bajo el nombre de Umbros, y se dividió en tres bandas: Oll-Umbria, entre el Apenino y el Jonio; Is-Umbria, alrededor del Po; y Vil-Umbria, que fue luego Etruria; quedando el país oriental para los Iberos. La primera fecha histórica es la fundación de Ameria, trescientos ochenta y un años antes de Roma. Contemporáneos de estos grandes pueblos fueron otros pequeños, como los Titanes, los Cíclopes y los Lestrigones, que parecen oriundos de la raza de Cam y procedentes del África.

Pelasgos
Como conquistadores y civilizadores aparecen luego los Pelasgos, gente industriosa que en todas partes precedió a los pueblos de gran renombre. Tal vez llegaron los primeros con Peucetio y Enotro, diecisiete generaciones antes de la guerra de Troya; nunca fueron verdaderos dueños de la península, pero siempre estuvieron armados luchando contra los Sículos, único pueblo de que Homero hace mención en Italia y que los Pelasgos rechazaron hasta la isla.

Otros, procedentes de la Dalmacia, fabricaron, 14 siglos antes de JC, y en la desembocadura del Po, la ciudad de Espina, combatieron con los Umbros, y juntamente con los Aborígenes de la Sabina fundaron ciudades en el Apenino, de las cuales aún quedan murallas de grandes dimensiones, compuestas de enormes peñascos, unas veces toscos y otras tallados; mientras hay quien los considera como bárbaros feroces, los elogian otros por haber introducido el alfabeto, el hogar doméstico y la piedra de límite, es decir, la familia y la propiedad. Sorprendidos por graves desventuras, inundaciones, erupciones y sequías, abandonaron la Etruria, emigraron muchos de ellos, y otros fueron sometidos a nuevos pobladores y reducidos a la esclavitud.

Etruscos

1/Introducción
Fuentes literarias, históricas, arqueológicas, epigráficas o numismáticas.

Las fuentes históricas, nos dicen que estaban situados entre el Tíber y el Arno, el Tirreno al este, y los Apeninos al oeste.
Mapa de Etruria donde figura Narni


Las fuentes literarias que hablan de este pueblo están impregnadas de un cierto romanticismo y misterio, es un pueblo considerado como fatalista no es una novedad y predestinado a un fin. Creían que el destino era ineludible, que todo estaba previsto.

Su cosmogonía decía que el mundo duraría unos 12000 años y de éstos, los 6000 últimos serían protagonizados por el hombre y Etruria (Toscana), solo poseía una parcela de esos 6000 años. En cualquier caso, los planteamientos coincidían en que este pueblo desapareció como cultura en torno al Siglo I d.C. Esto es lo que dicen las fuentes.

Yendo a las históricas, sorprende en primer lugar porqué los etruscos alcanzaron un alto desarrollo cultural con respecto a los demás pueblos de la Península Itálica y porqué además en este lugar y no en otro de condiciones similares. La respuesta pudiera ser el amplio contacto del pueblo etrusco con el mundo griego; ya desde el Siglo VII a.C., sobre el 650.¿y porqué con los etruscos? Según Redondo, por que los contactos con los griegos se habían producido con mucha mayor anterioridad, aunque eran contactos interrumpidos con la etapa oscura del mundo griego. Pero se plantea la posibilidad que estos contactos ya se dieran desde la época micénica griega.

El pueblo etrusco, aunque se desarrolla por este concepto desde el Siglo VII, sin embargo no se convierte en un simple imitador de una cultura superior, sino que impone su sello personal a esa aculturación impresionando incluso a los griegos y romanos, que se benefician de los logros de este pueblo.

Aún hoy este pueblo plantea problemas, que le hacen misterioso, pues sus propias fuentes de información son indescifrables. Este es el caso de su escritura; se sabe que le fue proporcionada por los griegos de Cumas (Sur de Roma) y es griego en su variedad Calcídica, sistema de escritura que adaptaron a las necesidades fonéticas etruscas. Se conoce, por tanto, su escritura pero no su lengua, que no es indoeuropeo, ni está, al parecer, emparentada con ninguna otra lengua conocida en la antigüedad.

La epigrafía tampoco nos sirve de gran ayuda por que los epígrafes conservados tienen escaso contenido historiográfico. Son inscripciones bien funerarias, bien votivas. Tampoco la epigrafía nos permite conocer la estructura de su lengua.

Hay que recurrir, por tanto, a la arqueología que es extraordinariamente rica. Pero no deja de ser arqueología y hay que tener presente las limitaciones de esta ciencia, que puede decir muchas cosas; cómo vivían, qué comían, dedicación económica; pero da lugar a interpretaciones diversas sobre el mundo del intelecto y por eso se requiere precaución de recurrir así a planteamientos comparativos entre el mundo griego y el mundo etrusco.

2/ Origen del Pueblo Etrusco
Su origen y desarrollo cultural están unidos al hecho de que no se sepan descifrar sus escritos: uno de los temas más estudiados y rodeados de misterio con respecto a la Antigüedad.

Su origen, como el de otros pueblos de la Antigüedad fue definido por los griegos según el “uso de la época”, es decir, “alguien tiene la culpa de esto”: personificación de los inventores, situaciones y fundaciones; un mítico héroe griego funda el mundo etrusco, origen de una migración.

Heródoto los ubica en el mar Egeo, concretamente en Lidia (actual Turquía) y esta suposición de Heródoto toma raíz y así, por ejemplo, Virgilio, que tenía antepasados etruscos, utiliza indistintamente al referirse a este pueblo los términos etrusco y lidio. La única excepción en la Antigüedad a esta hipótesis la protagoniza Dioniso de Halicarnaso, de época de Augusto, que considera que los etruscos son autóctonos de la Península Itálica, ya que ni su lengua, ni su cultura, ni sus costumbres poseen paralelos entre lidios y pelagos. Es culturalmente una excepción.

En época moderna tenemos más datos con la arqueología y la epigrafía. En un principio se plantearon 3 hipótesis:

I) Origen Oriental.

II) Origen Septentrional.

III) Autóctona.


I) La hipótesis oriental, es la más comúnmente aceptada y se fundamenta en cuatro puntos:

1º) Coincide lo que dicen las fuentes y el contenido de la cultura etrusca, en gran medida oriental, orientalización de Etruria en los siglos VII y VI a.C,

2º) Los rituales, de adivinación y revelación, no son exclusivos, pero son más propios del mundo oriental.

3º) Parece ser que pudiera existir una relación lingüística entre el etrusco y una lengua desconocida del mundo del Egeo.

4º) La posible identificación de los Etruscos o tirrenos con el término TRS.W de una inscripción de Karnat que conmemoraba una victoria egipcia sobre los llamados pueblos del mar.

II) Los partidarios de la teoría del origen septentrional, se fundamentan en los siguientes puntos:

1. El planteamiento que hace Tito Livio, que postula que los etruscos tienen el mismo origen que los pueblos alpinos, en particular los ¿retos?.

2. Un dato arqueológico: plantea también la posibilidad de que la cultura Villanobina, previa al periodo orientalizante, al Siglo VII a.C., derive de una cultura asentada en el valle del Po, cultura de las terramonas, y que esta cultura derive a su vez de otra cultura, conocida como cultura de los palacios de los lagos alpinos, de Europa Central.

3. Un dato lingüístico: la supuesta pertenencia de la lengua etrusca a un grupo étnico lingüístico denominado “retotivénico”?. Basado en que han aparecido en la zona de Ratia unas inscripciones etruscas.

II) La tercera hipótesis, origen autóctono; defiende que los etruscos son un reducto del Neolítico y que su lengua es, por tanto, anterior al estrato indoeuropeo.

La aceptación de cualquiera de las tres teorías plantea problemas. Así, la primera, la teoría orientalizante: la orientalización no es exclusiva del mundo etrusco; se da en todo el Mediterráneo. Al no ser exclusiva no puede ser argumento exclusivo. Además, en torno al año 1200 se produce la mítica destrucción de Troya, símbolo de la crisis del mundo.

Por otra parte, la relación del etrusco con la lengua desconocida también es muy difícil porque solo hay un testimonio.

La teoría septentrional, por su parte, es la que peor se presenta, no aporta una epigrafía ni una arqueología digna de ser tenida en cuneta. Además, no se ve discontinuidad entre la cultura Villanobina y la Etrusca.

La autoctonía tampoco está libre de dificultades. La opinión de Dioniso de Halicarnaso es tendenciosa. Él intenta privar al pueblo sometido de los etruscos de un origen semejante al romano.

Redondo no es partidario de las teorías invasionistas, cree en la autoctonía, sino del pueblo etrusco, sí de la cultura etrusca. No hay indicios que hagan pensar que se produjo un corte brusco desde los villanobianos a los Etruscos. Estos se han desarrollado en el mismo lugar, aunque pudieran haber estado influidos por un grupo dominante. Influye el mundo oriental.

3/ Bronce final y Periodo Orientalizante

Desde el punto de vista arqueológico está claro que la unidad cultural que presentaba la Península Itálica se trunca en el Siglo XII a.C. y se entra en el Período del Bronce final que no se desarrolla en todos sitios de igual forma. En Etruria la cultura Villanobina que mostraba una gran vitalidad y pujanza influye en otras áreas más cercanas, hacia el norte y el sur, la Campania, en torno al siglo IX a.C.

En el siguiente período, en torno al siglo VIII: “Periodo Orientalizante”, llamado así porque el arte y la cultura de las regiones mediterráneas se abren hacia las experiencias figurativas de oriente: no tanto el pensamiento, la religión, o la política, sino la cerámica, el ornamento, las construcciones, etc... .

En este periodo Oriental en Etruria se puede apreciar que se rompe la homogeneidad social de la época Villanobina: Aparece un elemento esencial en las sociedades antiguas, la aristocracia. Surge ésta porque tiende a diferenciarse tanto en la vida cotidiana como en la de ultratumba, lo vemos en los ajuares funerarios. Se ha dado, pues, una diferenciación económica.

Además, Etruria mantiene amplios contactos con los griegos, renovando posiblemente las relaciones mantenidas previamente, antes de la desaparición del mundo micénico. Los griegos actúan como catalizadores del desarrollo etrusco; no se limitan a intercambiar productos, sino que también les proporcionan avances tecnológicos: olivo, vid, etc.. y el sistema de escritura.

La aristocracia será la principal receptora de estos avances, que reforzarán su posición de privilegio en la sociedad. Aceptan no sólo estas innovaciones sino que también la aristocracia etrusca asume la carga ideológica que suponen las distintas innovaciones (el banquete).

La nobleza provocará también, es elemento dinamizador, un cambio en la propia apariencia de los asentamientos etruscos. Su supremacía la llevará también al ámbito de la figuración: viviendas con cimientos de piedra, tejas, casi palacetes, frente al resto de la sociedad, marcos más adaptados a su nueva situación y condición.

También cambia la apariencia de la vida de ultratumba. También ahí el noble intenta mostrarse superior. Se verán túmulos de cámara, pero el resto de la sociedad serán los pozos o fosas. Se diferencian también onomásticamente, utilizando una forma bimembre: nombre y gentilicio.

La realidad social orientalizante no es la que nos refiere la historiografía clásica. Se habla de una sociedad bipolar: aristocracia-servidumbre, sino que la estructura social y económica de este periodo es más compleja, no existía esta bipolaridad, había grupos intermedios: ejemplo, presencia importante de artesanos extranjeros, sobre todo desde el 625 a.C..Destacan los extranjeros de origen griego. Algunos de ellos incluso se conocen por las firmas de las cerámicas, como un tal Demerato Corintio, que abandonó su patria por motivos políticos y se estableció en Tarquinia (Etruria) con un séquito, entre ellos artesanos (según Plinio). Estos artesanos fueron importantes en el desarrollo de Etruria, ya que introdujeron nuevas técnicas y perfeccionaron las ya existentes. Un hijo de Demerato se instaló en Roma, ya con un nombre de Rey.

Existía también una movilidad social, en el grupo de los aristócratas, no de igual modo en el resto de grupos sociales, pues se ponían numerosas objeciones para conceder, por ejemplo, el derecho de ciudadanía.

4/ Periodo Arcaico, Edad Dorada del mundo Etrusco
La cultura etrusca se extendió no sólo por Campania. Pero este proceso se produjo por conquista o colonización. Redondo desecha la conquista porque vacilaría la unidad de las ciudades etruscas que no se produjo nunca; solo hubo una unificación religiosa antes de caer el mundo etrusco. Entonces fue más bien una colonización.

Las colonizaciones tuvieron lugar en el periodo Arcaico, periodo del comercio, tráfico de mercancías e intereses, equilibrio mas o menos estable en el Mediterráneo. Las relaciones entre etruscos y griegos no se rompen ni siquiera con la fundación de Massalia (Marsella). Esta comunicación sólo se rompe cuando los griegos pierden sus metrópolis, concretamente cuando los foceos pierden Focea de mano de los persas.

En Córcega fundación de una colonia. Según Heródoto, los foceos de esta colonia se dedicaban a la piratería. Algunas ciudades etruscas y Cartago se unieron para enfrentarse a los foceos y aquí puede estar el primer acuerdo romano-cartaginés del que se había entendido que Roma se consideraba una ciudad de ámbito etrusco que también firma entonces dicho pacto. Parece ser que ganan los etruscos, pero sin embargo pierden porque con la batalla de Alalia 545 a.C. desaparece la supremacía etrusca y Etruria no ejerce el control. Se producen saqueos constantes de la costa etrusca que debilitan sus ciudades. Surge una nueva potencia, Siracusa, que ha conseguido vencer a los cartagineses en Himena en el 480 a.C. y poco después a los propios etruscos en el mar, frente a Cumas en el 474 a.C.

A finales del siglo V a.C. se puede decir que el proceso de fijación de las fronteras ha terminado. Además este proceso de configuración territorial se acompañó de fuertes tensiones sociales y políticas. Así, la monarquía deja paso a la república en manos de un magistrado electo y no vitalicio. Dicha transición es difícil de explicar; hay que recurrir a Grecia. Se cree que es posible que apareciesen algunos líderes populares o tiranos griegos, cuyo apoyo son los grupos sociales surgidos del desarrollo económico del siglo VI, comerciantes y artesanos, consiguen así derrocar a la monarquía.

Las consecuencias inmediatas son la aparición de tendencias isonómicas, que duraron poco tiempo, y que en los Siglos VI-V chocaban con la visión que dan los grecolatinos de una sociedad etrusca bipolar: ricos-pobres. El resultado de la crisis del Siglo V sería una estratificación social pero no la bipolaridad, porque los grupos oligárquicos se harán entonces con el poder, poniendo en práctica sistemas políticos dirigidos a su propia autoperpetuación.

Los pasos serían: Monarquía-República Isonómica-Crisis-Surgimiento de gobiernos oligárquicos.

5/ La decadencia etrusca
El comienzo del fin empezó en Cumas. A partir de entonces los etruscos pierden su mercado y son incapaces de recuperarlo. Siracusa ocupa su lugar. Las ciudades etruscas cuya actividad económica se fundamenta en el comercio verán unas nuevas circunstancias que afectarán en menor medida a las ciudades del interior.

No sólo han perdido la influencia marina sino que sienten ya las circunstancias de esas crisis. Los mismos territorios, además, están amenazados por pueblos montañeses del interior, que por una crisis demográfica llevan a cabo rapiñas en territorios etruscos antes no pisados. Las propias fuentes griegas hablan de esta situación. Son incursiones no anexiones. Pero en el norte de la zona los etruscos sufren la presencia de celtas que se encontraban allí desde el 600 a.C. pero que ahora se asientan de forma masiva, aunque no acaban con la cultura etrusca que pervive hasta fechas posteriores. La primacía es ya gala, no etrusca.

Los problemas de los etruscos son ahora conflictos que les llevan a perder la independencia, el primero que se producen entre Roma y Veyes, no hay que entenderlo como un conflicto entre naciones sino como un típico enfrentamiento entre ciudades en el mundo arcaico. Sin grandes ayudas una y otra ciudad.

Este enfrentamiento se produjo porque ambas ciudades tenían interés en controlar los pasos del Tíber y otros pasos comerciales. Aunque el problema se complicó por la necesidad que tenía Roma de nuevas tierras, lo cual llevó a la anexión, en el 396, tras un largo asedio de 90 años. Toma la ciudad etrusca y se anexiona Roma a Veyes.

La situación de Etruria se agrava progresivamente y a principios del siglo IV ya ha perdido su influencia industrial y comercial. Aunque se inicia una tímida recuperación no alcanza muchos logros.

La oligarquía sigue mostrando una tendencia endogámica. Los grupos medios inician también su recuperación, pero no interesan a la aristocracia.

En el 350 se produce un nuevo enfrentamiento militar entre Roma y las ciudades etruscas lideradas por Tarquinio que terminó finalmente en el 351 con una tregua, y en el 311 el conflicto brota de nuevo, pero ya Roma es la dueña del Lacio. Van cayendo poco a poco las ciudades etruscas hasta que en el 265 Volsini, centro religioso del mundo etrusco fue destruido y Etruria desaparece de la geografía histórica y pasa a ser parte de la historia de Roma.

Etruria se incorpora a Roma desigualmente, porque dependiendo de las actitudes respectivas que cada ciudad mostró con Roma. Mantuvieron una autonomía interna y se les exigían más prestaciones de carácter financiero y militar.

En el 90 a.C., finalmente, tras la llamada “Guerra Social”, Roma concede el derecho de ciudadanía a todos los pueblos itálicos y los antiguos tirrenos fueron ya ciudadanos en todos los sentidos.

6/ Instituciones Políticas
Se carece de fuentes directas, por tanto recurrimos a otros modelos políticos supuestamente parecidos: griegos y latinos. Información que ha de adaptarse a la escasa información que tenemos sobre el mundo etrusco.

Se puede ofrecer un modelo político e institucional de cierta fiabilidad, sin entrar en detalles. Las tradiciones más antiguas hacen pensar en un primer sistema monárquico y prueba de ello son los nombres de algunos personajes míticos que pudieron ser reyes: Alcestes de Perugia, por ejemplo, personajes de los que hay referencias. Otros son más históricos, no míticos, que fueron reyes, como Tolumnio? de Veyes.
En la lengua etrusca el término “rex” era denominado LAUCHE o LACHUME, que pasó al latín como LUCUMO.

Igual que en Grecia, en Roma un magistrado de orden sacerdotal mantuvo su término monárquico en época postmonárquica. Los romanos odiaban la monarquía pero mantuvieron el término “rex”, posiblemente por connotaciones religiosas. Tomando como paralelo al “rex” romano, se supone que el Lucumo etrusco era la máxima autoridad de la ciudad, comandante del ejército y de la religión pública; “Máximo Pontífice”.

Sin embargo, se sospecha que el poder del Lucumo no fue absoluto, sino limitado por algún órgano colegiado, es decir, el Senado (en Grecia Areópago). De este órgano de notables no se tienen noticias de ningún tipo. La arqueología da pruebas de una casta aristocrática diferenciada (para los etruscos) que tenían que tener algún tipo de representación política. El Lucumo sería el elemento más destacado de esta élite dominante. No sabemos igualmente si esta monarquía era hereditaria o electiva. Ambas valen.

Desaparecido el Lucumo, dos magistrados, llamados ZILCTH ocuparon ese vacío de poder. Las fuentes también hablan de otro magistrado PURT o PORTNE, con una función difícil de identificar. También estaban los CAMTHAI, que deben ser magistrados menores, semejantes a los ediles romanos. También otro de nombre MARU, quizá con vocación religiosa. Parece que no había una asamblea popular, porque la sociedad etrusca es excesivamente oligárquica. Sí es importante destacar que a los aristócratas debía de existir algún órgano colegiado que los representase con funciones semejantes a las del senado, de control.

7/ La sociedad
Bipolaridad de la población etrusca de la que nos hablaron los autores grecolatinos basada en el binomio: principes-servies. Pero esa imagen no es cierta, aunque es la más difundida. Sería el primer caso de la historia, sólo se da en algunos casos en Egipto. Hay sustanciales y diversas diferencias o estratos económicos y cierta diversidad laboral que indican que la actividad económica laboral se traduce en la “presión social”. La economía depende de la sociedad y plantea, por tanto, connotaciones o diversidad social, que tendrán un trasfondo jurídico cuando esté sancionada jurídicamente. Cuando estos sólo por pertenecer al grupo social más elevado económicamente pueden optar a las magistraturas (los en Grecia). Sin una diversidad económica y actividad laboral variopinta en el mundo etrusco, difícilmente podemos hablar de bipolaridad, pero se puede plantear dentro de una sociedad urbana. Sí dentro de una rural, al menos teóricamente. La sociedad urbana es la culminación de los logros espirituales y sociales del ser humano.

 Ahora bien, ¿se podría relacionar esa estructura económica con una diversidad social? No, 18 ajuares funerarios distintos, no son síntoma de 18 órdenes sociales diferentes. Los que no son aristócratas, no pueden optar a las magistraturas como nos muestra la no existencia de una asamblea popular. No existe la promoción política. No existe paridad política.

Entre la aristocracia y la masa campesina hay un grupo intermedio económicamente constatado que tiene un reflejo social difícilmente definible. La aristocracia debe estar perfectamente definida jurídicamente. Debe actuar conjuntamente para asegurar su supervivencia homogénea, mientras que los grupos intermedios son heterogéneos y desunidos que habitan en la ciudad. Los aristócratas tienen el poder de la tierra, dominan el campo. Existe también un grupo social dependiente, también heterogéneo. Los autores que al referirse a estos grupos dependientes vacilan a la hora de nominarlos y seto se debe a que no todos son iguales. Unos hablan de”servi”, “plebs” , “penestai”, “oiketai”... .Vemos también en las fuentes epigráficas, que emplean diferentes términos.

La participación política es excluyente; sólo grupos privilegiados. Aquí radica las diferencias entre los etruscos y Grecia o Roma con los que tuvo evidentes contactos. Con Grecia incluso antes de la caída del mundo micénico.

Hablan los escritores grecolatinos de forma despectiva sobre los etruscos, y también sobre cualquier pueblo dominado. Idealización de la “patria romana” (Dea Roma) que se divinizó. Este sentimiento no lo tenían los etruscos.

Caso curioso: el llamado estatus de la mujer en la sociedad etrusca. El caso de Esparta ya se conocía (pero en Esparta era total), la mujer podía hacer lo que quisiera, el adulterio no estaba considerado, su papel primordial era tener hijos, llevar una vida licenciosa; asistía a espectáculos y a banquetes, tenía la misma capacidad jurídica que un hombre, podía poseer bienes y esclavos. En el caso de Roma también, pero siempre el administrador era su marido. La explicación es que la aristocracia etrusca era endogámica y trae muchos problemas y el varón es el que guerrea y está amenazada, por tanto, por la escasez de varones hasta el punto que algunas familias para no desaparecer echaron mano de las mujeres (Oligantropía?). También pueden tener cierta importancia los sistemas matriarcales del mundo etrusco.

8/ Las ciudades
Nacen en el territorio etrusco sobre otros centros anteriores, no hay ruptura sino una evolución de la anterior cultura Villanoviana. Otros, en cambio, desaparecen. Eran lugares fácilmente defensibles, con agua cerca, con un clima bueno, cerca del mar pero a suficiente distancia del mismo (para que puedan servirse de las ventajas del mar y librarse de los piratas).

Su literatura sagrada se preocupa de los asentamientos de las ciudades que hay que entender como una reelaboración que puede valer para ciudades “ex novo” pero no para las anteriores. “Etrusco ritu”(nombre del rito que se hacía para fundar una ciudad): un sacerdote ayudándose de la “groma” hacía el rito. El sacerdote vestido con un traje procedía a la delimitatio del asentamiento urbano con una pareja de bóvidos y un arado, bóvidos vírgenes, según algunos, pero realmente eran purificados. Cuando llegaba al espacio de la puerta levantaba el arado y todo lo delimitado se consideraba sagrado.
Ninguna ciudad etrusca se creó bajo este sistema pues no son el acto exclusivo de un fundador sino el resultado de un proceso evolutivo.

Estos principios urbanísticos tan evolucionados son relativamente recientes, posteriores al siglo VII a.C. No es otra cosa que el esfuerzo de racionalización de una sociedad para entender el mundo racional y su explicación con el como divino.

Los Etruscos dotados de un grado de civilización muy superior al de las poblaciones itálicas de esos territorios, se impusieron culturalmente sobre ellas, desarrollando una estructura de ciudades-estado unidas por una comunidad de religión y de cultura, similares a las de la antigua Grecia, de las cuales fueron las principales Ceres, Clusium, Tarquinia y Veyes. Dotados de grandes condiciones para la industria y el comercio, así como pueblos obviamente navegantes, los etruscos prosperaron en la elaboración del bronce y el hierro para la fabricación de armas y otros instrumentos bélicos como corazas y carros de guerra y en la fabricación de elementos ornamentales de oro, que comercializaron en toda el área del mar Tirreno, especialmente con los griegos y los fenicios.

El contacto con los griegos de las cercanas colonias de Sicilia y el sur de la península italiana, ejerció importante influencia en algunos aspectos de la civilización etrusca; especialmente en la arquitectura y la pintura. Cabe a los etruscos haber introducido en la arquitectura griega una importante innovación que luego sería transmitida a la civilización romana, al emplear en sus construcciones las bóvedas y arcos.

La religión etrusca, poco conocida, se centraba en el culto de los muertos que enterraban en cámaras subterráneas decoradas son pinturas y relieves; claro antecedente de las catacumbas romanas. Otros elementos religiosos, también transmitidos a los romanos, los constituían las prácticas de adivinación del porvenir, especialmente a través del estudio del vuelo de las aves y el estado de las entrañas de los animales sacrificados a los dioses.

La dominación etrusca se extendió sobre el territorio norte-central de la península italiana, desde la llanura del Po hasta el sur del río Tíber, abarcando el Lazio y los límites de la Campania; con lo cual, ejerció una poderosa influencia sobre los latinos habitantes del sur del Tíber; a los cuales impulsó hacia más avanzados estadios de civilización, en los cuales se integraron en gran medida los elementos institucionales y culturales de la civilización etrusca.

Los pueblos itálicos en el siglo VIII a. C.
Hacia el siglo VIII a.C. en que según la leyenda se fundó la ciudad de Roma coexistían en el área centrada en el mar Tirreno, las civilizaciones fenicia, griega y etrusca. Esta última directamente colindante con los pueblos itálicos, principalmente los latinos habitantes de la zona del Lazio, al sur del río Tíber, había desarrollado con ellos una convivencia que permitió a los latinos, sin perder su identidad étnica, asimilar muchos componentes de la superior civilización etrusca.

 
Los etruscos, aliados con los cartagineses, habían logrado expandir su hegemonía desde la llanura del Po hasta bien al sur del río Tíber; pero debieron enfrentar en el siglo VI a.C. la presión que desde las estribaciones de los Alpes ejercía otro pueblo, los galos cisalpinos, que invadieron las fértiles llanuras de la cuenca del Po. Enfrascados los etruscos en resistir a los galos, por un lado, y los griegos y cartagineses en sus contiendas por el dominio en el Tirreno, se establecieron las condiciones que habrían de permitir que la novel ciudad de Roma lograra finalmente imponer su dominio.

En el siglo VIII a.C., la ciudad latina más importante era la ya antigua Alba, situada al sur del río Tíber y a cierta distancia de las costas del mar Tirreno; que atribuía su origen a descendientes del héroe troyano Eneas, emigrado al Lazio desde Troya, cuando esta ciudad fuera tomada por los griegos, según los relatos efectuados por Homero en “La Ilíada”.

Fundación de Roma.
Los orígenes remotos de la ciudad de Roma, se pierden en la leyenda; siendo seguramente anteriores al año 754 a.C. en que ulteriormente las autoridades romanas fecharon su fundación.

Del mismo modo, siendo improbable que su fundación haya surgido de una acción explícita y deliberada, las tradiciones romanas posteriores adornaron su surgimiento con diversas leyendas, recogidas especialmente por el historiador romano Tito Livio, que vinculan el origen de Roma a un linaje de dioses y héroes.

Roma y la loba del Capitolio
Según la leyenda de los orígenes de Roma, un hijo del héroe troyano Eneas, (hijo de Marte, el dios de la guerra y de una princesa latina), Ascanio, había fundado sobre la orilla derecha del río Tíber la ciudad de Alba Longa; ciudad latina sobre la cual reinaron numerosos de sus descendientes, hasta llegar a Numitor y su hermano Amulio. Este último destronó a Numitor; y para evitar que tuviera descendencia que pudiera disputarle el trono, condenó a su hija Rea Silvia a permanecer virgen como vestal, sacerdotisa de la diosa Vesta.

Sin embargo, Marte, el dios de la guerra, engendró en Rea Silvia a los mellizos Remo y Rómulo. Por ese motivo, al nacer los mellizos fueron arrojados al Tíber dentro de una canasta, la cual encalló en la zona de las siete colinas situadas cerca de la desembocadura del Tiber en el mar; siendo recogidos por una loba que se acercó a beber, y que los amamantó en su guarida del Monte Palatino, hasta que fueron hallados y rescatados por un pastor cuya mujer los crió.

Cuando fueron mayores, los mellizos restituyeron a Numitor en el trono de Alba Longa, y decidieron fundar, como colonia de Alba Longa, una ciudad en la ribera derecha del Tíber, en donde habían sido amamantados por la loba; y ser sus Reyes.

Cerca de la desembocadura del Tíber existían las siete colinas: los montes Capitolio, Quirinal, Viminal, Aventino, Palatino, Esquilino y Celio. Rómulo y Remo discutieron acerca del lugar donde fundar la ciudad; y resolvieron la cuestión consultando el vuelo de las aves, a la usanza etrusca. Mientras sobre el Palatino Rómulo divisó doce buitres volando, su hermano en otra de las colinas sólo vió seis. Entonces, Rómulo, con un arado trazó un recuadro en lo alto del monte Palatino, delimitando la nueva ciudad, y juró que mataría a quien lo traspasara. Despechado, su hermano Remo cruzó despectivamente la línea, ante lo cual su hermano le dió muerte, quedando entonces como el único y primer Rey de Roma. Según la versión de la historia oficial de Roma antigua, eso había ocurrido en el año 754 a.C.

La imagen de la llamada loba capitolina - en referencia al otro Monte cercano, el Capitolio - amamantando a los mellizos, es el símbolo de la ciudad de Roma. Se trata de una escultura en bronce, que se considera de origen etrusco, datada alrededor del año 470 a.C., que se conserva en el Museo Capitolino de Roma; y a la cual Dante alude en su “Divina Comedia”.
Otra leyenda ligada a la fundación de Roma, es la del rapto de las sabinas. Según ella, los primeros pobladores de Roma deseaban casarse con unas jóvenes de la tribu de los Sabinos, que habitaban sobre la cercana colina del Quirinal; pero sus padres se opusieron. Remo invitó a las familias sabinas a una fiesta religiosa en Roma, en cuya oportunidad las jóvenes sabinas fueron raptadas; lo que determinó a los sabinos a desafiar a los romanos a una guerra, que no pudo llevarse a cabo porque las sabinas se interpusieron entre ambos bandos.

En los hechos, las colinas cercanas a la desembocadura del Tíber habrían contado con diversas aldeas latinas desde bastante tiempo antes de la época en que la leyenda ubica la fundación de Roma; las cuales probablemente terminaron creciendo hasta integrarse en una única ciudad. Hacia el siglo VII a.C., la expansión etrusca en la zona del Lacio las colocó bajo una dominación no demasiado opresiva, lo cual queda de manifiesto por la presencia de los reges etruscos, pero que impulsó el predominio de las costumbres, la cultura y la economía de los etruscos.

A pesar de que conforme a la leyenda Roma habría sido fundada como una colonia de la latina Alba Longa, la originaria población latina fue integrada rapidamente con muchas personas de origen etrusco; lo que llevó a que rapidamente se haya convertido en una importante plaza industrial y comercial cuyo trazado, arquitectura, monumentos y otros elementos, tuvieran afinidad con la cultura etrusca.

La época de los reges (reyes) y la expansión romana en el Lacio.
Siguiendo el modelo de todas las primitivas ciudades itálicas, la forma política inicial en la Roma antigua, fue la de una república de base aristocrática, gobernada por un rex vitalicio, pero electivo. La tradición le adjudica haber tenido siete, los cuatro primeros latinos, y los tres últimos etruscos: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio, Anco Marcio, Tarquino el Antiguo, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio.

Bajo los reinados de Tulio Hostilio y de Anco Marcio los romanos conquistaron su ciudad madre de Alba, y fundaron la ciudad-puerto de Ostia en la desembocadura del Tíber; que actualmente continúa siendo la puerta marítima de Roma.

La conquista de Alba también fue presentada bajo la forma de una leyenda, conforme a la cual, en vez de ir a la guerra, los pobladores de Roma y de Alba decidieron que la rivalidad entre ambas ciudades fuera resuelta mediante un combate entre tres guerreros por cada bando. Por Alba pelearon tres hermanos llamados los Curiacios, y por Roma otros tres hermanos llamados los Horacios.

Los Curiacios dieron muerte a dos de los Horacios; pero el tercero, simulando huir, logró separarlos y matarlos uno a uno. Lo cierto es que la ciudad de Alba fue arrasada totalmente por los romanos, que incorporaron a sus habitantes como ciudadanos de Roma.

Bajo el régimen de los reges Roma alcanzó un importante desarrollo. Habitada por campesinos latinos que cultivaban tierras en sus proximidades, pronto fueron asimilados e integrados en la ciudad los pueblos vecinos, principalmente sabinos; y seguramente la población latina originaria quedó posteriormente bajo la hegemonía de etruscos a consecuencia de su expansión en el centro de la península italiana; los cuales aportaron otras actividades, especialmente en la industria y la artesanía, y en el comercio y la navegación, así como costumbres más refinadas.

La incorporación de esos habitantes influyó de manera muy importante en la propia fisonomía de la ciudad; que comenzó a tener casas de mejores materiales y con mayores comodidades y decoraciones. Sin embargo, mientras los nuevos pobladores cumplían actividades cada vez más intensas y productivas en el comercio a través del puerto o del mercado, y prosperaban los talleres en que se trabajaban el hierro y el cobre, o las maderas, los originales habitantes latinos de la nobleza terrateniente, continuaban apegados a sus actividades agrícolas; aunque seguramente participaban del auge económico vendiendo sus productos a precios crecientes.

Durante los reinados de sus tres últimos reges, que fueron de origen etrusco, Roma consolidó su dominio sobre la zona del Lacio. Luego que Roma hubiera ido abarcando las colinas cercanas, ocupando el Capitolio donde se construyeron los principales templos, y el Quirinal que habitaran los sabinos, el rex Servio Tulio rodeó todo el territorio de las colinas con una muralla de piedra, dando origen a que Roma fuera designada como “la ciudad de las siete colinas”.

El período etrusco de Roma se destacó además por la realización de grandes obras públicas, especialmente la construcción de la cloaca máxima, que drenando los pantanos existentes en los valles situados entre las colinas, permitió rellenarlos y hacerlos habitables. También en esta época fueron construídos numerosos templos en la zona del monte Capitolio, cercano al valle que más tarde sería la sede del Foro romano cuyas ruinas se encuentran actualmente a sus pies.

De cualquier manera, con el paso del tiempo se fue acentuando la influencia política y económica de los “extranjeros”, sobre todo etruscos; suscitándose un creciente antagonismo con los patricios latinos.

Según las crónicas de historiadores antiguos, como Dionisio de Halicarnaso y Tito Livio, cuando su muerte puso fin al reinado de Anco Marcio, fue elegido como su sucesor un etrusco que había alcanzado gran prestigio y éxito, que asumió su reinado con el nombre de Tarquino el Soberbio. Según las mismas crónicas, Tarquino impulsó la conquista romana de las comarcas del Lacio; con lo cual incorporó un territorio de importante riqueza, convirtiéndose Roma en un gran centro comercial de industrial, incluso en el comercio marítimo ya que sus naves transportaban mercaderías a Córcega, Sicilia, e inclusive Cartago y a las ciudades de Grecia. Aunque en realidad, el reinado de Tarquino el Soberbio transcurrió seguramente en forma contemporánea con la declinación del poder etrusco; de donde resultó el surgimiento de la influencia romana en los territorios antes dominados por ellos.

Ello aportó a Roma grandes riquezas. Los reges comenzaron a emplear en sus actividades costumbres de gran ceremonial; en Roma se levantaron palacios y se ejecutaron importantes obras públicas. El área comprendida entre los montes Palatino y Capitolio, en que se habían instalado preferentemente los etruscos, se convirtió en un gran centro de comercio e industria.

Hacia los fines del siglo VI a.C., la dominación etrusca sobre Roma comenzó a declinar, como consecuencia del debilitamiento del poder etrusco a causa de los ataques e invasiones de los pueblos de la galia cisalpina en el valle del Pó.

Según la leyenda, no obstante la expansión que Tarquino el Soberbio aportó a Roma, su gobierno despertó gran descontento entre las familias patricias de la ciudad, cuya influencia política ignoró. Hacia el año 509 a.C., un episodio originado en la pretensión amorosa de un hijo de Tarquino contra Lucrecia una mujer casada que por tal motivo se suicidó frente a su esposo desencadenó una revuelta que culminó con la expulsión de Tarquino y la modificación del sistema de gobierno de la ciudad. En vez de un rex vitalicio, los romanos decidieron nombrar dos magistrados de gobierno, los cónsules, y otorgarles autoridad temporal, solamente por un año.

Lo cierto es que, probablemente a consecuencia del debilitamiento del poder etrusco, en el 509 a.C. los jefes de las gens latinas de Roma lograron expulsar la dinastía etrusca; y establecieron lo que se denomina como la república patricia.

Estructura social, política y religiosa de Roma antigua.
La estructura social y política de la ciudad romana a partir de la época de los reges, estaba compuesta por una reunión de gens (la unidad social inmediatamente superior a la tribu), cuyos jefes integraban un Senado que dirigía el nombramiento del rex; el cual a su vez procedía a designar los integrantes del Senado cuando surgía una vacante.

Cada una de las gentes estaba encabezada por una familia de antiguo origen latino, en torno a la cual se agrupaban numerosas otras familias más recientes, todas las cuales se consideraban ligadas por los lazos de provenir de un antepasado común, lo que implicaba una comunidad de religión familiar; y se colocaban bajo la protección de la gens, que asumía el nombre de quien se consideraba el primero de sus ancestros, el pater.

Las gentes conformaban el grupo de los patricios (aquellos que descienden de un mismo pater); únicos a los cuales estaba permitido rendir culto a Júpiter, cuyo jefe integraba el Senado, y entre cuyos miembros el rex escogía los funcionarios del Estado. El fundador del linaje de la gens era un personaje tradicional, tenido como un héroe, al que se designaba como el genio; cuyo nombre se integraba al nombre de las personas. En Roma, cada persona tenía un nombre compuesto de tres términos, como Cayo Julio César: el primero era su nombre personal individual, el segundo el de la gens a que pertenecía, y el tercero el de su familia directa.

Además de los miembros patricios o nobles de la gens, ésta se integraba con los clientes; quienes dependían de los patricios aunque tenían la condición de hombres libres, estaban bajo su protección, y tenían la obligación de servirles, acompañarlos a la guerra y prestarles obediencia, a cambio de lo cual los nobles debían proveer a su subsistencia y defenderlos. De tal manera, el poderío y prestigio de cada familia noble estaba en función de la mayor cantidad de clientes con que contara.

Desde un punto de vista jurídico, los nobles y sus clientes integraban el populus romano como ciudadanos; es decir, poseían el derecho a tener bienes, y a contraer matrimonio, engendrando en consecuencia hijos legítimos que les sucedieran y heredaran esos bienes y derechos.

La estructura de las gentes perduró en Roma mucho más allá de la época de los reges, existiendo algunas muy importantes como la gens Julia de la cual salieron grandes personajes de la historia romana.

Los pobladores provenientes de los territorios conquistados no integraban el patriciado, sino que constituían la plebe o plebs; carecían de derechos jurídicos, no podían tener patrimonio, no podían rendir el culto religioso exclusivo de las gentes, y quedaban obviamente excluídos de todo derecho político dentro del sistema institucional de la civitas romana.

Esta situación, característica de la inicial organización de la sociedad romana en la época de los reges, fue evolucionando en el transcurso de los cinco siglos de la República; dando lugar a la aparición de nuevas instituciones y funcionarios del Estado, que poco a poco fueron permitiendo a los miembros de la plebe ingresar en algunos elementos propios de la civitas o ciudadanía romana.

La autoridad política en que residía la suma del poder constitucional del Estado romano, como representante del populus era el Senatus o Senado. Por tal motivo, tradicionalmente las leyes romanas eran encabezadas con las letras S.P.Q.R., iniciales de “Senatus populus que romanus”, expresión latina traducible por “El Senado y el pueblo romano”. El término senatus alude a la edad avanzada, la senectud, de sus integrantes.

El Senado estaba integrado en forma vitalicia por los jefes de las familias patricias, alrededor de 300, por lo cual era la máxima expresión, a la vez, del poder político y económico de la aristocracia de Roma.

En el Senado se discutían todos los asuntos importantes para el Estado romano; y de hecho era el que gobernaba, ya que si bien las leyes debían se aprobadas por los comicios éstos solamente podían aceptar o rechazar lo que proponía el Senado; y su influencia sobre los cónsules era manifiesta.

En los hechos, todas las grandes cuestiones y decisiones de la historia de Roma, fueron tratadas y resueltas por el Senado; de manera que los grandes lineamientos de la política romana fueron determinados generalmente por el patriciado.

Cuando el régimen constitucional de los reges fue sustituído en la república patricia por el de los cónsules, estos funcionarios recibieron el mismo grado de autoridad suprema que aquellos tenían: el “imperium”, aunque delimitado por la duración anual de su mandato y por el hecho de ser compartido entre los dos magistrados.

En principio, la idea de asignar igual autoridad en las mismas materias a dos magistrados no parece que fuera acertada; ya que la exigencia de que ambos coincidieran fácilmente resultaría en una inoperancia no compatible con los intereses de gobierno del Estado, ni tampoco la posibilidad de que cualquiera de ellos dejara sin efecto lo que el otro decidiera. Los cónsules ejercían autoridad fundamentalmente en materia judicial y militar; con lo cual, en los hechos, normalmente actuaban cada uno por su lado, de manera que la potestad de cada cónsul de oponerse a lo resuelto por el otro raramente era ejercida.

Las dificultades inherentes al régimen constitucional romano para obtener un desempeño adecuado de sus magistraturas, se resolvían acudiendo a la institución de la dictadura. El dictator era designado en sustitución de los magistrados normales, cuando así resultaba necesario para afrontar circunstancias extraordinarias que significaban un peligro para la supervivencia del Estado. Las autoridades normales quedaban en suspenso, y el dictador ejercía temporariamente la suma de los poderes del Estado; determinando una especie de restablecimiento de la autoridad monárquica con carácter extraordinario y delimitado generalmente en el plazo de seis meses.

Desde los inicios de la organización de las instituciones de gobierno en Roma, la fuente última de legitimidad de sus magistraturas residía en las asambleas llamadas comicios.

Inicialmente, existieron los comicios curiados. Estaban integrados exclusivamente por los patricios; únicos que, por revestir la titularidad de la civitas, ser ciudadanos, tenían derecho a intervenir en la resolución de los asuntos de la ciudad y del Estado.

La totalidad de los integrantes de la ciudad los ciudadanos se organizaba en 30 curias; que eran en sí mismas unidades de votación, es decir que primero debía alcanzarse una decisión dentro de cada curia, y luego se computaban los 30 votos del conjunto de las curias. Tradicionalmente, los comicios curiados eran los electores del rex, los que aprobaban las leyes propuestas por los magistrados, los que declaraban la guerra, y los que actuaban como tribunal de justicia en los casos más trascendentales.

Las curias eran una circunscripción militar, a la vez que territorial. Cada curia debía proveer al ejército 100 soldados de infantería y 10 a caballo. El ejército se componía, en consecuencia, de 3000 soldados infantes y 300 caballeros, organizados en legiones; a partir del cual Roma comenzó su prolongada historia de acciones guerreras.

De acuerdo con los preceptos religiosos, los comicios curiados solamente podían reunirse en los dias fastos señalados por los cónsules, cuando los augures determinaban que podrían inaugurarse.

Los comicios centuriados surgieron a consecuencia del proceso constitucional que llevó a la caída de los reges; para cuando la participación de la plebe en el ejército había llevado a que constituyera una asamblea en que participaban tanto patricios como plebeyos. Su nombre derivó, consecuentemente, de que el ejército se componía de centurias, a cada una de las cuales se asignó un voto.

La crónica histórica romana atribuyó el establecimiento de los comicios centuriados a reformas efectuadas por el sucesor de Tarquino el antiguo, Servio Tulio en las instituciones políticas de la constitución de Roma; pero lo más probable es que hayan sido resultado de un proceso evolutivo bastante extenso.

Los comicios centuriados que no estaban condicionados a reunirse conforme a los preceptos religiosos paulatinamente asumieron las atribuciones más acordes con su integración militar; especialmente lo relativo a la guerra y la paz, y a la aprobación de leyes de importancia para el Estado; en tanto que los comicios curiados fueron quedando solamente a cargo de los temas de índole religiosa.

En la época de Servio Tulio se introdujo en los comicios centuriados una reforma, estableciendo el llamado voto censitario; mediante el cual el número de votos se ajustaba según la riqueza. De modo que a partir de ello y durante alrededor de 700 años los comicios curiados, que constituían el fundamento de la legitimidad de las autoridades romanas, fueron dominados por los económicamente más dotados.

La reforma se hizo extensiva también al sistema de reclutamiento del ejército. En contrapartida de su mayor influencia en los comicios, quienes contaban con más medios económicos debieron prestar servicios más extensos en las legiones del ejército; así como pagar más impuestos para sustentarlo. Los carentes de recursos fueron eximidos del servicio militar, como de los tributos fiscales.

La reforma de Servio Tulio apuntó a debilitar el poder político de la antigua nobleza formada por el patriciado de origen latino y agrícola, otorgando preeminencia a los nuevos pobladores de origen “extranjero”, mayoritariamente comerciantes e industriales de origen etrusco; pero al mismo tiempo excluía a los plebeyos no pudientes de toda incidencia en las decisiones de los comicios centuriados.

La estructura social y religiosa del patriciado romano se basaba en la jerarquía familiar absoluta del pater familias, investido de la autoridad de la patria potestas. En base a ella, ejercía una autoridad ilimitada sobre su esposa, hijos, demás descendientes y clientes, que le debían total obediencia; al punto que podía juzgar su conducta y castigarlos hasta con la esclavitud o la muerte.

Además de una unidad económica puesto que el pater familias disponía de todo el patrimonio familiar a su exclusivo arbitrio la familia romana era igualmente una unidad religiosa, fundada en el culto a los antepasados, los manes. El fuego sagrado que simbolizaba la tradición religiosa familiar, debía arder permanentemente en el altar de los dioses donde se ofrendaba el pan y el vino durante los cultos domésticos.

Adicionalmente a los manes, la familia romana rendía culto a los lares y a los penates; espíritus guardianes de los campos cultivados y de las despensas.

La religión doméstica era la que determinaba el vínculo familiar, haciendo que la mujer al casarse debiera abandonar la de su familia, para adoptar la de la familia de su marido, dejando de pertenecer a la familia de sus padres y hermanos.

Aparte de las religiones familiares y de las gentes, exisía la religión oficial del Estado romano, que era común para todos los ciudadanos. Era una religión politeísta y antropomórfica, en cuanto contaba con diversos dioses a los que se asignaba forma humana.

La religión originaria de los pueblos itálicos era sumamente primitiva; por lo cual, además de la importante influencia etrusca, la religión romana recibió una gran influencia griega por medio del contacto con la civilización de las ciudades de la Magna Grecia; dando lugar a la adaptación de sus mitos y leyendas.

Los dioses romanos más importantes eran:

• Júpiter — el equivalente romano del Zeus griego, que siendo dios del cielo, del aire y del trueno, ocupaba en nivel superior entre todos los dioses.

• Juno — esposa de Júpiter con quien compartía el reinado sobre los dioses; equivalente por tanto a la Hera de los griegos.

• Marte — dios de la guerra que, según la leyenda romana, había sido el padre de los mellizos Rómulo y Remo; por lo cual se le consideraba protector de la ciudad y origen de las virtudes guerreras y viriles de los romanos.

• Vesta — diosa del hogar ciudadano, y por tanto protectora del espíritu tradicional de las familias, por lo cual cada familia tenía en su casa un santuario de Vesta con un fuego sagrado siempre encendido (de donde proviene, precisamente, la palabra “hogar”). Seis sacerdotizas vírgenes tenían a su cargo preservar el culto de Vesta y conservar en su templo principal el fuego siempre encendido. Estas sacerdotisas eran elegidas entre las hijas de las familias romanas más ilustres, debiendo servir como tales durante 30 años en que debían guardar castidad; por cuanto de violar ese voto o descuidar el fuego sagrado, eran condenadas a ser enterradas vivas.

• Juno — dios que tenía la facultad de conocer tanto el pasado como el porvenir, por lo cual era representado con una cabeza de dos caras; guardián de las puertas de la ciudad y de aquellas de las casas de los romanos. En su templo las puertas se abrían en tiempo de guerra y se cerraban en tiempo de paz, a causa de una leyenda conforme a la cual el dios podría salir del templo que habitaba si era necesario para proteger las puertas de la fortaleza romana. El nombre de Jano es origen de la designación del mes de Enero, en latín Januarium, trasuntado en muchos idiomas como en January y Janeiro; porque se le atribuía también ser el dios de todo lo que se iniciaba.

• Saturno — dios de la vegetación y de la agricultura al cual los campesinos rendían culto en unas fiestas anuales llamadas “saturnales”.

• Neptuno — dios de las aguas y el mar, representado portando un tridente con el cual pescar.

• Vulcano — dios del fuego.

• Plutón — dios de los dominios de los muertos.

• Mercurio — dios del comercio, representado con los pies sobre una rueda alada.

• Venus — diosa de la belleza femenina.

• Minerva — diosa de la inteligencia.

• Ceres — diosa de las cosechas.

La religiosidad de los romanos tenía importantes componentes de índole superticiosa, en su gran parte provenientes de la influencia etrusca; como la de practicar la adivinación mediante la búsqueda de indicios de la voluntad de los dioses.

Los procedimientos de adivinación se basaban en el examen de las vísceras de los animales sacrificados en el altar de los dioses, y en la interpretación del vuelo de las aves. Los especialistas en la adivinación mediante el estudio de las vísceras se denominaban arúspices; en tanto que los augures realizaban los “augurios” mediante la interpretación del vuelo de las aves.

A los arúspices correspondía lo relativo a los prodigios; hechos de producción excepcional como los terremotos y los desastres climáticos. Los augures se ocupaban preferentemente de escrutar el futuro en relación a los hechos políticos y especialmente militares, con particular referencia a los momentos previos a las grandes batallas; de manera que casi ninguna decisión importante de gobierno era tomada sin consultarlos previamente. Los augures determinaban los días fastus en los cuales las actividades públicas serían beneficiosas, y los días nec fastus en los cuales esas actividades quedaban interdictas.

El culto religioso se expresaba en ceremonias de ofrendas consistentes en presentar a los dioses alimentos u objetos valiosos; y también mediante las libaciones. El sacrificio de animales como cerdos, ovejas o toros, precedía al acto de la adivinación mediante el estudio de sus vísceras.

La dirección del ceremonial religioso estaba a cargo de sacerdotes, que salvo en casos especiales como el de las vestales eran simples ciudadanos. Los sacerdotes se agrupaban en colegia, de los cuales el de los Pontífices, encabezado por el “Pontífice máximo”, tenía el cometido de velar por la conservación de la pureza de la religión.

La República consular.
Aunque no existen casi elementos documentales que permitan establecer con cierta objetividad el proceso que determinó la caída de la reyecía en la Roma primitiva; ocurrida aproximadamente hacia fines del siglo VI a.C., luego de haber conducido el surgimiento y la expansión de Roma durante un siglo y medio; cabe suponer que ello haya sido resultado del enfrentamiento político de la antigua nobleza patricia y agraria de origen latino, con los ascendientes sectores más modernos, de origen principalmente etrusco.

El régimen de los reges fue sustituído por la república de los Cónsules, igualmente electos en los comicios, pero cuyo mandato solamente duraba un año; pero aunque este sistema republicano rigió durante cinco siglos, hasta que Augusto inauguró el Imperio, su sistema constitucional tuvo un evolución marcada por numerosas reformas en gran medida resultantes de importantes luchas civiles.

La nueva República Consular romana, que aparentemente había sustituído un rex por dos cónsules, en realidad lo sustituyó por el Senado. En términos constitucionales modernos, se debilitó enormemente el “poder ejecutivo”, para otorgar la autoridad al Senado.

El Senado, integrado por los jefes de las antiguas gentes, era representativo de la oligarquía patricia. Pero se evidenció incapaz de gobernar eficazmente, y sobre todo, de defender la ciudad contra sus numerosos enemigos. La ciudad que los siete reges habían hecho crecer, expandirse y enriquecerse durante un siglo y medio, ya ni figuraba como centro económico de trascendencia en el área del mar Mediterráneo, medio siglo después de implantarse el consulado y el predominio senaturial.

El historiador romano Polibio, recogió el texto de un Tratado entre Roma y Cartago, suscrito en el primer año de la República Consular, por el cual Roma renunciaba a navegar y comerciar en todo el Mediterráneo oriental en beneficio de la colonia de origen fenicio; tan sólo a cambio del compromiso cartaginés de no interferir en la zona del Lacio. Un Tratado que evidenciaba la necesidad de Roma de renunciar a sus ambiciones de desarrollo marítimo, ante la urgencia de atender las rebeliones en sus territorios próximos, comprometiendo a los cartagineses a no intervenir. Aunque la Historia determinaría que llegado su momento, Roma volvería a ocuparse de Cartago.

Al debilitamiento político y militar de Roma, sucedió de inmediato una rebelión de los pueblos etruscos, que invirtió los términos del dominio, quedando Roma bajo el dominio etrusco durante algunos años; aunque a principios del siglo V a.C. Roma había recuperado su independencia.

La vida política en la Roma consular.
La República consular tuvo una vida política interna pautada por la oposición entre la oligarquía patricia de origen latino, y los llamados “plebeyos” — es decir, los que no pertenecían a las gentes tradicionales — mayoritariamente de origen etrusco. Ello fue agravándose a medida que se sucedían las guerras infructuosas.

Se formó una conjunción entre los plebeyos adinerados y los más desposeídos; sobre la base de postular leyes que aliviaran la situación de los deudores (que por las normas vigentes caían en la esclavitud) y para restablecer el poder político de los antiguos comicios, debilitados frente al Senado.

El poder de los plebeyos se incrementó a consecuencia de la reforma realizada en el año 495 a.C., determinando la división de la población de la ciudad en 21 tribus que debían percibir los impuestos de guerra y levantar las tropas. Los jefes de estas tribus adquirieron así un cierto poder político, lo que en el transcurso de algunos años les permitió imponer al patriciado la creación de nuevos magistrados, llamados tribunos de la plebe, originariamente 4 que en el año 471 a.C. fueron aumentados a 5.

La elección de los tribunos de la plebe era realizada por una asamblea distinta de los comicios curiados y de los comicios centuriados, los comicios por tribus o comicios tribados; donde no pesaba el voto censitario ni la necesidad de autorización ni de rituales religiosos para reunirse.

Esas modificaciones institucionales se vieron reforzadas progresivamente. Primero, se crearon otros magistrados llamados ediles, especie de asistentes de los tribunos. Luego, se otorgó a los tribunos un derecho de veto respecto de las decisiones del gobierno; y finalmente se les permitió proceder a la convocatoria de los comicios tribales toda vez que lo creyeran conveniente.

Las guerras itálicas; la destrucción de Veyes y la invasión de los galos.

Las “leyes licinias”
En el siglo y medio en que fue gobernada por los reges y sobre todo cuando los etruscos debieron aflojar su hegemonía sobre las ciudades del Lacio para atender a su defensa contra las invasiones de los galos en la llanura del Pó, Roma había logrado sustituir aquella hegemonía con la suya propia, y dar forma a la Confederación Latina.

Pero durante el siglo V a.C., las ciudades latinas debieron enfrentar la amenaza de los etruscos del norte que, conjurada la amenaza gala tentaban recuperar su antiguo poder y también de las tribus itálicas que desde los montes Apeninos incursionaban frecuentemente en los valles del Lacio.

Los sabinos ocupaban las estribaciones de los Apeninos hacia el nor-este; seguidos hacia el sur por los Ecuos; en tanto que los Volscos se desplegaban hacia el sur, en la zona de la Campania. Todos ellos eran poblaciones pastoriles, de ambicionaban ocupar las fértiles tierras del Lacio; y que repetidamente invadían los territorios latinos, obligando a Roma a mantener permanentes guerras defensivas; especialmente con los volscos.

Las guerras con los volscos requirieron que el patriciado romano debiera efectuar sucesivas concesiones políticas a la plebe; sobre todo cuando al volver del combate los ejércitos integrados por los plebeyos, amenazaron con sublevarse. El caso más importante fue la sublevación del monte Sacro, en el 493 a.C., en que los soldados se rehusaron a retornar a sus casas y amenazaron con fundar una nueva ciudad en ese lugar; lo que culminó con la concesión del derecho de designar dos Tribunos de la plebe, que, aunque no conformaron una magistratura integrada al sistema del Estado, se convirtieron en adelante en propulsores de los intereses plebeyos.

Entre los episodios de las permanentes guerras de romanos y volscos, se destaca la traición de Coriolano; un gran militar patricio que, malquistado con la plebe, fue desterrado a instancias de los tribunos. Coriolano se pasó entonces al bando de los volscos, bajo cuyo mando llegaron a poner sitio a Roma; pero cuando su madre le reprochó su traición a la patria romana, ordenó levantar el sitio a sus soldados, aunque por eso luego fue condenado a muerte por los mismos volscos.

Aunque asediados por los galos, los etruscos tambien hostigaban a Roma desde el norte; especialmente desde la ciudad de Veyes. Hacia el año 410 a.C., el Senado romano determinó ir a la guerra contra la vecina ciudad de Veyes, que por otra parte contaba en sus alrededores con fértiles territorios.

Las guerras de conquista emprendidas por Roma, resultaban lucrativas, para los soldados que obtenían los beneficios de los saqueos, para el Estado que obtenía el tributo de los sometidos, los esclavos provenientes de las poblaciones vencidas, y las tierras “públicas” conquistadas, que generalmente terminaban en manos de la aristocracia. En el caso de la guerra contra Veyes, la necesidad de obtener soldados reclutados entre la plebe, para emprender dicho proyecto bélico, llevó al Senado a disponer que los que tomaran las armas, serían retribuídos. Pero como la guerra resultó excesivamente larga y por tanto costosa, el Senado acudió a la institución de la dictadura a la cual se acudía en casos de grave peligro, con el objetivo de salvar al Estado y a sus instituciones y designó a Marco Furio Camilo como dictator.

De tal modo, la guerra contra Veyes culminó finalmente con su total derrota y arrasamiento, anexando su territorio al romano (en vez de someterla a tributo, como era frecuente en esas épocas). El fructífero triunfo resultó contraproducente, porque surgieron en Roma graves disidencias en cuanto a su aprovechamiento.

Patricios y plebeyos adinerados pretendieron arrendar esas tierras al Estado romano, para ser cultivadas por los vencidos convertidos en esclavos; pero el descontento que ello produjo en el resto de la plebe determinó que finalmente se otorgaran pequeñas parcelas a algunos de sus integrantes, lo que no bastó para zanjar las disputas entre los distintos grupos de plebeyos.

Entretanto, jaqueada por las amenazas de etruscos e itálicos, hacia el año 450 a.C., Roma debió renunciar a su hegemonía sobre las ciudades próximas, reconocerles autonomía, y aceptar con ellas la formación de una Confederación en pie de igualdad. De todos modos, aunque el Estado romano no se extendía fuera de las murallas construídas por Servio Tulio, las ciudades conformaron una alianza en la que Roma aparecía como cabecera.





1 comentario:

  1. excelente informacion... me sirvio muchisimo... pues es cosa q cuesta encontrar...

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